Quizá, lo menos conocido de Ana de Pombo sea su faceta de bailarina, en la que destaca notablemente, con el nombre artístico de 'Ana de España'.
Los inicios de Ana en el mundo de la danza se remontan a su infancia. En su biografía, ella comenta que recibe educación musical en Barcelona con el propio Enrique Granados en casa de Dolores (Lolo), Carmen y Mercedes, las hermanas del pintor José María Sert Badía (1874 - 1945)... pero su formación en el arte de la danza es más bien autodidacta.
Es el propio Enrique Granados el que la descubre definitivamente para el baile; un buen día despeja la estancia donde dan clase y la pone a bailar la “Maja y el Ruiseñor”. -Tú, Anita, baila esto. Eres más bailarina que pianista-. El baile es una de las muchas facetas en las que va a destacar en el futuro.
Con las ganancias obtenidas en Paquin, se decide en 1939 a crear su propio cuerpo de baile.
Ana baila, luce trajes regionales y toca las castañuelas, con una gran variedad de repertorio, interpretando piezas de Schubert, Turina, Falla, Granados…
En París, hace actuaciones privadas, “soirées” en su casa en la Rue Saint-Simon donde invita a público selecto del medio artístico.
La soprano francesa Ninon Vallin (1886 - 1961), clienta de la Casa Paquín, la anima a subir al escenario profesional y abandonar la penumbra de los salones de su casa… y, lo hace, por primera vez en un concierto que Ninon Vallin da en la Salle Rameau de Lyon (capital de la industria textil francesa) el 30 de diciembre de 1938. En el espectáculo, a las piezas de Brahms o Grieg que canta Ninon, se le unen algunas obras de Albéniz o Granados que interpreta Ana.
Ana propone a algunos empresarios textiles la realización de un tejido de alta costura que le permita bailar con comodidad. Y la Empresa “Coudurier, Fructus & Descher” presenta un nuevo género, un terciopelo fino y elástico que permite envolver el cuerpo y cuyo uso reservan exclusivamente a la casa Paquin. El nombre elegido por Ana, fue “Ciamono”.
Junto a Ninon Vallin vuelve a actuar en una gala ofrecida en la fiesta anual del 76º Batallón de Cazadores Alpinos que tiene lugar en el Casino de Niza el 8 de marzo de 1939.
En junio de 1939 Ana se hace retratar por Boris Lipnitzki (1887 - 1971) para las fotos que va a mandar a la prensa, e incluir en los programas de sus danzas a partir de ese momento.
El 9 de junio de 1939, Ana se presenta, junto con Ninon Vallin nuevamente, en una de las salas de conciertos más importantes de la capital: la Salle Pleyel (252 rue du Faubourg Saint Honore).
Con sus coreografías de baile español se erige como una de las más afamadas bailarinas de París, cuando ésta es la Capital Cultural del Mundo.
La crítica de “Paris Soir” después de una actuación no puede ser más expresiva: “Con un zapateado y giro de caderas, Ana de Pombo nos arrastra con su gracia turbulenta al descubrimiento de una tierra instintiva, apasionada, anárquica y creyente. Con ella penetramos en ese mundo de ensueño que ha inspirado a los poetas, pintores y músicos de la Península y en el que los gozos del corazón se transforman en exaltación del espíritu”.
Ese mismo verano, cuando Ana parte a Argentina para realizar una gira por algunos teatros, sus trajes son nuevamente lo más destacado. Su presentación es en el Teatro Presidente Alvear (Avenida Corrientes, 1659 - Buenos Aires). A su vuelta de la gira americana, estando en Montevideo para embargar de vuelta a París, y según sus propias memorias, era tanta la gente agolpada a la salida del barco, que se le echaron encima: «Pudieron hacerse conmigo y con mi traje, lo trocearon y se repartieron los trozos como reliquias».
En abril de 1940 se da a conocer en Madrid con un espectáculo en el Teatro María Guerrero a beneficio de los huérfanos de la guerra de la Casa de las Mercedes.
“Para Ana, bailar era como rezar, era un exorcismo, una manera de sacar todo el dolor que llevaba dentro” (Lola Gavarrón).
En su libro “La danza española: su aprendizaje y conservación”, la profesora de danza y coreógrafa Rocío Espada Sánchez (Murcia, 1971) atribuye el nacimiento del concierto de castañuelas hacia 1940 a tres mujeres que comenzaron a improvisar pequeños conciertos acompañadas de un piano: Ana de Pombo, Laura de Santelmo (Laura Navarro Álvarez, 1897 - 1977) y Manuela del Río (Manuela Juana del Río Martínez Arcos, 1909 - 1979). Ana actúa en los escenarios con Ninon Vallin, por causas benéficas (para los niños, víctimas de la Guerra).
“A mi colección de trajes la llamó Ramón (Gómez de la Serna) nada menos que "libro de horas", con lo que la frase tiene de recuerdos retrospectivos del libro de horas de Isabel la Católica o de cualquier libro de horas que oculta y luce sus miniaturas en los oratorios señoriales o en los facistoles de los templos” (Ana, Memorias).
Los catálogos que se conservan de estas actuaciones son verdaderos documentos de la Historia de la Música y la Danza Española. Ella baila e interpreta con sus castañuelas la música de Albéniz, Falla, Granados y Turina, con pianistas de la talla de Manuel Infante Buera (1883 - 1958), Mercedes Miracle o Rafael Arroyo.
En 1942, en su regreso momentáneo a España, intenta crear un ballet de aires españoles, el Ballet de Ana de España. Éxito de crítica y fracaso de público, únicamente realiza dos funciones a finales de ese año, en el Teatro Español y en el María Guerrero. Para la ocasión se hacen más de 150 trajes, con diseño suyo y escenografía de su todavía marido Fernando Capurro. Recuerda Luis Escobar Kirkpatrick (1908 - 1991), entonces director del María Guerrero, en una entrevista a Lola Gavarrón en 1990: «Se gastó una fortuna colosal, y yo de paso, su empresario. Venía muy poca gente porque cualquier entrada era un lujo para aquellos bolsillos. […] Porque la vida cultural madrileña era un páramo en esos momentos».
Participa en las Fiestas del Corpus de Granada en 1943, donde sale al escenario vestida de gitana, con un llamativo traje negro, salpicado de grandes rosas blancas, pintado por Ignacio Zuloaga (1870 - 1945): “En Granada morí yo para la danza, pero adrede: yo quise resucitar para la danza eterna precisamente en Granada […] A mi vuelta a Madrid cogí todos mis trajes supervivientes al fracaso y a la calumnia, mis sesenta trajes más pesados por su gloria que por sus oros bordados, más valiosos que aquel millón de dólares que eran su seguro, y me fui a Toledo. Entré humildemente en la ciudad imperial, como una peregrina del mundo de la costura y del baile, y busqué un convento. Si hubiera podido, a mis trajes los hubiera hecho monjas de oración. […] (mis trajes) nunca fueron pecadores, rezaron siempre que bailaron y con ellos yo subí siempre hasta el encuentro de lo espiritual y de Dios”.
En Granada, ante 3.500 espectadores, se retira de la escena pública y cambia los tejidos coloridos y bordados de sus trajes de baile… por el baile descalzo, con pelo al viento, algunas veces velada… ha dejado de ser Ana de España, para abrazar la prenda mínima del punto, que ofrece recato y modestia, influida por un estilo, que más puede recordar al de Isadora Duncan (1877 - 1927) que al de su reverenciada Antonia Mercé, “La Argentinita” (1890 - 1936)..
Con la continuidad de la Segunda Guerra mundial y ante la imposibilidad de llevar el ballet al extranjero las posibilidades de sostenerlo se complican. Así lo explica la duquesa de Alba: “Ana se arruina. Ha dejado detrás de sí, no obstante, las bases de unas grandes creaciones: el Ballet Español y los Festivales de Granada”.
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