Ana y Cayo se divorcian en 1924, mientras viven en París debido, entre otros motivos, a la enfermedad mental de él, que sufre de un trastorno neurótico.
Tras su divorcio y con el apoyo y la generosidad de un grupo de amigos, como el infante don Carlos de Borbón (1870 - 1949) y su esposa, Luisa de Orleans (1882 - 1958), Ana se instala en París y, pone en marcha, a partir del año 1929, su primer negocio de costura, la “Maison Elviana” (en el número 12 de la Rue Tronchet, junto a la iglesia de la Madeleine de París).
El nombre es un acrónimo proveniente de Elvira, como se llama su hermana mayor, y de su propio nombre. Elvira estuvo casada con James Chappuis, director de la casa automovilística Citroën, y ayudó a Ana cuando esta lo necesitó.
La “Maison Elviana” se crea como una Sociedad Anónima con un capital inicial de 250.000 francos, repartidos en 250 acciones de 1.000 francos. A pesar de la separación, es su ex marido Cayo Pombo Ibarra quien consta como Administrador de la Sociedad, junto con Elisabeth Miral, su hermana Elvira y la vizcondesa de Ginestet.
La reina Victoria Eugenia va con regularidad a la tienda de Ana, cada vez que visita París. La primera vez que fue, le dijo a Ana: “Esta noche tenemos una gran cena en la Embajada y voy a hablar de la Casa Elviana”. La fama de Ana de Pombo no hizo sino ir en aumento.
En su propia casa de costura, Ana ejerce tanto de diseñadora como de relaciones públicas. Para triunfar en este difícil y competitivo mundo, contrata a madame Claire, quien dirige a 20 operarias. El mismo año de la creación de “Maison Elviana”, una modelo suya aparece en la revista “Les Modes” luciendo el vestido de novia que Ana le hace a Elizabeth Miral para su boda con el barón de Dampierre en el mes de septiembre.
Gracias a su distinguida clientela y a la influencia que tiene en las reuniones sociales, Ana va consiguiendo, poco a poco, una posición destacada en la alta costura de París. “vivió toda su vida pendiente de la financiación, porque era muy capaz de vender un sombrero de paja con un lazo, pero no tenía la más mínima idea de administrar el dinero”.
No tarda en llegarle la fama y convertirse en una referencia de la moda de su tiempo, lo que lleva a que reciba una oferta irrechazable por parte de una de las mujeres más influyentes del mundo de la costura, Gabrielle “Coco” Chanel (1883 - 1971).
El conde de Koutosoff, director de publicidad de la Casa Chanel, ficha a Ana como relaciones públicas de la marca. Sólo le impone una condición (tiene que cerrar su firma) y dos prohibiciones (ver a Chanel y quitarse el sombrero).
Ana cierra la “Maison Elviana” el 20 de julio de 1931 y a principios del año siguiente se realiza una venta de liquidación de todo el material de costura empleado durante los meses en activo.
En Casa Chanel, su rol va a consistir en moverse por la alta sociedad en nombre de la marca, tratando de captar a las personalidades más señaladas de París.
A los tres meses, Ana ha multiplicado las ventas y la dirección la invita a una presentación de los últimos diseños en Londres. Sube a un tren en el que también viaja Chanel. A mitad del trayecto, Coco pide verla. Chanel se ha enterado de los números, habla con ella y conectan. La nombra secretaria personal y ya en el Ritz de Londres se aposentan en habitaciones contiguas… pero al amanecer, un grito: ¡Chanel se quema! En pleno baño turco, un cortocircuito prende la cortina y Ana rescata a Chanel de entre las llamas… Para celebrarlo, Ana confiesa que esa noche, se emborracha por primera vez en la vida.
Ambas diseñadoras tienen una visión muy similar de la moda del futuro. Ha de ser sencilla y funcional, donde la mujer pueda encontrarse bella y a la vez cómoda para poder llevar una vida activa sin verse encarcelada en un corsé.
La confianza crece y dos años después, Coco manda a Ana a una misión de expansión: reabrir en Biarritz (centro del turismo elitista europeo) y presentar algo nuevo, distinto, histórico. Escribe Ana que “llegó una gran caja. Era Chanel, que nos enviaba dos trajes de noche, uno rojo y azul turquesa el otro. Sin mangas, poco escote por delante, muy escotados por detrás, lisos, con el único adorno de una enorme guirnalda de flores hechas de terciopelo”. En la caja, una nota de Coco: ‘Mañana, en la gran gala del Casino, presentáos, Ana, con el traje rojo, y Mira, con el traje azul. Los aplausos fueron tantos como el entusiasmo, y el entusiasmo tanto, que nos arrancaron los collares de flores”. Nota: Era el “Open Back Gown Dress” de Chanel, el vestido más emblemático del siglo XX.
Allí obtiene el reconocimiento de dos clientes muy fieles: el duque de Windsor y el duque de Kent, primos del gran duque Dimitri Pavlovich (1891 - 1942), que ejerce como relaciones públicas de Chanel en Biarritz.
Es en esa época cuando Ana aparece en la revista “Vogue París", en su número de diciembre de 1933, retratada por George Hoyningen-Huene (1900 - 1968) y cuando posa para la firma “L´Officiel de la Couture et le Mode”.
Con el tiempo surgen discrepancias por diferencias de criterio con el amante de Chanel, el diseñador e ilustrador Paul Iribe (inventor y diseñador del mueble moderno). “Y al cabo de cuatro años, por las intromisiones de Paul Iribe en nuestra amistad, decidí dejar Chanel”.
Se marcha con 52 empleadas y con el príncipe Dimitri. Coco Chanel la demanda, pierde el juicio y la indemniza… lo que no impide que Ana y Gabrielle sigan siendo buenas amigas. Como recuerdo de su paso por la Casa Chanel, Ana conserva dos preciosas cruces diseñadas por el duque Fulco di Verdura (Fulco Santostefano della Cerda, 1898 - 1978), aristócrata y joyero.
A continuación, todos ellos ingresan en la prestigiosa Casa Lucien Lélong (entre 1934 y 1935), de donde Ana marcha a los pocos meses… para entrar en la “Maison” que le va a brindar la mayor gloria en la costura que ha tenido jamás: la legendaria“Maison Paquin”, firma de gran reputación con sede en París, Londres y Buenos Aires.
La “Maison Paquin” es una de las casas más legendarias de la alta costura francesa. Fundada en 1890 por Jeanne Marie Charlotte Beckers de Paquin (1869 - 1936) y su marido Isidore René Jacob (1862 - 1907, apodado “Paquin”), en la mítica Rue de la Paix, ha sido durante las últimas décadas una de las más exitosas y destacadas de todo el panorama parisino. Cuando Ana entra a trabajar como modelista en la casa en 1935, esta tiene 1.800 obreras repartidas en 32 talleres, 17 maniquíes de cabina y 25 contables. Se considera a Jeanne Paquin la pionera femenina en el ámbito del diseño y una de las mujeres que más influyó en el desarrollo de la moda.
Así describe el escritor Bertrand Meyer Stabley (1955) la llegada de Ana a Paquin: “1936 es el año de la llegada a la casa Paquin de una extravagante sudamericana, la costurera Ana de Pombo, que hasta entonces se había ocupado de las relaciones públicas de Chanel… hace triunfar una vena hispánica, inspirada en las costumbres regionales y en los retratos de Velázquez o de Goya”.
El peso de la dirección creativa está a cargo de Madeleine Wallis desde la década de 1920. La relación entre Ana y madame Wallis no es buena desde un primer momento; choca no solo en su carácter, sino también en la personalidad estética que cada una desarrolla para las Colecciones.
Pero, durante la preparación de la Colección para la Temporada de primavera / verano de 1936, en la que Ana debe diseñar la mitad de los modelos, la confrontación se decanta por una de ellas: “Entre mis modelos había uno que me quitaba el sueño y me llenaba de alegría: traje de organdí blanco, con líneas horizontales en encaje negro de menor a mayor hacía abajo, cuello camisero, botonadura de encaje negro hasta abajo, acampanado de época y mangas largas, un poco línea emperatriz Eugenia. (…) Madeleine, por su cuenta y aire, metió la tijera en mi traje, lo acortó hasta casi la rodilla, lo dejó hecho un traje de colegiala. Subí a Mr. Debré (director de la casa) - Me voy de esta casa ahora mismo. - De ninguna manera –me dijo–, es la única que puede rejuvenecer la Casa. Rehaga el traje”.
El éxito fue tal, que toda la prensa especializada habló de aquel modelo. Se crearon 5.000 reproducciones, todas iguales y para el mundo entero. El gran éxito de este modelo hace que se le otorgue a Ana la dirección de Paquin, no solo de la principal de París, sino también de las sedes de Londres y Buenos Aires.
En la casa Paquin Ana hace sus diseños más españoles con multitud de detalles característicos de su tierra -volantes, encajes, mantillas, peinetas…- que entusiasmaron al mundo internacional de la moda. Sus diseños los acompaña con ideas atrevidas y originales, a través de cortes irregulares, que gustaron y sedujeron a la sociedad parisina y a multitud de personalidades -duquesa de Windsor, Marlene Dietrich, duquesa de Kent…- que se convirtieron en admiradoras del gran talento de Ana.
Su triunfo mundial como diseñadora es apoteósico; nadie ha llegado tan alto en tan poco tiempo en el mundo del diseño, y menos una mujer, pero aún habría de sorprender y enamorar al mundo con otra de sus facetas artísticas, aquella que empezara a practicar durante su niñez en La Cavada, el baile.
Un aire español de boleros, volantes y amplias faldas de vuelo, invadió la venerable casa de Alta Costura que en la década de 1930. Ana inventó incluso el “ciamono”, un tejido elástico precursor de la Lycra, elaborado por tejedores de Lyon, y que permitía moldear el cuerpo sin vulgaridad y darle una gran elasticidad de movimientos.
En 1940, con la llegada de los alemanes a París durante la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte de las Casas de Alta Costura ven reducido su volumen de negocio, al entrar las políticas de racionamiento textil, de importación de tejidos y exportación de modelos. Muchas de ellas se ven obligadas a echar el cierre. No es el caso de Paquin. Sin embargo Ana de Pombo sale de Paquin en 1941, dejándola en manos de su compatriota, el madrileño Antonio Cánovas del Castillo de Rey (1908 - 1984).
En 1942 abre su propia Casa de costura con su nombre, Ana de Pombo, en París, en el número 23 de la Rue Quentin Bauchart y otra sede en Madrid en el número 12 de la calle Hermosilla.
Durante este tiempo, continúa realizando su labor de costura, celebrada en ocasiones en el género de punto que ofrece y en los exquisitos trajes de chaqueta, que son fotografiados en multitud de ocasiones en revistas como “L’Officiel”. Sin embargo, el éxito comercial no debe de acompañarla en esta nueva época y se ve obligada a cerrar sus casas en 1944, acusada de deudas por impago y con subasta pública de los bienes.
Son interesantes las acusaciones contra Ana después del cierre de su Casa. Al parecer, los salones de la sede de Hermosilla sirvieron como oficina donde albergar un transmisor para pasar información a los nazis, por lo que años después, a su regreso a París, Ana ingresó en la prisión de la Concièrgerie, durante unos días.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Ana regresa a Francia para comprobar con desolación que sus casas de París y Normandía han sido destruidas. A su casa de Normandía la había bautizado como “La Casuca”.
Nota: El 17 de septiembre de 1946, el Tribunal Militar de París, ordena el arresto de Annette Sardoux (“Femme Capuro - dite Pombo”) acusada de atentar contra la Seguridad del Estado.
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Ana de Pombo, vestida de Chanel. (George Hoyningen-Huene)