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“CASA DE LOS TIROS” (1971) de don Antonio Gallego Morell (1923 - 2009), académico, crítico literario, catedrático de Literatura y rector de las universidades de Málaga y de Granada. Existen dos tipos de museos: el museo - colección, que es el que nace en el Renacimiento, y el museo - ambiente, que es un poco producto del siglo XIX. En Italia, el exponente del primero la Galería Uffizi de Florencia y, en España, simboliza al segundo la Casa de los Tiros de Granada. Elegimos esos dos ejemplos porque Florencia y Granada encarnan en la geografía universal y en la historia del mundo un mismo tipo de ciudad: la polis, ideal en situación, en dimensión, en significación y en talantes urbanos. Por algo la denominación romana de la ibérica Iberia fue la de Florentia o ciudad fructífera y florida. Y, así como acontece con Florencia, por el mundo circula junto a la Granada real y viva una Granada literaria y legendaria. Esas múltiples Granadas son las que asoman al Museo de la Casa de los Tiros que aspira a dar vida a la Granada recién cristianizada, a la del Emperador, a la de los poetas Soto de Rojas y Porcel, a la de Mariana Pineda, a la de Ganivet, Lorca y Falla. Museo vivo, en constante desarrollo y cambio, en el que tanto cuenta la sugerencia que despierta en el visitante como la enseñanza que dicta desde la distribución de sus piezas. Siempre recordaré que, visitando el Museo de San Martino, en Nápoles, mi imaginación voló hacia el Museo de Granada. Y otra vez el paralelo italiano: al igual que en Nápoles se ordenan pequeñas cosas -incluso los soldaditos de plomo- en el museo inmediato de la Cartuja de San Martín y las grandes obras de arte en Capodimonte, en Granada, Cano y su escuela están presentes en el Museo del Palacio de Carlos V y los barristas de los siglos XIX y XX en el Museo de la Casa de los Tiros. Nota: Emperador (Carlos I de España, Gante, 1500 - Cuacos de Yuste, 1558), Soto de Rojas (Pedro Soto de Rojas, Granada, 1584 - Granada, 1658, poeta del Culteranismo), Porcel (José Antonio Porcel y Salablanca, Granada, 1715 - Granada, 1794), Mariana Pineda (Mariana Pineda Muñoz, Granada, 1804 - Granada, 1831, heroína liberal), Ganivet (Ángel Ganivet García, Granada, 1865 - Riga, 1898, escritor y diplomático), Lorca (Federico García Lorca, Fuente Vaqueros, 1898 - Granada, 1936, escritor y artista), Falla (Manuel de Falla Matheu, Cádiz, 1876 - Alta Gracia, Argentina, 1946, compositor), Cano (Alonso Cano Almansa, Granada, 1601 - Granada, 1667, pintor, escultor y arquitecto). LA CASA La Casa de los Tiros es un palacio, o casa grande, enclavada en la calle Pavaneras, una calle más de las que existen en Granada manteniendo sus viejas denominaciones de oficios y artesanías (“pavaneras” eran las que se dedicaban a elaborar golillas y “pavanas”, esclavinas que usaban las mujeres para cubrirse el pecho y los hombros), desde los años del Renacimiento. La edificación es colindante a la de otra casa con historia, aquella en que nació el Padre Suárez, el Doctor Eximio, situadas ambas en la entrada del barrio del Realejo, la zona urbana de Granada que Ganivet señalaba como la preferida de las parejas de enamorados que saltaban por encima de las leyes civiles y canónicas. Notas:
En línea con la calle Pavaneras, componiendo plaza con el monumento al actor Isidoro Máiquez, se alza, con estampa más de fortaleza que de edificio civil, la fachada de la Casa de los Tiros, a la que dan nombre los mosquetones que asoman por entre las almenas, es decir, los “tiros” o piezas de artillería que tiraban la pelota y que comenzaron a usar en el cerco de Algeciras por Alonso XI hacia 1343, según noticia no recogida de fuentes históricas sino del Tesoro de la Lengua Castellana, de Sebastián de Covarrubias y, por extensión, de las piezas de artillería también se extendió el nombre a las escopetas reforzadas o mosquetones montados sobre horquillas, tales como son los que avisan, desde la torre de la Casa de los Tiros, que Granada fue siempre tierra de frontera. Nota: Isidoro Máiquez (Isidoro Máiquez Rabay, Cartagena, 1768 - Granada, 1820, actor de teatro y dramaturgo). Alonso XI (Alfonso XI de Castilla, llamado «el Justiciero», Salamanca, 1311 - Gibraltar, 1350, bisnieto de Alfonso X «el Sabio»). Sebastián de Covarrubias (Sebastián de Covarrubias y Orozco, Toledo, 1539 - Cuenca, 1613, lexicógrafo, criptógrafo, capellán del rey Felipe II, canónigo de la catedral de Cuenca y escritor, autor de “El Tesoro de la lengua castellana o española”, 1611). En su fachada de cantería se abre una amplia puerta adintelada y, simétricamente distribuidas en el paño de fachada, figuras que representan a Hércules, Teseo, Sansón y Héctor en traje de romano, y a Mercurio presentado en traje de heraldo. Sobre la puerta aparece labrada una espada verticalmente apuntando a un corazón y al lado de éste las palabras El, a la izquierda, y MANDA, a la derecha. Es el lema El corazón manda divisa de sus primeros propietarios los caballeros Granada Venegas. Cuando la “juventud creadora” granadina de mis años juveniles buscó un lema para sus empresas editoriales lo arrancamos de ésta fachada como los jóvenes granadinos de 1929 fueron al Poema del Cid por un “gallo” para la revista de sus afanes literarios y sus versos. También en la misma fachada tres aldabones de bronce aparecen sujetos a la pared por corazones en función de clavos, leyéndose en los mismos: ¡El corazón manda! Gente de guerra, exercita las armas. El corazón se quiebra hecho aldaba llamándonos a la batalla y Aldabadas son las que da Dios y las siente el corazón. La Casa de los Tiros, pues, fue en su origen una fortaleza que se insertaría en cadena con las viejas murallas de la ciudad que por esa zona defenderían al Barrio de los Alfareros. En 1514, Gil Vázquez Rengifo, el propietario del Generalife, compraba la Casa de los Tiros y cuando una de sus hijas contrae matrimonio, la Casa de los Tiros es la dote del mismo; y, así, una vivienda de invierno en la ciudad -la Casa de los Tiros- y un Carmen para el verano hacia la colina roja -el Generalife- son propiedades de la familia de unos ilustres conversos granadinos, los Granada Venegas, que personifican la nueva burguesía local que encarna el espíritu de la Granada del siglo XVI, elegida por el Emperador para marco de su luna de miel con una bella princesa portuguesa. Notas: Los caballeros Granada Venegas son los descendientes de la familia real nazarí, que se convirtieron al cristianismo, pasando a ser nobles del Reino de Granada, incorporado a la Corona de Castilla. El Palacio del Generalife, casa de recreo y almunia de los reyes nazaríes, tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos en 1492 éstos confiaron su tenencia al Comendador Fray Juan de la Henastrosa, le sucedieron en el cargo distintos personajes hasta llegar a D. Gil Vázquez Rengifo. María, su hija mayor al casarse, en 1539, con D. Pedro Granada Venegas (nieto de Cidy Yahya, nobre musulmán del linaje de Yusuf IV y alcaide de Baza) llevó como dote la tenencia del Palacio. Los marqueses de Campotéjar, descendientes de D. Pedro y enlazados con las casas italianas Durazzo - Palavicini, conservaron el cargo hasta tiempos modernos. Para leer el artículo de Gabriel Pozo Felguera, “Los marqueses medievales que chulearon a Granada con la usurpación del Generalife, Campotéjar y Jayena”, pulsar aquí>>>. Acaso Boscán y Navagero, cuando hablaban de Italia, entrasen en la Casa de los Tiros de entonces, vivienda y salón, granero y corral, que es la misma que heredarían, al cabo del tiempo, los Marqueses de Campotéjar y la misma que, en 1921, pasa a poder del Estado español en cumplimiento de la transacción del llamado “pleito del Generalife”. Esa era la Casa de los Tiros, a la que, en los días de la Dictadura, lleva los albañiles, para convertirla en Museo, Antonio Gallego Burín, en esa fecha Comisario Regio de Turismo para Andalucía Oriental. Notas: Boscán (Juan Boscán Almogáver o Almogávar, Barcelona, 1487 - Barcelona, 1542, poeta y traductor), Navagero (Andrea Navagero, Navajero o Navagiero, Venecia, 1483 - Blois, Francia, 1529, humanista, escritor y político), Antonio Gallego Burín (Granada, 1895 - Madrid, 1961, historiador del arte, periodista y político). EL “ESTILO” GRANADINO El día 1 de noviembre de 1929 se inauguran las Salas de la Casa de los Tiros con una Exposición Regional de Arte Moderno; entonces, la restauración del edificio está virtualmente terminada y a partir de esas iniciales actividades, irrumpe en la ciudad y condiciona la mayor parte de sus iniciativas artístico - culturales, lo que podríamos denominar el “estilo de la Casa de los Tiros”. Notas:
La Casa de los Tiros es una realización ligada íntimamente a una de las figuras más acusadas y más discutidas de la Granada del siglo XX: Antonio Gallego Burín, cuyo retrato, en óleo de Amalio García del Moral, preside una de las Salas del Museo. Día a día, el entonces joven profesor de Historia del Arte reúne muebles, cuadros y grabados, piezas de cerámica y esculturas en barro, alfombras y tejidos alpujarreños, documentos y libros, viejas fotografías y retratos que crean más que un museo, al sentido tradicional, un ambiente acusadamente granadino que pronto salta a la ciudad en la que ya será posible ir descubriendo, aquí o allá, muestras de esas influencias del “estilo de la Casa de los Tiros”. Exposiciones de arte, conciertos y conferencias se suceden en el recién creado Museo, actividades todas que conviven con las propias, primero, de la Comisaría Regia de Turismo, o Patronato Nacional de Turismo, después. Paralelamente se va creando un Museo gráfico de la ciudad, una biblioteca de temas locales granadinos y una permanente exposición de muestras de turismo y de artesanías regionales. Un jardín romántico de altos cipreses y aguas que se quiebran muertas al brotar del surtidor, un patio de alta galería y balcones que rompen la monotonía de la lisa superficie de cal y un amplio portal de empedrado granadino y techo con tableros pintados con animales, fábulas y fieras constituyen el conjunto apropiado para dar sabor y enmarcar, en el paisaje de la ciudad de la Alhambra, el viejo caserón granadino. Los propietarios de los anticuarios locales, en aquellos años iniciales, visitaban las mañanas de domingo las salas del Museo en busca de documentación para sus negocios, como los libreros “de viejo” acudían a los tomos del Paláu a la hora de asignar precio a sus mercancías. Y al instalar aquel nuevo hotel, aquella dependencia de un centro cualquiera o la vivienda particular, también se visitaba la Casa de los Tiros para tomar las medidas de un sillón frailero, de la taca en caoba o de los herrajes de la mesa. Existe un “estilo Casa de los Tiros” como existió el neogótico o, en otro orden de cosas, el estilo del viejo Casino de París. Nota: Amalio García del Moral (Amalio García del Moral Garrido, Granada, 1922 - Sevilla, 1995, artista nacido en el granadino barrio del Realejo). El librero, bibliógrafo, historiador cultural y cervantista Antonio Paláu Dulcét (Montblanch, Tarragona, 1867 - Barcelona, 1954) es el autor de la obra “Manual del librero hispano - americano: inventario bibliográfico de la producción científica y literaria de España y de la América Latina desde la invención de la imprenta hasta nuestro días, con el valor comercial de todos los artículos descritos (1923 - 1945)”, en siete volúmenes. Cuesta trabajo tener conciencia de que la Casa de los Tiros alberga un Museo. Nos parece entrar en una posesión privada y que nos hacen subir al piso superior los moriscos al servicio de don Pedro I Granada Venegas, cuyo retrato preside la amplia escalera, o que son los criados de los Marqueses de Campotéjar los que nos dirán dónde va a recibirnos Eugenia de Montijo, o que el propio Gallego Burín es el que nos va a ofrecer una comida en el comedor de la Casa: allí comieron intelectuales, políticos y artistas cuando Eugenio D’Ors brindaba por el burgomaestre de Granada y por el de Bruselas a la par. Notas: Don Pedro I Granada Venegas (1559 - 1643, fundador de la Escuela Academia de Poesía de Granada), Eugenia de Montijo (Eugenia de Palafox Portocarrero y Kirkpatrick o María Eugenia de Guzmán y Portocarrero, 1826 - 1920). Para leer mi articulito “Eugenia de Montijo en la Granada del siglo XXI”, pulsar aquí>>>. Para leer mi articulito “José López Rubio y su “Eugenia de Montijo”, 1944”, pulsar aquí>>>. Eugenio D’Ors (Eugenio d'Ors Rovira, Barcelona, 1881 - Villanueva y Geltrú, 1954, escritor, ensayista, jurista, periodista, dibujante, filósofo y crítico de arte). En la Casa de los Tiros pronunció una conferencia la Princesa Bibesco, colgaron sus obras Gustavo de Maeztu, Solana o Vázquez Díaz, montó sus teatrines Hermenegildo Lanz, y a la salida del Festival de Música y Danza mojaron “churros” en el chocolate Argenta, Segovia o Margot Fonteyn. Esta es la Casa de los Tiros de la “tertulia” literaria y artística de los años 20 y de los años 30. Abajo, junto al patio con cenadores y columnas de ricos capiteles árabes, se ofrecen al visitante una cocina alpujarreña, el interior de un alberge alpino de la Sierra Nevada histórica de los tiempos del Duque de San Pedro de Galatino y una habitación con recuerdos del pasado taurino de la tierra natal del autor del “Llanto por Ignacio Sánchez Megías”, acaso el mejor poema español del siglo XX. Son instalaciones ligadas a la Oficina de Información Turística que viene funcionando en aquel lugar desde los días, también históricos, del Marqués de la Vega - Inclán. Lo malo es que cuando los turistas piden información sobre Sierra Nevada y cruzan el patio para visitar la sala - exposición pueden creer que todavía se esquía en nuestras pistas con los mismos bastones de bambú que adornan sus paredes. Notas: Princesa Bibesco (Marthe Bibesco, Bucarest, 1886 - París, 1973, escritora rumana). Gustavo de Maeztu (Gustavo de Maeztu y Whitney, Vitoria, 1887 - Estella, 1947, pintor y escritor). Solana (José Romano Gutiérrez-Solana y Gutiérrez-Solana, Madrid, 1886 - 1945, pintor, grabador y escritor). Vázquez Díaz (Daniel Vázquez Díaz, Riotinto, Huelva, 1882 - Madrid, 1969, pintor). Argenta (Ataúlfo Argenta Maza, Castro Urdiales, Cantabria, 1913 - Madrid, 1958, pianista y director de orquesta). Segovia (Andrés Segovia Torres, Linares, Jaén, 1893 - Madrid, 1987, guitarrista clásico, I marqués de Salobreña). Margot Fonteyn (Margaret "Peggy" Hookham, Reigate, Surrey, Reino Unido, 1919 - Ciudad de Panamà, 1991, bailarina). Duque de San Pedro de Galatino (Julio Quesada - Cañaveral y Piédrola, Madrid, 1857 - 1936). Marqués de la Vega - Inclán (Benigno Mariano Pedro Casto de la Vega-Inclán y Flaquer, Valladolid, 1858 - Madrid, 1942, uno de los máximos artífices e impulsores del desarrollo del turismo en España). Pero, escaleras arriba, el Museo se va haciendo realidad, un museo en que por igual cobra valor el óleo del siglo XVII y el abanico de papel de los gitanos, el pergamino inmediato a la Reconquista y el papel de aleluyas de la guerra de África, el fragmento de un retablo y la fotografía original de la amante de Ganivet, el autógrafo con Yo, el Rey, o un tratado gitano de cómo atrapar marido. Para quienes tienen prisa no es aconsejable visitar el Museo: no hay salas de pasos perdidos ni es posible caminar en una sola dirección. En cualquier sala entra la tentación de sentarse y decirle a quien nos preguntase que estamos esperando a que termine Washington Irving con otra visita para llevárnoslo a tomar una copa a la casa del Polinario, en la Alhambra. Y lo de la Casa de los Tiros tiene un auténtico embrujo y “duende” es que cualquier día aparece de verdad el escritor norteamericano y es él el que nos invita a pasar unos días en Nueva York. Al menos a mí me ocurrió algo parecido un día: visitaba el Museo una elegante dama y adelantándose hacia mí me dijo: “Soy la marquesa del Generalife y estaba comentando que el bargueño gemelo al que tienen Vds. aquí lo tengo yo en mi casa de Génova”. Si me descuido me hace subir a la torre en busca de unas granadas y de unos peros, que tenían colgados en el granero los últimos propietarios de la Casa y descubre, entonces, que no todo ha podido conservarse después de la restauración del edificio. “Soy la marquesa del Generalife”... y “yo el duque de Gandía” nos grita en la escalera, detrás de San Francisco de Borja, un espléndido lienzo de Pedro Atanasio Bocanegra. Estamos ya en el Museo, en el Museo de Granada. Notas: Washington Irving (Manhattan, Nueva York, 1783 - Tarrytown, Westchester, Estado de Nueva York, 1859, escritor). Polinario (Antonio Barrios Tamayo, Granada, 1858 - 1939, Guitarrista, cantaor, coleccionista de arte, pintor aficionado y propietario de la taberna “El Polinario”). EL MUSEO Todo Museo tiene su Capilla Sixtina. En éste también hay que sentarse y mirar hacia el techo: es el artesonado de la Cuadra Dorada. Estamos ante uno de los mejores artesonados, y más interesantes, de nuestro siglo XVI. A lo largo de cada una de sus vigas aparecen labradas largas espadas en cuyas hojas, de un acero sobredorado, puede leerse El corazón manda y El corazón me fecit. Es el lema de la familia Granada Venegas, la divisa de los caballeros que bajaron a la guerra de Granada porque en los espacios existentes entre las vigas hay bustos de relieve de Reyes y de Héroes españoles y, entre ellos, el Garcilaso de la Vega que clavó el grito del Ave María de un moro que lo venció y mató, el mismo Garcilaso que entraba a caballo, por el patio de butacas de los teatros de Granada, cuando al llegar el 2 de enero de cada año, se representaba La toma de Granada. El techo debió labrarse antes de 1539, año en que muere la bella Emperatriz, convertida en gusanera, cuando se produce la crisis espiritual que transfigura al Duque de Gandía en nueva evocación de San Francisco: en la leyenda del artesonado se alude a la bella Emperatriz que pintó Tiziano, al parecer, como si se tratase de persona viva. Y allí está, también, la otra “Isabel”, Reina de España, entre muchas otras hazañas que hizo, allanó a España, echó a los judíos y moros y ganó a Granada. Notas: Garcilaso de la Vega (Toledo, 1491 - Niza, 1536, poeta y militar). Emperatriz (Isabel de Portugal, Lisboa, 1503 - Toledo, 1539, nieta de Isabel la Católica, esposa de Carlos I de España, emperatriz del Sacro Imperio Romano Germánico, reina de España y Alemania, y señora de los Países Bajos). Duque de Gandía (Francisco de Borja y Aragón, conocido como San Francisco de Borja, Gandía, 1510 - Roma, 1572, III General de la Compañía de Jesús, IV duque de Gandía, I marqués de Lombay, grande de España y virrey de Cataluña). Tiziano (Tiziano Vecellio di Gregorio, Pieve di Cadore, Belluno, Véneto, 1488 - Venecia, 1576, pintor, conocido por sus contemporáneos como “el sol entre las estrellas”). Bajorrelieves, zapatas, figuras con su pie literario, negros y dorados, limpias leyendas y medallones en piedra laterales con bustos en altorrelieve de Judith, Semíramis, Pantasilea y Lucrecia hacen de esta pieza un ejemplar sin par entre las techumbres de la Granada cristiana. Y así siempre la anécdota: al limpiar, en los últimos años estos medallones descubrimos que Judith y Pantasilea recubrían con una falsa túnica de cemento sus desnudos pechos en piedra; era la “censura” de la época, posiblemente una censura del siglo XVIII cuando también se “censuraba” a Calderón de la Barca. Precisamente los jóvenes que resucitaron en la Granada de 1927 los Autos Sacramentales ensayaron su obra de teatro en éste salón al que dan entrada las dos hojas de unas puertas contemporáneas del edificio, con rica decoración plateresca en su talla, en la que, junto a medallones con cabezas humanas, y escudos de los Rengifo, se repiten las divisas de la casa y una bandera con la Cruz de Jerusalén y la leyenda “Hierusalem, Hierusalem, convertere ad Dnm, Deum tuum”. También en las hojas de los postigos de los balcones encontramos tableros con tallas originales, carpintería viva de un siglo XVI en el que la Historia saltaba también a la mesa del trabajo del artesano. Sin presentarse en serie, repartidos por la Casa, se conserva una colección importantísima de retratos reales procedentes del Generalife. En buenas copias del siglo XVII dos retratos de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, sacados de viejos y perdidos originales, que pasan por ser de los más fidedignos de los Reyes. Así están Felipe y Margarita de Austria, Felipe IV e Isabel de Borbón, Felipe I y la reina doña María, la emperatriz Isabel y el rey Felipe II, don Juan de Austria, doña Ana de Austria, Felipe V e Isabel de Farnesio, retratos que componen una interesante iconografía centrada por el Emperador Carlos V, de Jerónimo de la Chica, y un Felipe IV, de la escuela de Van Dick. En otra sala, los grabados nos ofrecen el rostro del rey Boabdil, con mirada torcida, la cabeza juvenil del Aben - Humeya de la rebelión y estampas que documentan trajes y costumbres de los moriscos. Grabados de la Granada de los siglos XVI y XVII, de los pueblos inmediatos a la ciudad, de las intrigas entre moros y cristianos, mapas y planos antiguos, Planos modernos y guías del viajero, paseos por la ciudad, retratos de hijos ilustres y, componiendo el aire de colección particular que tiene el Museo, el jarrón de cerámica, el farol de latón, el bargueño, la silla de tijera, el banco copiado de modelos antiguos. Dos espléndidos bustos del escultor José de Mora, un Ecce Homo y una Dolorosa, procedentes del desaparecido convento del Ángel, de Granada, se conservan en este Museo junto a otras esculturas de los hermanos García, Alonso Mena y círculo de Pedro de Mena, así como un estimable lienzo, de escuela madrileña, que representa a San Juan de Dios, el amigo de los pobres que eligió una granada como símbolo de su desbordante caridad, figura entrañablemente ligada a la ciudad del Genil que también encuentra su versión popular en las creaciones de los barristas. Y, al fondo, el comedor de la Casa, más español que específicamente granadino, con una riquísima colección de cerámica antigua de Fajalauza y con la leyenda, grabada a fuego, en alguna pieza: “Soi de Anica Molinero”. Cortinas alpujarreñas, cerámicas con el dibujo azúl o verde y los motivos ornamentales que definan las piezas de Fajalauza, hierros forjados y cobres, alguna chocolatera, modelos de muebles muy siglo XVII. En éste comedor consoló su tristeza el infante don Jaime de Borbón, tras ser silbado por el público de la calle, cuando los desfiles procesionales de la Semana Santa de 1931. Arden los leños en la chimenea, cruje la madera traída del cercano Santafé y suenan las campanadas en el reloj de pared. No estamos en un Museo y esperamos que extiendan el mantel, un mantel de “lagartera”, porque en la Casa de los Tiros quedan huellas del espíritu del “Pueblo Español” que siempre alentó en muchas de las realizaciones del Patronato Nacional de Turismo. Falta la sala del XVIII, las alfombrilla de bambú y las “chinoserías”: nunca fueron frecuentes en las casas granadinas, parece como si por Granada no hubiesen pasado los misioneros que volvían de Asia. Los que sí vinieron a Granada fueron los pintores, grabadores, escritores y músicas románticos. Sin siglo XIX la Alhambra se hubiese hundido literariamente. Aquí está el estilo Isabelino y la propia imagen rechoncha, sensual y chata de la Reina. Y el perfil auténtico de la Marianita Pineda de la copla que Lorca llevó al teatro. Y la Condesa que nació en Granada a quien su madre educó desde niña para Emperatriz, una Emperatriz a quien Fustel de Coulanges tuvo que ofrecer unas lecciones de cultura francesa: también en la Casa de los Tiros están los textos de esas lecciones y las monedas acuñadas al nacimiento del Príncipe Imperial y el grabado de una andaluza bella, amazona en Sierra Morena, blanco de una mezquina literatura francesa que atacaba desde su extremo “chauvinismo” y las atrevidas estampas de esa campaña que tuvo fortuna en los arrabales de París. Y están los gitanos con su último rey Chorro-e-jumo, el perfil racial de la escultura en mármol de la Rafaela de Juan Cristóbal y la gracia de los barros de Marín. Y el Romancero girtano de Lorca, entre diccionarios de calé y pragmáticas que aluden a su condición social. Gitanos de la Bética que andan los ríos, esquilan el borrico y golpean el bronce o hacen cestas de mimbre: y todo esto en fotografías tostadas al sol, en evocación de un Sacromonte de leyenda, con bosques de verdes chumberas, mantoncillos ciñendo el pecho provocativo de la bailaora, patillas del guitarrista y bombín en la cabeza del que paga la juerga. José Carlos de luna visitó el Museo y decidió escribir sobre los Gitanos de la Bética. No existe en España otra colección semejante, procede en su mayor parte de una Exposición Gitana montada en los años 40 en el Corral del Carbón y se cuelgan en su sala una serie de fotografías de época, procedentes del fotógrafo Ayola, un clásico en la Granada de entonces que salvó en sus placas el gesto y la raza de unos gitanos sin adulterar. Y una sala para el autor de los Cuentos de la Alhambra, con el piano de “Lucas Martín, constructor de pianos, Plazuela de Matute, Madrid”, silencioso en esta estancia así como por otro rincón -”abandonada y cubierta del polvo”- está también el arpa de “Challiot, facteur de Harpe, Rue St. Honoré nº 338, París”. Y una rica colección de Washington Irving: desde las ediciones de bibliófilo a las infantiles, desde el trabajo erudito sobre el alegre solterón norteamericano hasta la butaca junto al fuego al que pudo sentarse y ojear los tomos de una rica biblioteca de libros de viajes reunida en esta sala, libros en los que siempre asoma la inevitable visita a la Alhambra. Paisajes ingleses y paisajes franceses del paisaje de Granada: Lewis, Girault de Prangey y Vivian. Retratos de granadinos y, en una urna, el nacimiento que adornaría cualquier locutorio de convento, los locutorios que frecuentaba, cuando bajaba desde los Mártires, el místico San Juan de la Cruz. Y otra habitación para el autor de Granada la bella con un retrato de Ganivet de Ruiz de Almodóvar y recuerdos del universitario y cónsul, del novelista, autor dramático y poeta, del amigo de Unamuno que encarna el 98 granadino: Manuscritos, fotografías, mascarilla en escayola del suicida de Riga, recuerdos de Amberes y de Helsingfors y junto al escritor granadino que mejor sembró afanes, las fotografías de Federico García Lorca y de Melchor Fernández Almagro. EL “DUENDE” ¿ Quiénes habitan la Casa de los Tiros ? No es posible lograr este aire de intimidad, este ambiente de interior vivido, a través de unos oficios que acaban diciendo “Dios guarde a V.I. muchos años”. Estamos convencidos, al visitar la Casa de los Tiros, de que terminaremos saludando a sus propietarios. Este Museo no es la colección tradicional. La Biblioteca está desperdigada por los muebles, los muebles están distribuidos con un criterio de mansión particular. Sólo las vitrinas sacuden el deambular abstraído del visitante: en ellas están las figurillas de barro que buscaban los turistas de hace unos cuarenta años con la máquina “Kodak” en bandolera. No hay en el Museo, olvidada sobre la mesa, una “Kodak” de entonces, tampoco escuchamos la música del gramófono de cuerda con su gran bocina verde y “la voz de su amo” en la etiqueta del disco. Pero podían también insertarse en el conjunto, con el mismo derecho que una pieza sacada de las excavaciones de la Alhambra. En la Casa de los Tiros están la historia, la literatura y el arte de Granada como motivos museables. O mejor: está la ciudad convertida en museo, aunque crucifique a veces sus panorámicas, tapie sus miradores y mate la luz sanguinolenta de sus atardeceres. Y en ese Museo de la Ciudad, el Museo de la Casa de los Tiros, se hace historia cotidiana, anécdota diaria. Así serían las mujeres granadinas del siglo XIX: como la que pinta en 1839 Joaquín de la Rosa acariciando un loro o como esta otra dama de 1852 retratada por Andrés Giuliani; así eran los talleres de los artesanos y los burros de los aguadores callejeros y las escenas de costumbres que acaso pintó Juan Rodríguez “el Panadero”; así vestía la sociedad de entonces y así cantaban la lluvia o las estrellas los serenos; así hacían suyos los patios de la Alhambra los monjes y gitanos, mendigos y guitarristas, visitantes extranjeros y eruditos; así eran Jorge Ronconi, Martínez de la Rosa, Pedro Antonio de Alarcón y sus amigos de la “Cuerda” y Fernández Durán, el Bécquer granadino. Y Álvarez de Castro, el granadino de la Gerona antinapoleónica y Narváez, “el espadón de Loja”, y Gómez Moreno el padre, arqueólogo y artista. Y así, como lo dibuja el grabado, se montó el patíbulo para ajusticiar a Mariana Pineda y así, como le pinta el grabado, el torero mató un toro en la plaza. Y era así el perfil del Padre Echevarría, el autor de la mejor guía para andar por Granada en el siglo XVIII. Y así era Granada, como la pinta Juan de Sabía, en dos lienzos, en 1636, con sus gentes paseando a las riberas de los ríos y así eran los ríos de Granada cuando se cruzaban por sus puentes, la Granada que levantaba catafalcos en la Catedral y cerraba en coso alguna de sus plazas, la que subía a la Abadía del Sacromonte el 1 de febrero o acudía a tocar la campana de la Vela el 2 de enero. Así vestían -como las pinta el grabado- las damas del siglo XVII, y así las mozuelas de la Vega o de la Plaza Larga; así vestián los aristócratas que cazaban con Alfonso XIII, en Láchar, o los labradores que acudían a tratar un mulo en la Feria. Y así era el altar del Corpus, elevado en la plaza de Bibarrambla, con versos en quintillas de las “carocas” de mil novecientos veinte y tantos. Todo está en ese museo: desde como se levantaba la falda al bailar “Pepita”, la del cortijo de la Bailarina, hasta como eran las mazmorras del Campo de los Mártires. No, Sánchez Cotán, es cierto, cuelga sus cuadros en el Museo del Palacio de Carlos V pero la Granada de Sánchez Cotán, como la de tantos otros, es también ésta: museable y viva, de la Casa de los Tiros. Hace tiempo vinieron a visitar el Museo el último cañero que llegaba a la casa con la chaqueta a medio vestir; el último lechero que bajaba por las cuestas del Albayzín, ordeñando sus cabras; el último novio que “pelaba la pava” en la ventana: y todos se iban quedando inmóviles en sus vitrinas. Mañana vendrá el último clavel de Motril, el último alero de una vieja casa, la última portada en piedra con escudo, el brocal del último pozo y se quedarán en un rincón como se clavaron en las tapias del jardín las cerámicas antiguas que consignaban el número de la manzana en las esquinas de las calles. La Casa de los Tiros es el Museo de las melancolías de Granada, el Museo de una Granada que no volverá nunca a repetirse. Muchos de sus muebles eran recordados, en la retina de los granadinos, cuando asomaban al escenario del estreno teatral, cuando decoraban las exposiciones del Corpus, cuando se derramaban en la ciudad de las Cruces de Mayo, cuando presidían unos Juegos Florales, cuando en las iglesias se encendían los barrocos y ricos monumentos del Jueves Santo. Toda esa historia es la que remueve el conjunto de cosas que se ordena en la Casa de los Tiros. Chimeneas, braseros de cobre con la paleta para echarles “una firma”, ceniceros, tinteros y pisapapeles de cerámicas azules y blancas, pájaros salidos de los telares del Albayzín, migas alpujarreñas en la sartén, caña de Salobreña, cabeza de toro de la alternativa de Frascuelo y el cartel avisando que los diestros llegarán en un tren que viene con retraso y que se trasladarán directamente a la plaza, carteles anunciando los primeros partidos de fútbol del “Recreativo” o las “peleas de gallos” o la Semana Santa de entonces o los conciertos de Carlos V o la exhibición de aviación en Armilla. Documentos de las casas moriscas del Albayzín o de los jardinillos del Salón con el barquillero o de la Puerta Real en la que Ganivet ojeaba El Defensor de Granada buscando su último artículo. Todas esas Granadas entrevistas, soñadas, conocidas por los granadinos viejos; y sorprendentes, ignoradas, rotas para los granadinos jóvenes son las que están vivas en el Museo de la Casa de los Tiros. Al igual que en el Museo de San Martino, de Nápoles, revivimos el Nápoles hispánico, el Nápoles borbónico, el Nápoles garibaldino; en este Museo de la Casa de los Tiros vivimos la encrucijada de Oriente y Occidente que condicionó el talante espiritual de España y allí está también, la Granada que construye la Alhambra, la de los Reyes Católicos y Carlos V, la de Siloe, la de las Sociedades Económicas de Amigos del País y la de Zorrilla, la de los jóvenes de la tertulia del Rinconcillo, la de Vientos del Sur o el Teatro Lope de Vega. La Casa de los Tiros más que un museo es el acta notarial de una cultura granadina en movimiento, y el inventario vivo de una Granada acuchillada por la historia que unas veces suspira por un ferrocarril, por la chimenea de una fábrica o por una exposición hispanoafricana. Pero que siempre canta y navega por unos ríos que no llevan agua y ¡cuesta tanto trabajo remar en el aire!. HEMEROTECA Y BIBLIOTECA En la Hemeroteca del Museo se conservan colecciones de periódicos y revistas de Granada y pueblos de su provincia, procedentes de las colecciones, que se incorporaron al Museo, de Miguel Garrido Atienza y de Francisco de Paula Valladar y Serrano a cuyo fondo inicial se incorporaron las colecciones de periódicos locales existentes en la Biblioteca General de la Universidad y Archivo Municipal de Granada, Curia Eclesiástica y Delegación Provincial de Información y Turismo. A estos importantes fondos se suman constantemente donaciones espontáneas de particulares cuyos nombres engrosan la lista de granadinos de honor que figurará en lugar destacado de la Hemeroteca. Desde los períodos granadinos de la Guerra de la Independencia a las revistas científicas de hoy, desde las revistas románticas a los boletines oficiales, las hojas parroquiales ó las efímeras revistas de poesía o de notas de sociedad tienen su lugar en las estanterías. En la Biblioteca se reúne una amplia bibliografía granadina en su más amplia acepción y en ella destacan las secciones especializadas en torno a libros de gitanos, libros de viajes, bibliografías en torno a García Lorca, Ganivet y Falla, colección sobre publicaciones acerca de la Emperatriz Eugenia y el Segundo Imperio, costumbristas granadinos, y amplia muestra de guías de la ciudad, itinerarios, mapas y planos. A esta biblioteca pasó una importante parte del archivo de Melchor Fernández Almagro, los manuscritos del escritor Martínez Durán, el archivo de Paula Valladar… En la calle madrileña de San Mateo, el Museo Romántico es encarnación de los mismos afanes que guiaron la creación del Museo de la Casa de los Tiros de Granada. Nuestro país ha visto crecer muchas realidades y marchitarse luego porque nacían muertas, malogradas con toda la fugacidad de los productos ocasionales y acomodaticios. Las creaciones del Marqués de Vega - Inclán han sorteado todos los temporales y mantienen hoy la viveza acrecentada de sus días iniciales. Cuando la Casa de los Tiros se inaugurara, en 1929, nace con la misma imagen que mantiene hoy y ha sido posible enriquecer sus fondos, acrecentar su ambiente, mejorar sus instalaciones, porque nunca se ha intentado poner demasiado al día sino mantener en su tiempo y esto es puro milagro en un país en el que mantener, cuidar, conservar es tarea mucho más difícil que fundar, inaugurar, transformar. La Casa de los Tiros se fundó en los días de la Reconquista de Granada, se restauró y montó en ella un Museo en 1929 y abre sus puertas para el visitante de los años 70 con el mismo aire con el que acogió a los visitantes cuando Ángel Barrios tocaba la guitarra en sus patios o Lorca daba lectura, en una de sus habitaciones, a sus obras de teatro. Emilio García Gómez recordó esta última jornada: todavía quedaban, en las escaleras de la torre, granos de trigo de los días de Cervantes y restos de guirnaldas de cuando se coronó a Zorrilla como último poeta nacional. Colofón El siguiente artículo - fascículo que publicaré en “PATRIMONIO GRANADINO”, es el escrito por el pintor y crítico de arte, Lorenzo Ruíz de Peralta y Anguita y titulado: “TOROS EN GRANADA - I”.
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