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“CASA - MUSEO MANUEL DE FALLA” (1971), de don José Luís Kastiyo (José Luís Castillo Rodríguez, 1935 - 2024), periodista granadino, además de profesor mercantil y fundador de Juventudes Musicales. SE EDITA ÉSTE FASCÍCULO EN OCASIÓN DEL XCV ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE MANUEL DE FALLA Y XXV ANIVERSARIO DE SU MUERTE (1876 - 1946) En una sencilla tarjeta postal Manuel de Falla* dice a mediados de abril de 1919, a Ángel Barrios*: “Sí que estará maravillosa esa Alhambra”. Notas:
Manuel de Falla, que aprendió a amar Granada desde París, junto a Isaac Albéniz* y al guitarrista granadino Barrios, suspiraba por nuestro paisaje. De vuelta de la capital francesa y aburrido por el ambiente musical madrileño, el autor de “El sombrero de tres picos” quiere instalarse en Granada. Ángel Barrios seguirá siendo su embajador y con él mantiene una profusa correspondencia en torno a la posibilidad de hacer efectiva la ilusión tanto tiempo querida. El 4 de agosto de ese mismo año Manuel de Falla está decidido y escribe a Barrios: “¿Pasa usted el verano en Granada?. Lo pregunto porque es muy posible que vaya con mi hermana, del 20 al 25, para pasar un mes y trabajar con alguna tranquilidad. Mucho le agradeceré que me informe sobre precios y condiciones de alojamiento modesto para los dos, en la Alhambra, por supuesto. ¿Qué hay del tifus?. Supongo, por lo que leo, que hasta ahora se trata sólo de una falsa alarma”. Nota: Isaac Albéniz = Isaac Manuel Francisco Albéniz y Pascual (Camprodón, Gerona, 29 de mayo de 1860 - Cambo-les-Bains, 18 de mayo de 1909), compositor y pianista. Pero el tan deseado viaje no se consuma como estaba previsto. El 4 de septiembre, vuelve Falla a escribir al guitarrista: “No sólo no he desistido de mi viaje a Granada, sino que probablemente saldré para esa, sólo o con mi hermana, el próximo miércoles. Le ruego me diga si estará ahí por entonces. Yo también le volveré a escribir diciéndole con exactitud el día de mi llegada”. Sigue otra carta que, es, por fin, la definitiva; está fechada en Madrid el 7 de septiembre de 1919. “Mi querido amigo: Decididamente, saldremos de Madrid (mi hermana y yo) en el correo del próximo miércoles, haciendo el viaje por Moreda y llegando a Granada, Dios mediante, el jueves, a las tres de la tarde”. Vienen con nosotros Vázquez Díaz* (pintor muy notable, cuyo nombre le será conocido) y su señora y un niño de ambos. Así es que le agradeceré a usted mucho haga el favor de retener en la pensión Alhambra, a más de nuestras dos habitaciones, una más, con dos camas, para estos amigos. No sabe usted cuánto me alegro de realizar, al fin, este tan proyectado viaje, y de que pasemos unos días reunidos en la maravillosa Granada… “. Nota: Vázquez Díaz = Daniel Vázquez Díaz (Aldea de Río Tinto, 15 de enero de 1882 - Madrid, 17 de marzo de 1969), pintor onubense. GRANADA CALA EN FALLA Efectivamente, debieron ser unos días maravillosos. El crítico musical inglés John Brande Trend cuenta su primer contacto con Manuel de Falla, una tarde de ese mismo septiembre, en “Villa Carmona”, en la colina de la Alhambra. Daniel Vázquez Díaz relataría con frecuencia el recuerdo de aquellas primeras fechas granadinas de Manuel de Falla con el que gozó los atardeceres desde la propia Alhambra, desde el Albaicín, desde el Mauror… Y Ángel Barrios, mantendría en la retina hasta la muerte, en toda su frescura, las vivencias de unos días prietos de sensaciones musicales, artísticas. Pero Manuel de Falla quiso venir para un mes y cumplió su programa, de momento. De regreso a Madrid el atractivo de Granada le hace tomar una decisión definitiva. Vuelve a escribirle a Barrios, una vez más, pero ahora con el ruego concreto de que el guitarrista busque una casa para los hermanos Falla. Es el 30 de junio de 1920. “Desearíamos una con pequeño jardín y buenas vistas. Sitios: Alhambra, Generalife, Carrera del Darro, Albaicín o Vistillas. Si buenamente encuentra algo, le ruego me lo diga. De todos modos, dentro de ocho o diez días saldré, Dios mediante, para Granada, y luego, cuando encuentre casa, vendrán mis hermanos con los muebles, pues mi objeto es vivir en ésa la parte del año que no tenga que estar en el extranjero… “. Está claro que Manuel de Falla se ha decidido por Granada. De una manera total. Barrios le encuentra casa y el músico se traslada al “carmen” de Santa Engracia, en el número 43 de la calle Real de la Alhambra. Transcurren los días de octubre de 1920. Pero Manuel de Falla encuentra fría en exceso la casita y decide un nuevo traslado. Es cuando conoce el “carmen” del Ave María, en el número 11 de la Antequeruela Alta, un año más tarde del comienzo de su etapa granadina. En ese “carmen” vive Manuel de Falla desde septiembre u octubre de 1921 hasta su marcha a la Argentina el 28 de septiembre de 1939. Dieciocho años que han dejado una huella perdurable en este “carmen” convertido ahora en la Casa-Museo Manuel de Falla. EL MÚSICO Pero antes de entrar en la casita de la Antequeruela es bueno que recordemos algunos rasgos biográficos del compositor. Así podremos aproximarnos mejor a este hogar granadino del más universal de nuestros músicos. Manuel María de los Dolores de Falla y Matheu, Franco, Parodi, Álvarez y Nuche, nace en Cádiz el día 23 de noviembre de 1876; la casa está señalada con el número 3 de la plaza de Espoz y Mina. Sus padres, José María* y María Jesús*, proceden de Levante y Cataluña. El matrimonio tiene cinco hijos pero solo sobreviven tres: Manuel, Germán* y María del Carmen*. Servando* y José María” mueren prematuramente. Notas:
Desde muy niño demuestra unas especiales aptitudes para la música. Su propia madre le da las primeras lecciones aunque nuevos profesores, en Cádiz, completan su formación hasta que marcha a Madrid para terminar la carrera de piano en 1899, con el primer premio del Conservatorio. Pero con once años ya ha compuesto un “andante” y “scherzo” de sonata para violoncello y piano ofreciendo así el primer clarinazo de atención sobre sus aptitudes. Sucesivamente, Manuel de Falla prosigue escribiendo música a la vez que perfecciona su formación. Compone unas zarzuelas, “La Cruz de Malta”, “Limosna de amor”, “El corneta de órdenes”, “Los amores de Inés”, “La casa de tócame Roque”, etc. Toma contacto con Felipe Pedrell* que habría de ser decisivo en su vida musical. Cuando tiene veintisiete años gana el concurso de Bellas Artes con “La vida breve”, así como el de ejecución al piano en el Conservatorio. Nota: Felipe Pedrell = Felipe Pedrell Sabaté (Tortosa, 19 de febrero de 1841 - Barcelona, 19 de agosto de 1922 ´- Musicólogo y compositor. Es en 1907 cuando marcha a París. Conoce a Paul Dukas*, Isaac Albéniz, Claude Debussy* y Maurice Ravel* Escribe sus “Cuatro piezas españolas”, “Noche en los jardines de España”, “Tres melodías para canto y piano sobre poemas de Gautier”, “Siete canciones populares españolas”, “El corregidor y la molinera” y “Amor brujo”, por referirnos sólo a lo más destacado. Han pasado entretanto, los años y nuestro músico decide el regreso a España empujado por la primera Guerra Europea mientras sueña con su retiro a Granada. Su música se aplaude en todas partes. Notas:
Caliente el texto colosal del estreno de “El sombrero de tres picos” en el teatro Alhambra de Londres (22 - julio - 1919), Manuel de Falla firma una carta a Ángel Barrios el día 4 de agosto; en ella agradece su pésame, refiere la tragedia de la noticia de la gravedad de su madre solo dos horas antes del estreno y como todo fue “dolorosamente inútil”, porque al llegar a Madrid solo alcanzó a leer la esquela en los periódicos. En esa misma carta es donde Manuel de Falla ruega a Ángel Barrios le informe sobre precios y condiciones de alojamiento. Lo tiene bien pensado. Días después de la muerte de su madre ha muerto su padre. Granada puede ser el refugio a su dolor y el lugar donde “trabajar con alguna tranquilidad”. El resto, hasta instalarse en el “carmen” de la Antequeruela ya lo hemos visto. LA GRANADA DEL MAESTRO Manuel de Falla se siente enfermo. Más en el espíritu que en el cuerpo. Muertos Granados* y Debussy recientemente -Albéniz había desaparecido años antes- al dolor de la pérdida de los amigos se une la de sus padres. París ya no le atrae y Madrid, a través de su crítica, se ha portado mal con él. Pedrell lo confirma con motivo del estreno de “El amor brujo”: “Se conoce que su presencia en los madriles ha hostilizado a los músicos sacando de sus casillas a los de ayer y a los de hoy, unos y otros ganosos de mostrar sus trucos, reñidos con el pudor artístico, o sus habilidades y fuerzas los que se sientan con ánimos para luchar. Bravo, Manuel, ya puede usted figurarse con cuánta atención e interés sigo sus proezas de arte, porque en usted siempre he reconocido al compositor sincero y de altas ínsulas, y al hombre leal y honrado, siempre digno, siempre artista encumbrado y merecedor de todo encomio”. Pero con su llegada a Granada el músico inicia una nueva etapa musical, distinta a todo lo anterior. Aquí encuentra un clima apropiado a ese trabajo que tanto desea. La Granada de los años veinte es fecunda en el aspecto intelectual. La ciudad, tranquila, le cautivó de manera total. Por eso fecha sus cartas desde entonces en “Granada la Bella”, en “La Alhambra”. Pronto es aceptada la personalidad del músico en los ambientes culturales y artísticos de la capital. Conoce e intima con Federico García Lorca* y el “carmen” es cada tarde lugar de tertulia. Allí acuden Andrés Segovia”, Manuel Ángeles Ortiz*, Miguel Cerón*, Pedro Borrajo*, Valentin R. Aznar*, José M. Segura*, Ernesto Halffter*… Comienza a ser figura conocida en todos los sectores de la ciudad, no solo en los artísticos. Es, sin duda, el músico de más renombre de Europa. Esto le impone frecuentes viajes, inevitables salidas de Granada que a él no le satisfacen: “Granada es mi lugar de trabajo, pero yo viajo demasiado, por desgracia, y viajando se pierde tiempo. Una vez al año hago una cura de soledad en una pequeña aldea de Andalucía (Lanjarón, pueblecito granadino) no hablando con nadie durante diez o doce días; así me preparo para trabajar”. Notas:
Pero dejemos que sea el crítico John B. Trend* quien relate una de aquellas reuniones; precisamente en los días en que conoció al maestro: “Una tarde el señor Falla me llevó a una casa junto a la Alhambra. En el patio el pilar había sido ahogado con una toalla, pero no silenciado totalmente, se oía un ligero murmullo de agua que corría a la alberca. Don Ángel Barrios, que es compositor en parte de la encantadora ópera goyesca “El Avapiés”, estaba sentado, sin cuello y con toda la comodidad, con la guitarra en sus rodillas. La había afinado de modo que, en cierta extraña manera, armonizaba con el agua que corría y estaba improvisando con sorprendente inventiva y variedad. Después se nos unió su padre, y el señor Falla le preguntó si podía recordar cantes antiguos. El viejo señor se sentó allí con los ojos semicerrados con la guitarra en un constante acompañamiento. De vez en cuando levantaba su voz y cantaba una de esas raras y fluctuantes melodías del cante flamenco, co sus extraños ritmos y variaciones características de Andalucía, mientras el señor Barrios acompañaba, a veces rascando cuerdas solas, a veces produciendo una especie de “melodrama” instrumental, tocando otras un contrapunto, tratando luego el canto como un recitativo y puntuándolo con cuerdas “staccato”. El señor Falla apuntó las que le agradaron o las que era posible transcribir… “. Nota: John B. Trend = John Brande Trend (Southampton, Inglaterra, 17 de diciembre de 1887 - Cambridge, 20 de abril de 1958). Hispanista, historiador de la música, profesor universitario y romanista. Amigo de Machado y Falla. Profesor de español de la Universidad de Cambridge. Manuel de Falla, está claro, encuentra en nuestra ciudad el ambiente que le hiciera adoptar una determinación como la de quedarse en Granada “la parte del año que no tenga que estar en el extranjero”. LA MARCHA Pasamos por alto expresamente los años granadinos de don Manuel, que bien pudieran ser tema de otro trabajo. No se trata ahora de una biografía del músico, sino de la Casa - Museo que instalara el Ayuntamiento. Por eso, nos aupamos en la vida del compositor hasta el verano de 1939. Variadas y tristes circunstancias concurren en una decisión que le alejaría para siempre de Granada. Las bodas de plata de la Institución Cultural Española de Buenos Aires se celebran aquel año y don Manuel acepta una invitación para dirigir varios conciertos con ese motivo. Todo lo ha dispuesto y a finales de septiembre de 1939 abandona Granada. Embarca el 2 de octubre y arriba a Buenos Aires el día 18 de ese mismo mes. Fija su última residencia en los Espinillos, en Alta Gracia, en la región de Nueva Andalucía. Un día el músico recibe la noticia de que en el “carmen” de la Antequeruela han entrado unos raterillos. No lo piensa. Teme nuevos robos -sólo se habían llevado unos cubiertos de plata- y pide a su amigo Pedro Borrajo que desmonte la casa y disponga los muebles y enseres para su custodia. El 27 de enero de 1941 escribe a Pedro y María Paula Borrajo: “María del Carmen les está escribiendo sobre lo que venimos pensando de la casa, desde el intento de robo rateril. Suponemos que ya estarán en libertad los raterillos en cuestión. Ese es nuestro deseo y así ruego a usted que lo manifieste en nuestro nombre a la autoridad competente”. María del Carmen, en esa carta a que alude don Manuel, dice al matrimonio Borrajo: “Como desgraciadamente aún está lejos nuestro regreso, seguimos pensando en la Huerta Chica de nuestra Córdoba. Nos parece lo más práctico dejar desde ahora la casa de la Antequeruela dejando todo en un sitio que ofrezca seguridad por completo. El piano sería conveniente que tuvieran ustedes la bondad de recogerlo en su casa. Los libros hay que limpiarlos uno por uno (ésto con mucho cuidado pues son la ilusión de Manolo)”. Nota: “Juan Viniegra, que le visitó por entonces en la Huerta Grande de La Zubia, ha escrito que Falla le dijo: “Me voy a la Argentina. Me han propuesto unos contratos muy ventajosos. Mis ingresos están muy mermados con motivo de la Guerra Mundial, y aprovecho esta feliz ocasión para enmendar algo mi situación económica actual”. Efectivamente, la situación económica de Manuel de Falla en ese momento era tan mala como lo había sido en sus años de escasez en París y en Madrid. A mediados de septiembre de 1939 el saldo de su cuenta corriente en la banca Rodríguez Acosta de Granada ascendía a 3.408 pesetas. Los ingresos por derechos de autor eran escasísimos y estaban bloqueados, primero por la guerra de España, ahora por la guerra Mundial y Manuel de Falla y su hermana María del Carmen, siempre extraordinariamente parcos en el gastar, habían tenido que reducir su consumo a niveles realmente mínimos. Tenía Falla también una pequeña cartera de valores compuesta por cédulas hipotecarias y deuda pública cuyo valor de compra ascendía a 76.881 pesetas pero que el cierre de la Bolsa las hacía invendibles. Lo que les quedaba en efectivo apenas daba para tirar unos cuantos meses más y es en ese contexto en el que Manuel de Falla tomó la tremenda decisión de viajar a Argentina donde por la dirección de cuatro conciertos en el Teatro Colón de Buenos Aires ofrecieron al compositor unos honorarios de 21.700 pesos, equivalentes a 61.411 pesetas. Y, en fin, Falla y su hermana María del Carmen, huyendo de otra guerra que no creían poder soportar, con tres mil pesetas en el bolsillo que constituían prácticamente todo su capital (4.300 euros actuales), abandonaron Granada el 28 de septiembre por ferrocarril, camino de Barcelona, donde el 2 de octubre embarcaron en el “Neptunia” que les dejó en Buenos Aires el 18 del mismo mes. “Llegaba [escribió Pedro Massa] en un estado físico realmente impresionante: consumido, pálido, hecho una pavesa. No tenía más que ojos y aquella sonrisa ancha y dulce, que era como la flor de su simpatía”. El caso es que lo que en principio era una estancia temporal para recomponer su maltrecha economía, se convirtió en una permanencia de más de siete años, a la que solo su fallecimiento puso desgraciado término (...) Sus restos mortales llegaron a Cádiz a bordo de “El Cañonero”, un buque de la armada española, el 9 de enero de 1947. Había fallecido en Alta Gracia (Córdoba) el 14 de noviembre anterior, cuando le faltaban nueve días para cumplir los setenta años. Durante los siete que permaneció en Argentina, siempre afirmó su deseo de regresar a su país. Nunca lo hizo, con vida. Ello ha dado pie para que algunos de quienes se han acercado a la vida de Manuel de Falla hayan hablado del exilio político del más célebre de los compositores españoles del siglo XX, incompatible para convivir con un régimen que ya se presuponía largo y duro. Pero esto, sin dejar de ser cierto de manera absoluta, tampoco resulta veraz en su totalidad. Falla es el prototipo del comedimiento, del equilibrio, de la mesura… al menos en su comportamiento personal” (Manuel Titos Martínez, “Las actitudes políticas de Manuel de Falla: confianza, desconcierto y prevención” - 2011). Hermenegildo Lanz*, amigo del músico, realiza unos dibujos esquemáticos de cada una de las habitaciones del “carmen”, de la colocación de los muebles, cuadros y enseres. Podrían ser la clave -y así ha sido- de una reinstalación de la casita del músico si éste decide su vuelta a Granada. Nota: Hermenegildo Lanz = Hermenegildo Lanz González (Sevilla, 26 de febrero de 1893 - Granada, 20 de mayo de 1949). Profesor de dibujo, pintor, grabador, creador de títeres, escenógrafo, diseñador y fotógrafo. El pasado sábado 1 de junio de 2024, publiqué en el Adarve un articulito en su memoria y recuerdo; para leerlo, pulsar aquí>>> María Paula Borrajo* en una labor increíblemente cuidadosa, desmonta la vivienda. Los libros llevan una hoja de filiación, con el estante y el lugar de su colocación dentro de la biblioteca. Incluso la instalación eléctrica es descolgada y con una indicación de su emplazamiento se embala. Desde 1941 los muebles y enseres de don Manuel y su hermana se custodian en el convento de Santa Inés, del que era capellán un excelente amigo del músico, don Valentín Ruíz Aznar. La Orden se traslada al convento de los Ángeles y entonces los familiares de don Valentín aceptan la custodia. Nota: María Paula Borrajo = María Paula de Montes Collado (Granada, 26 de diciembre de 1893 - Granada, 9 de mayo de 1967). Esposa de Pedro Borrajo Carrillo de Albornoz. GENEROSIDAD DE LA FAMILIA El propietario del “carmen” de Falla no quiso cederlo en arrendamiento, estando desocupado, a un grupo de intelectuales y artistas granadinos que pretendieron instalar en el recinto un lugar donde mantener de manera permanente el recuerdo del músico ausente. Poco después es arrendada la finca, en 1943, a la Duquesa de Lécera*, quien sostiene con dignidad el culto a la figura desaparecida el 14 de noviembre de 1946. La Duquesa de Lécera realiza, no obstante, algunas obras de reforma y adecuación de las dos plantas del inmueble. Nota: Duquesa de Lécera = María del Rosario Agrela y Bueno (Granada, 1897 - Granada, 23 de julio de 1963), II condesa de Agrela y XVIII duquesa (consorte) de Lécera. Amiga de la reina Victoria Eugenia. Al quedar desocupado el “carmen” por el fallecimiento de la Duquesa, el Ayuntamiento, que ha adquirido la propiedad en 1962, decide la reinstalación de la casita granadina de don Manuel de Falla. Una gestión personal del entonces alcalde, don Manuel Sola Rodríguez-Bolívar*, lleva a una actitud de absoluta entrega a la iniciativa de los herederos del músico: su hermana María del Carmen y su sobrina María Isabel* -hija de Germán, muerto en 1959- que hacen donación generosa de los muebles, objetos y enseres de los hermanos Falla. Notas:
El Ayuntamiento inicia las obras de restauración del edificio al que había que volver a su primitivo estado, suprimiendo las modificaciones, las comodidades, introducidas por la Duquesa de Lécera. A este respecto, dejemos que sea don Manuel Orozco*, teniente de alcalde entonces, responsable de los trabajos de reinstalación y biógrafo del músico, quien exponga la forma en que ésto se llevó a cabo: “Para la reinstalación de los muebles, objetos y enseres personales de los hermanos Falla, en las distintas estancias, jardín, patio y servicios, se ha seguido un criterio exclusivamente documental. No era aconsejable tampoco utilizar los datos verbales de quienes en épocas remotas visitaron la casa, por cuanto el propio Falla, en distintos períodos y aún estaciones del año, cambiaba sus muebles y especialmente el piano y “boureau” de trabajo. Las mismas fotografías en las que el músico aparece en sus habitaciones demuestra como adoptó distintos lugares para sus muebles”. “Hemos preferido mantener aquellas situaciones de distribución de muebles, cuadros, etc., que Falla tenía en el año 1939 cuando dejó su casa, que es la misma que Lanz dibujara con ese exclusivo objeto de devolverlos a su lugar, y cuyos datos son incuestionables. Tanto en el patio como en el jardín y estancias, Hermenegildo Lanz, anotó escrupulosamente estos lugares. Solamente en aquellos en los que la universalidad de fotos, ya históricas y en las que aparece Falla entre sus muebles, nos ha aconsejado respetar esta forma alterando el esquema de Lanz que, aunque posterior, debe ceder su legítimo privilegio al imperativo documental fotográfico más humanizado, por la presencia del músico”. Nota: Manuel Orozco = Manuel Orozco Díaz (Granada, 25 de julio de 1914 - Granada, 5 de noviembre de 2003). Médico, pintor, articulista, poeta y escritor, especializado en el género biográfico. EL RECINTO En la ladera del mediodía de la colina roja de la Alhambra está el “carmen” de Falla. Se señala con el número 11 de la Antequeruela Alta. El nombre le viene a éste lugar porque en esa zona se instalaron los moros huidos de la Antequera ocupada por los cristianos, allá por 1410. El edificio estuvo destinado a telar de la artesanía de sedas, encajes y tintes. Pero Manuel de Falla cree encontrar en aquel lugar el asentamiento que ha de proporcionarle, por ser apacible su entorno, esa tranquilidad largo tiempo deseada. El “carmen” deja asomar por sus muros, blancos de cal y brillantes de sol, los mirtos, los acantos y magnolios que son así como el anticipo del paraíso vegetal que allí se encierra. La puertecilla nos introduce en el patio, fresco, acogedor, que preside una vieja parra. Desde el patio se accede a la vivienda y al jardín. LA PLANTA BAJA Desde el patio, a la derecha, se pasa al comedor. Es una estancia fresca, en la que la humedad obligó a los hermanos Falla a situar un zócalo de esparto. Un bargueño, junto a la mesa de camilla, otra pequeña mesita y unas sillas azules -del “azul Falla” de Zuloaga*- son los únicos muebles de la estancia. Un óleo de la escuela sevillana, que se atribuye a Murillo, preside un paño de la habitación. Están los platos de Manises dedicados al maestro por el músico y escritor Eduardo López-Chavarri*, en 1926. Uno, el de mayor tamaño, alude al “Retablo de Maese Falla”, otro a la “Fantasía bética”, un tercero a las “Noches en los jardines de España” y el último, que titula “Irreverencias admirativas a Falla”, se refiere a “El amor brujo” visto por Chavarri. Notas:
Están los abanicos gitanos multicolores, unos grabados franceses de Joaquín Costillares* y una “suerte de corridas de toros en España”, ambos coloreados y del siglo XIX; la fotografía, enmarcada por Falla, del cuadro de Zurbarán* “El milagro del refectorio”; dos azulejos talaveranos del siglo XVIII; una reproducción de un grabado de la Tauromaquia de Goya* y un cuadrito de Pedro Matheu*, tío del músico, que se lo dedicó en recuerdo de “El sombrero de tres picos” (Le tricorne). Notas:
En el zaguán bajo queda la mesita de nogal sobre la que reposa el salterio del siglo XVI y el filtro que Falla utilizó a diario para filtrar el agua hervida. Un reloj de los padres del músico y el jarrón que afirma “Soy del espectro tangible de don Manuel María de Falla y Matheu”. Una espetera de hierro, menor que la existente en el comedor, y un cartel de toros de la plaza de Murcia, decoran el zaguán, junto a un arca y un vasar de sencilla madera con platos de cerámica. La cocina es, sin duda, lo de más escaso valor en lo que se refiere a su montaje. Hubo que imaginarlo todo en las obras de adaptación. Se carecía de testimonios suficientes, ni fotografías, ni dibujos y los amigos no tuvieron oportunidades de pisar esa estancia. El mobiliario es el mismo, por supuesto, y todos los menajes expuestos, también. LA PLANTA ALTA A la planta alta se accede por una escalera exterior, que parte del patio o bien por otra interior, que lleva desde el zaguán a un pasillo que une los dormitorios. El anteestudio tuvo en ocasiones el piano del compositor. Este, en épocas de calor, trasladaba el piano a ésta estancia, más reducida pero interior y, por eso, de más suave temperatura y a la que llegarían los ruidos de la ciudad más matizados. Se encuentra aquí un retrato de la abuela paterna de don Manuel de Falla, la señora Maria de los Dolores Franco Nuche*. Hay una hermosa cortina bordada sobre cañamazo de lino, en sedas azules, amarillas y blancas. La cortina fue adquirida por Falla al sugerírselo el pintor granadino de corazón, Manuel Ángeles Ortíz. Nota: María de los Dolores Franco Nuche = María de los Dolores Franco Nuche (1818 - 1869). Casada con Francisco de Paula Falla Álvarez (1818 - 1890). Unos grabados y un óleo, con tema de una danza gitana, completan la decoración. El estudio contiene la más preciada pieza de la Casa - Museo: el piano. Un Pleyel* excepcional que se conserva formidable. Bien es cierto que se le cuida, pero todas las emociones que giran en torno a la figura del genial músico se centran sobre éste teclado en el que Falla crea una gran parte de su obra granadina, desde el “Retablo de maese Pedro” al “Concierto de Clavicémbalo”, desde el “Psyché” y “El soneto a Córdoba” a “Atlántida”. Nota: Pleyel = Fábrica parisina de pianos, fundada en 1807, por el compositor, editor musical austríaco Ignace Joseph Pleyel (Ruppersthal, Baja Austria, 18 de junio de 1757 - París, 14 de noviembre de 1831). El buró de trabajo nos aproxima profundamente al músico. Su pluma, el tintero de viaje, la lupa, el ventilador y el flexo, el secante y el rulo para humedecer los sellos nos ofrecen el calor de una vivienda en la que solo faltan sus moradores. Los dibujos de Picasso* para el “Tricorne”, la fotografía del “Entierro del Conde Orgaz”, la pequeña foto de Stravinsky* niño, dedicada a Falla y el gran Sancho, un dibujo importante, homenaje de Zuloaga al músico en su cincuentenario; igual que hiciera López-Chavarri en la misma fecha de 1926. Está el pergamino con el nombramiento de hijo adoptivo de Granada, un soberbio aguafuerte de Hermenegildo Lanz, un pequeño cuadro de Vázquez Díaz, “casita de pescadores”, el grabado del interior de la iglesia de San Marcos de Venecia, de Fabio Maurone*, también dedicado a Falla, igual que el retrato de Micaela de Aramburun* y la acuarela de Bacarissa*, “En recuerdo de nuestras labores granadinas”. Un pergamino con las firmas de algunos amigos que pidieron el nombramiento de hijo adoptivo de Granada en favor de Manuel de Falla. Un soneto, de García Lorca, inicia el pergamino en el que aparecen firmas de tanto significado como el propio Federico, su madre, Vicenta Lorca*, sus hermanos Conchita* y Francisco*, Antonio Gallego Burín*, Eloisa Morell de Gallego*, Miguel Cerón, José María Rodríguez-Acosta*, Ángel Barrios, Luís Jiménez*, Rogelio Robles*, Leopoldo Torres Balbás*, José M. Segura, Emilia Llanos*, Fernando Vílchez*… Notas:
El dormitorio de don Manuel es monacal. Una cruz, simplísima, está sobre la cama y ésta, de madera, no puede ser más sencilla. Una cómoda conserva la ropa del músico, sus pijamas, sus camisas. Los aparatos para la gimnasia matinal de manos, el relicario con recuerdos de Santa Rosa, San José, San Jacobo, San Bernabé, San Fidel, San Pacífico… Tienen una profunda emoción el gran rosario que cuelga en el cabecero de la cama y las medicinas y los tarros de bicarbonato y el tabaco. El lavabo, de palangana y jarro de porcelana. En el dormitorio de su hermana María del Carmen se conservan, enmarcados, los recordatorios de la primera confesión y la primera comunión del músico, y una hermosa fotografía de don Manuel de Falla cuando tenía nueve años y asistió a una fiesta infantil de disfraces, en Cádiz, vestido de Raúl de Hugonotes. EL JARDIN El jardín está presidido, ahora, por un busto de extraordinario parecido, realizado por Bernardo Olmedo Moreno*. El jardín tiene unos cedros, unos laureles y unos magnolios y una yedra que cubre los muros. Un pilón de arcilla roja mantiene perenne esa música indescriptible del “agua oculta que llora”. Una parata alta con un viejo pilar, eleva la atalaya que, desde el jardín, permite contemplar la ciudad, la vega, y desde la Sierra Nevada hasta Sierra Elvira, en un paisaje que el río Genil completa con su hebra de plata que se pierde en la lejanía. Llegan las voces de las campanas de cien iglesias y conventos, llega también el murmullo de la ciudad viva que se agita abajo. Pero la quietud de aquel paraje invita al recuerdo y nos aproxima a la figura admirada de don Manuel de Falla. La huella del músico inmortal está caliente en este rincón granadino que conserva todos los elementos que constituyeron el hogar de uno de los hombres más universales. Nada falta. Todo está en su sitio, como el último día de la etapa granadina del compositor. Como si don Manuel hubiera bajado a la ciudad, a la farmacia a encargar cualquiera de sus potingues. Como si Falla hubiera dedicado la tarde a una nueva tertulia en casa de “Picorreondo”, en el “Polinario”, con Ángel Barrios, Federico García Lorca o Miguel Cerón. Nota: Bernardo Olmedo Moreno = Bernardo Olmedo Moreno (Granada, 1914 - 1986), escultor. LA VUELTA DE MARÍA DEL CARMEN Un buen día de septiembre de 1966, sin previo aviso, llega desde Jerez de la Frontera María del Carmen de Falla. La hermana, compañera del músico, había dudado antes de venir a Granada y volver a “su” casa de la Antequeruela. Temió el reencuentro con tantos y tantos recuerdos que le vendrían de la mano de esas docenas de muebles, enseres y objetos que ella y su hermano habían dejado en el mismo lugar, hacía veintisiete años. El regreso se había hecho esperar. Y María del Carmen volvía sola. Calladamente, la hermana inseparable del compositor recorrió todas las habitaciones. “Con éste jarrito traía Manolo el agua hervida y caliente para mezclarla con la fría que salía del filtro”. “Recuerdo perfectamente que en esta ventana estaba esa cortinilla granate”. “En esta hornilla de carbón yo le hacía a Manolo unas tortillas liadas que le gustaban mucho”. “Esta era la cuchara de Manolo, y esta la mía”. “Ese monederillo era mío y esos misales, con todas sus estampas”. Unos días, unas semanas inolvidables pasó María del Carmen de Falla en su casa granadina. Ya había cumplido los ochenta y cuatro años, pero pudo reconocer a los amigos entrañables que se habían constituido, a través del Patronato de la Casa - Museo, en los guardianes más celosos de un recuerdo imborrable para todos. Quien escribe esto, tuvo la enorme fortuna de convocar una reunión que no se repetirá más. En el jardín, en torno a María del Carmen de Falla -que ha muerto el día 1 de octubre de 1971- merendaron una vez más, la última vez todos reunidos, doña Emilia Llanos, doña Paula Montes de Borrajo, don Francisco González Méndez, don Bernabé Bérriz Madrigal*, don Francisco García Carrillo*, don Miguel Cerón, todos ellos desaparecidos. Notas:
EL PATRONATO DE LA CASA MUSEO El día 11 de junio de 1965 la Corporación municipal granadina decidió la creación de un Patronato que velase por la Casa - Museo de Manuel de Falla y que ésta fuese el perenne homenaje de Granada al músico que eligió Granada para vivir en ella los que fueron, sin duda, los más jugosos años se su vida. Esa fecha no es, por supuesto, la que señala el arranque de esta iniciativa que desde muchos años antes acaricia la Corporación que presidía don Manuel Sola Rodríguez - Bolívar. Pero los contactos iniciales con la familia del maestro se produjeron en ocasión del estreno de “Atlántida”, en Barcelona; se afirmaron en el estreno granadino de la obra y culminaron con la generosa aportación de los herederos del músico de todos los efectos pertenecientes a don Manuel en su “carmen” de la Antequeruela. En la referida fecha el “carmen” ya estaba restaurado con el rigor a que se ha hecho referencia. El Patronato de la Casa - Museo “Manuel de Falla” quedó integrado por tres clases de miembros. De una parte, los patronos “de sangre”, es decir dos familiares de don Manuel, hasta un número máximo de cinco. Por otro lado, los patronos representantes de la Corporación Municipal, también en número de cinco y entre los que se encontrará en todo caso el alcalde, que es el Presidente del Patronato. En fín, el último tercio de patronos lo constituyen los amigos entre los que se señalaron en aquella fecha once miembros, no todos residentes en Granada pues figuraban como patronos don Juan Gisbert*, de Barcelona, don José María Pemán* y don Juan Viniegra*, de Cádiz y don Segismundo Romero* que, aunque granadino, tenía su residencia en Sevilla. Notas:
Cinco años más tarde de la constitución del Patronato hay que lamentar la desaparición de la mayoría de sus miembros integrados en el mismo en su calidad de amigos del músico. Y la más reciente y entrañable pérdida, la de María del Carmen de Falla. Colofón El siguiente artículo - fascículo que publicaré en “PATRIMONIO GRANADINO”, es el escrito por el granadino don Eduardo Molina Fajardo (1914 - 1979), periodista, escritor y director del diario “Patria” y titulado “SACROMONTE GITANO - I”.
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