|
El Padul (Granada), del martes 15 al jueves 31 de octubre de 2024.
Viendo a diario el programa de TVE-2 “Saber y Ganar”, me doy cuenta de que, aunque no paro de leer libros sobre temas que me interesan y atraen mi atención, son muchísimas las materias que desconozco… hoy, por ejemplo, me ha sorprendido una “Parte por el Todo”, dirigida a los concursantes (Enrique Gómez León, Nacho Rodríguez González y Ángel Chacón Maldonado) que habla de los “Cronotipos”... de los que no tenía ni idea… y es que las preguntas de las/los guionistas de “Saber y Ganar”, ponen cada día a prueba las neuronas de los concursantes y de los televidentes…
Nota: Lourdes Alegre, Aram Bonmatí, Armonía Gustems, Jesús Martínez, Marc Montañés, Marisa Pérez, Marina Ortuño, Albert París, Mireia Pou, Mireia Ubero y Mireia Uribesalgo son las/los guionistas del programa televisivo “Saber y Ganar”, y, por segundo año consecutivo, han recibido el Premio Alma al Mejor Guión de Concurso.
Bueno, picada mi curiosidad… me pongo a recopilar información (por la red de internet) sobre el tema… y, éste, es el resultado de mis pesquisas:
Antes de que se iniciara el primer atisbo de Vida en la Tierra, ya existía un ritmo, un patrón inquebrantable, impuesto por el continuo giro de nuestro planeta alrededor del Sol. Y la Vida nació moldeada por esas normas de la Naturaleza inmutables… y, con el devenir del tiempo, la inteligencia del género humano ha ido dando “nombre” a lo que siempre existió, en éste caso, los “Cronotipos”.
La palabra “cronotipo” no la recoge el Diccionario de la Real Academia Española. En lenguaje científico, el “cronotipo” es la sincronización de los ritmos circadianos, un ciclo fisiológico subyacente de 24 horas que se produce en la mayoría de los organismos vivos.
Nota: La palabra circadiano significa "alrededor de un día". Proviene de las palabras latinas "circa" (alrededor) y "diem" (día). El cronotipo, según el Instituto Internacional de la Melatonina (IiMEL) dependiente de la Universidad de Granada (UGR): “es la predisposición natural que cada persona tiene de experimentar picos de energía o momentos de descanso según la hora del día y es distinto para cada persona”.
El reloj biológico que cada organismo porta en sus células controla la mayoría de los ritmos circadianos. En el género humano, éste reloj se encuentra en una región del cerebro llamada hipotálamo.
Las señales del hipotálamo viajan a regiones del cerebro que responden a la luz, incluida la glándula pineal. En respuesta a la luz, como la luz solar, la glándula pineal suspende la producción de melatonina, una hormona que provoca la sensación de somnolencia. Los niveles de melatonina en el cuerpo suelen aumentar cuando oscurece, lo cual hace que se sienta somnoliento.
El cambio en la melatonina durante el ciclo sueño/vigilia refleja los ritmos circadianos. El hipotálamo también controla los cambios en la temperatura corporal y la presión arterial que ocurren durante el sueño.
Dado que los ritmos circadianos son controlados por la luz, las personas que tienen algún grado de ceguera en ambos ojos tienen dificultad para dormir. Muchas personas con ceguera total tienen problemas para dormir toda la vida (problemas crónicos) porque sus ojos no detectan la luz. La incapacidad de los ojos de detectar la luz entorpece sus ritmos circadianos, lo que provoca problemas de sueño crónicos.
La finalidad del reloj interno es la adaptación de los seres vivos a las condiciones rítmicas del Planeta. Para ello, la naturaleza ha dotado a todos los organismos de un reloj que funciona de manera autónoma y, a su vez, se pone en hora para sincronizarse con el ritmo del medio ambiente.
Nuestro reloj interno está en sintonía con la Tierra, con el día y la noche o las estaciones del año. Esta conclusión ha permitido a los genetistas Jeffrey C. Hall (1945, Brandeis University), Michael Rosbash (1944, Brandeis University) y Michael W. Young (1949, Rockefeller University) ser reconocidos por el Instituto Karolinska de Estocolmo con el Premio Nobel de Medicina 2017 tras descubrir los mecanismos moleculares que regulan el ritmo circadiano. «Antes de que la atmósfera tuviera su composición actual, la Tierra giraba sobre su eje, y el ciclo de luz y oscuridad tuvo un impacto en los inicios de la vida» (Michael Rosbash). “Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young lograron escudriñar nuestros relojes biológicos y aclarar su mecanismo de funcionamiento. Sus descubrimientos explican el modo en que las plantas, los animales y los seres humanos adaptan su ritmo biológico de modo que esté sincronizado con las revoluciones de la Tierra” (Asamblea del Instituto Karolinska de Estocolmo, encargada de otorgar el premio Nobel de Fisiología o Medicina 2017). En un artículo publicado en junio de 2017, Rosbash explica que han demostrado que ciertas neuronas circadianas que son específicas del cerebro promueven el sueño. Y lo hacen al inhibir a otras neuronas que promueven el despertar. Y en ese juego entre neuronas reside la característica primordial de la regulación circadiana del sueño.
La comunidad científica sabe ahora que estos «mecanismos moleculares» surgieron en un estadio inicial de la vida, pero, durante siglos, la existencia de ritmos circadianos era sólo una vaga teoría.
En 1729, el astrónomo francés Jean-Jacques d'Ortous de Mairan (1678 - 1771) observó el caso de las mimosas que abren sus hojas buscando la luz del sol y se cierran al atardecer. El investigador descubrió que este ciclo se repetía incluso en una habitación a oscuras, lo que sugería la existencia de un mecanismo interno.
Los individuos de una especie son similares entre sí, pero nunca iguales. Exactamente igual ocurre con sus ritmos internos. Por ese motivo, hay personas que son más madrugadoras que otras o funcionan mejor durante la noche. Es como si tuvieran su reloj interno un poco más adelantado o atrasado respecto al de los demás.
El biólogo Erwin Bunning (1906 - 1990) acuñó el término “reloj biológico” y aportó un dato esencial para comprender estos ritmos. Descubrió que todas las funciones fisiológicas de los seres vivos se realizan con una periodicidad constante, diaria, endógena y que se hereda de forma genética.
En 1971, Seymour Benzer (1921 - 2007) y su estudiante Ronald J. Konopka (1947 - 2015), indujeron mutaciones en la descendencia de moscas del vinagre. Algunas de estas nuevas moscas presentaban alteraciones en su ciclo normal de 24 horas. En unas era más corto y en otras era más largo, pero en todas ellas estas perturbaciones se asociaban a mutaciones en un solo gen.
En 1984 Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young, aislaron el gen que controla los ritmos circadianos. Primero Rosbash, identifica el gen “period” en los ritmos circadianos de las moscas y más tarde y de forma independiente lo hace Michael Young. En experimentos posteriores, Hall y Rosbash aislan la proteína PER, que está producida por el gen “period” y que lo inhibe. La proteína PER se acumula en el núcleo celular durante la noche y sigue un ciclo diario. Hall y Rosbash demostraron que si tiene un funcionamiento correcto, codifica la proteína que se acumula en las células durante la noche y se degrada durante el día.
El “jet lag”, un trastorno temporal en nuestro sueño, es una consecuencia directa de la alteración de los ritmos circadianos del organismo que producen los vuelos transoceánicos en avión.
El reloj principal del cuerpo humano está formado por neuronas del núcleo supraquiasmático conectadas a las células que captan luz en la retina. El reloj interno se sitúa en cada una de las células y organismos pluricelulares que detectan la luz del día y la oscuridad de la noche. Un horario de las comidas adecuado o la práctica de actividad física puede ayudar a poner de nuevo en hora nuestro reloj interno central. La temperatura corporal es mínima de madrugada y máxima por la tarde, el nivel de alerta es máximo por la mañana, mientras que la tensión arterial es máxima por la tarde y el sueño profundo es máximo por la noche.
¿Los ritmos circadianos afectan a nuestros horarios de trabajo?. Un estudio realizado en la Universidad de Granada (UGR), en colaboración con la Universidad de Bolonia, asegura que las preferencias circadianas de cada persona influye o debería en los horarios de trabajo. Los investigadores de la UGR, pertenecientes al Centro de Investigación «Mente, Cerebro y Comportamiento» (CIMCYC), junto con los de la Universidad de Bolonia, han evaluado la preferencia circadiana (es decir, si los participantes eran matutinos, vespertinos o intermedios) para conocer la influencia de la hora del día y la preferencia circadiana en la toma de decisiones.
En ese sentido, los investigadores Ángel Correa Torres (Catedrático del Departamento de Psicología Experimental de la Facultad de Psicología de la UGR) y Noelia Ruiz Herrera (Doctora cum laude en Psicología y Máster en Neurociencia Cognitiva y del Comportamiento por la UGR), afirman que, «cuando somos sometidos a horarios que alteran nuestro ritmo circadiano, podríamos tomar decisiones de manera más impulsiva, lo que podría afectar a la calidad de nuestras acciones y, por supuesto, actuar en contra de nuestro propio beneficio». Se entiende entonces que adecuar el horario laboral al reloj interno es más productivo para el trabajador y las empresas que así lo gestionen.
Nuestro reloj interno gobernado por los ritmos circadianos es la motivación perfectamente justificada para cambiar de horario laboral. Tenemos la certeza médica y científica de que dormir bien alarga nuestra vida y sobre todo su calidad.
Con base en los momentos de mayor productividad de cada persona, a la hora que el cuerpo pide descanso o se levanta, o en el estado de ánimo en cada momento del día (entre otros factores), el psicólogo Michael Breus, en su libro «El Poder del Cuándo» (2016), establece 4 cronotipos diferentes: el oso, el lobo, el león y el delfín.
Cronotipo oso: Este cronotipo es el que más se ajusta a los ritmos circadianos, y es al que la mayoría de la población pertenece, cerca del 55%. Suele acostarse cuando llega la noche y despertarse con la luz del día. Lo habitual, es dormir y despertar sin dificultad. Como en el cronotipo león, su pico de máxima productividad es por la mañana y hasta el mediodía. Los osos tienden a necesitar acostarse también relativamente pronto.
Cronotipo lobo: A este cronotipo le cuesta levantarse por las mañanas. Pasado el mediodía empiezan a activarse, física y mentalmente. Su máxima productividad es durante la tarde. A la hora a la que los leones y los osos empiezan a recogerse para ir a descansar, los lobos se activan y su energía les permite realizar un montón de tareas. Su organismo no siente ganas de dormir hasta bien entrada la noche. Son del cronotipo lobo un 20 % de la población.
Cronotipo león: Tu cronotipo es león si eres madrugador por naturaleza, si te gusta levantarte temprano, antes incluso del amanecer, y estás a tope de energía las primeras horas del día. Puesto que llevas activo desde tan temprano, tu día termina pronto, y tu cuerpo te pide descansar pronto. Es fácil que a las 9 de la noche ya estés pensando en ir a dormir. Son del cronotipo león un 15 % de la población.
Cronotipo delfín: Es el cronotipo de aquellas personas que no encajan fácilmente en ningún horario concreto. Tienen un sueño ligero e irregular y no logran descansar bien. Les suele afectar cualquier ruido o luz mientras descansan. Es habitual que sufran periodos de insomnio y se levanten cansados y con poca energía. A pesar de tener un sueño fragmentado, los delfines tienen mentes extremadamente activas durante el día, y su energía y productividad alcanzan su punto máximo entre las 10 a. m. y las 2 p. m. Son del cronotipo delfín un 10 % de la población.
NOTA: Michael Breus, Ph.D., es psicólogo clínico y diplomado de la Junta Estadounidense de Medicina del Sueño y miembro de la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño. Es autor de cuatro libros de gran éxito de ventas, “Good Night: The Sleep Doctors” (“Buenas noches: el programa de cuatro semanas del médico del sueño para dormir mejor y tener una mejor salud” - 2006); “The Sleep Doctor's Diet Plan: Lose Weight Through Better Sleep” (“El plan de alimentación del médico del sueño: adelgace durmiendo mejor”- 2011); “The Power of When: Discover your Chronotype” (2016) y “Energize! Go from dragging Ass to kicking it in 30 days” (“¡Energízate!: Pasa de ser un tipo duro a un tipo fuerte en 30 días” - 2021).
Colofón
Los cronotipos no son grupos cerrados y absolutos y en muchas ocasiones nos encontramos a medio camino entre uno y otro. El cronotipo puede cambiar con el tiempo. La mayoría de los bebés y niños pequeños son leones, muy madrugadores y llenos de energía a primeras horas de la mañana. Cuando alcanzan la adolescencia pasan a convertirse en lobos. Con la madurez nuestro cronotipo cambia a oso. Y a la vejez, la mayoría volveremos a ser leones, con un aumento, además, de la superficialidad del sueño.
El cronotipo de cada persona viene mayormente determinado por nuestros genes, motivo por el cual no es posible modificarlo. Cuando nuestro cronotipo no nos permite adaptarnos a los horarios convencionales, se verá afectada nuestra salud. Disminuirá la calidad de nuestro sueño, lo que a la larga generará lo que se ha llamado "desalineación circadiana". Como consecuencia de esa desalineación, disminuye la leptina, aumenta la resistencia a la insulina y aumenta la presión sanguínea. Incluso aumenta el riesgo de ciertos cánceres. Por eso, muchos lobos que tienen que empezar a trabajar muy temprano nunca conseguirán alcanzar su máximo potencial. Además, existe el problema de los trabajadores a turnos, que solo de vez en cuando podrán trabajar acorde a su cronotipo.
0 Comentarios
Dejar una respuesta. |
AutorAntonio Gómez Romera, ése soy yo. Entradas
Agosto 2026
Categorías |