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El Padul (Granada), del domingo 29 de septiembre al viernes 25 de octubre de 2024.
Atlántida (en griego antiguo Ατλαντίς νῆσος, Atlantís nēsos, ‘isla de Atlantis’) es el nombre de una isla legendaria de enormes dimensiones desaparecida en el mar.
Platón (427 a.C. - 347 a.C.), el filósofo y pensador griego, discípulo de Sócrates (470 a.C. - 399 a.C.) y maestro de Aristóteles (384 a.C, - 322 a.C.), ya habla del reino mítico de la Atlántida, como una leyenda de la antigüedad, en sus “Diálogos” (Timeo -De la Naturaleza- y Critias -De Atlántida-), donde hace referencia a ella a través de Critias (460 a.C. - 403 a.C.), discípulo de Sócrates. “Escucha un relato muy extraño, pero absolutamente verdadero, tal como era en una ocasión lo relataba Solón (político ateniense, 638 a.C. - 558 a.C.), el más sabio de los siete, que era muy pariente y muy amigo de mi bisabuelo Driópidas”... y a Solón se lo habían transmitido los sacerdotes egipcios de la ciudad de Sais, situada en el delta del Nilo.
“Cuando mencionamos la palabra Atlántida nos encontramos con una cuestión que despierta el interés y la curiosidad de muchos, dando origen a uno de los temas –mitos, leyendas– más popularizados y más discutidos de la historia –o del imaginario– de la humanidad. A analizarlo se han dedicado historiadores, arqueólogos, mitólogos, literatos, filósofos, geógrafos, antropólogos, etnógrafos, oceanógrafos, geólogos, lingüistas, pseudo-científicos y hasta cultores del esoterismo, sin haber encontrado a la fecha una respuesta a los múltiples interrogantes que plantean los dos textos de Platón” (Florencio Hubeñak (Fruydek - Mystek, República Checa, 1946), Doctor en Ciencias Políticas e Historia, “Platón y la Atlántida” - Helmántica. 2017, volumen 68, n.º 199. Páginas 115-138).
En 1869, Julio Verne (1828 - 1905) escribe “Veinte mil leguas de viaje submarino", novela que en el capítulo IX de la segunda parte (“Un continente desaparecido”) describe un alucinante encuentro del capitán Nemo y el profesor Pierre Aronnax con los restos de una sumergida Atlántida: “¡Qué relámpago atravesó mi mente! ¡La Atlántida! ¡La antigua Merópide de Teopompo, la Atlántida de Platón, ese continente negado por Orígenes, Porfirio, Jámblico, D'Anville, Malte Brun, Humboldt, para quienes su desaparición era un relato legendario, y admitido por Posidonio, Plinio, Ammien Marcellin, Tertuliano, Engel, Sherer, Tournefort, Buffon y D'Avezac, lo tenía yo ante mis ojos, con el irrecusable testimonio de la catástrofe”.
Ignatius Donnelly (1831 - 1901, político y escritor norteamericano) publica “Atlántida. El Mundo antediluviano” (1883 - Harper & Brothers, Franklin Square - New York). El libro tiene gran acogida de público (fue reeditado hasta 1976), en una época en la que el avance de la ciencia permite aparecer seductoramente verosímil la hipótesis que plantea. Tanto es así, que el gobierno británico organiza una expedición a las islas Azores, lugar donde el escritor sitúa la Atlántida.
“El enigma de la Atlántida”
El historietista belga Edgar P. Jacobs (1904 - 1987), publica en el periódico “Le Journal Tintin”, entre el 19 de octubre de 1955 y el 19 de diciembre de 1956, “El enigma de la Atlántida”, la cuarta aventura del capitán Francis Blake y el profesor Philip Mortimer, protagonistas de la serie de cómic “Blake & Mortimer”.
Jacobs retoma la hipótesis de Ignatius Donnelly y comienza su historieta en “Saô Miguel” (la isla verde) “el lugar más famoso del archipiélago de las Azores”, donde el profesor Mortimer, “siempre en pos de lo imprevisto y de nuevas aventuras”, ha venido a pasar algunas semanas de vacaciones.
Philip ha alquilado una casa en Furnas, la “Quinta do Pico”, desde donde ha comenzado a explorar los valles y desfiladeros próximos a ésta zona volcánica. En uno de sus paseos ha hecho un asombroso descubrimiento, “tan asombroso, que inmediatamente llama a su amigo, el capitán Francis Blake”.
Philip va en un viejo Ford de alquiler a la Terminal del aeropuerto internacional de Santa Ana, a recibir a su amigo Francis… pero, cosas extrañas suceden: un hombre acecha la salida de los viajeros… y otros dos manipulan en el depósito de carburante del viejo Ford… y Francis informa a Philip que le han robado la carta que le envió, en la que le informaba de su descubrimiento…
Philip y Francis suben al viejo Ford… tres cuartos de hora largos, les separan de la Casa de Furnas…
… al llegar a una bifurcación, han seguido por un atajo más solitario y menos frecuentado. Pronto anochecerá. Poco después, el motor hace unos ruidos extraños y el coche se detiene… … Philip abre el capó y comprueba que alguien ha saboteado el coche: por el estado de una bujía… hay azúcar en la gasolina…
… mientras regresan a pié hacia la carretera principal, en la “Quinta do Pico”, un enmascarado, después de dejar sin sentido a Zarco (el mayordomo de Philip), inspecciona, habitación por habitación, con una linterna y una caja alargada…
… al llegar junto a un acuario… la caja alargada emite un curioso ruido: TOP - TOP - TOP… … el enmascarado mete el brazo en el agua y hurga entre la arena y los guijarros del fondo del acuario… pero, cuando lanza un grito de triunfo: ¡¡ya lo tengo!!... una risita a su espalda, le hace soltar el objeto… … en el umbral de la puerta, hay una extraña silueta… Y cuando el enmascarado va a empujar su revólver… un haz luminoso, le golpea y le hace caer, inerte… … en esos momentos, un camión se detiene junto a la verja del jardín, y bajan Philip y Francis… oyen un débil gemido tras un matorral y encuentran al pobre Zarco, cuando una figura humana salta desde una ventana del primer piso a la terraza y se dirige al callejón posterior… Philip y Francis le persiguen… pero se quedan petrificados: con un ligero silbido, un extraño ingenio atraviesa el espacio a la velocidad del rayo… ¡¡y desaparece!!.
Al día siguiente, el diario local “A Mundial” informa del “EXTRAÑO ASALTO EN LA QUINTA DO PICO”. La noticia la leen en una habitación del Hotel Central en Punta Delgado, el enmascarado, que no es otro que el coronel Olrik, el escurridizo aventurero, eterno adversario de Blake y Mortimer; y Ostrog (representante del Gobierno que le ha encargado a Olrik conseguir el objeto del asombroso descubrimiento de Philip). Y en la Quinta do Pico, Philip le explica a Francis la ubicación del lugar donde hizo su descubrimiento: en los alrededores de Povoaçâo, en una gruta profunda: “O Foro do Diabo”...
… Philip bajó al abismo, en compañía de un guía, Pepe… Y tras cruzar, galerías, salas inmensas, pozos y gateras, dieron media vuelta al llegar a un obstáculo insalvable, un lago… en el camino de vuelta hacia la entrada de la gruta, a Philip le llama la atención una extraña concreción en una pared… la arranca y la guarda en su mochila. Al regresar a la “Quinta do Pico”, examina su hallazgo, pero no puede identificar al mineral… que es luminiscente en la oscuridad y radiactivo… lo que le hizo pensar en el oricalco (¡el misterioso metal de los atlantes, tan valioso como el oro!). Francis y Philip deciden preparar una detallada exploración de la gruta “O Foro do Diabo”, con la ayuda del guía, Pepe. Cinco días más tarde, al amanecer, viajan por la carretera de Povoaçao. Los preparativos de la expedición ya se han llevado a cabo pero, para despistar a los periodistas y a los eventuales espías, a Pepe se le ha encargado que reúna el material y los porteadores en un lugar secreto. Sin embargo, en ese instante, Pepe tiene una curiosa conversación con tres hombres disfrazados de campesinos… y uno de ellos, no es otro que Olrik, que dice llamarse Luís.
Cinco minutos más tarde, Francis y Philip se encuentran con Pepe y los porteadores, y después de ocultar el coche, la caravana se pone en marcha, dejando atrás el hermoso valle de Furnas.
Pero, ni Francis ni Philip sospechan que uno de los porteadores mantiene contacto por “walkie - talkie” con dos personajes ocultos, a pocos kilómetros, en una cabaña de pastor… Y, a media mañana, después de una fatigosa marcha, el grupo llega a la entrada de la gruta. Montan el campamento y una vez equipados de todo el material necesario (y hasta un rollo de hilo telefónico), Francis, Philip y Luís (Olrik), penetran en su interior, descendiendo por una escala metálica para escalada. Pepe se queda en el campamento, para, si se produce un cambio en el tiempo, avisarles inmediatamente. Tras descender unos cincuenta metros, llegan a una zona de derrumbamientos. Al llegar al fondo de ésta primera sala, descienden por un estrecho pozo, por el que acceden a un nivel inferior… Philip enciende una lámpara de magnesio y se ilumina una inmensa sala: ante ellos se despliega un fantástico caos de rocas titánicas, entre las que emanan chorros de vapores sulfurosos… es lo que los lugareños llaman “As caldeiras do Inferno”... que, en tiempo húmedo o tormentoso son muy peligrosas porque los opacos vapores llenan toda la gruta, haciendo imposible la visión y la orientación y el aire se vuelve irrespirable… Continúan avanzando hasta llegar al final de la gran sala. Ascienden hasta la entrada de una estrecha gatera… el avance es duro y laborioso: con los rostros crispados por el esfuerzo, oprimidos el pecho y los hombros, con los cascos rascando el techo, luchan reptando, hasta alcanzar la salida de la gatera… han accedido a la gran plataforma rocosa de una gran cueva de gigantescas estalagmitas y estalactitas, y bajo ellos divisan un lago de aguas transparentes…
Pepe les informa, a través de la línea telefónica, que el tiempo está cambiando y se acerca una niebla repentina… y que les mantendrá informados…
Francis y Philip descienden hasta la orilla del lago y proceden a inflar dos pequeños botes neumáticos, para después montarse en ellos y empezar a inspeccionar la zona, con la ayuda del contador Geiger. Luís (Olrik) se ha quedado sobre la gran plataforma rocosa y atiende la llamada telefónica de Pepe: “¡Ha estallado la tormenta! ¡Tienen que regresar sin perder un segundo! ¡Los vapores! ¡Los vapores!”.
Mientras tanto, Francis y Philip han encontrado una gran muestra del misterioso mineral… la meten en un saco y Luís, tirando de la cuerda, la sube hasta la plataforma rocosa… y, como un demonio, Olrik corta con un cuchillo la cuerda y la escala… se quita el disfraz y grita: “¡Ja, ja, ja, ¿no me reconocéis amigos? ¡¡Coronel Olrik, para servirles!!”.
Impactados por la sorprendente reaparición de su irreductible enemigo, se quedan petrificados… Y Olrik, rápidamente, dá media vuelta y se introduce en la entrada de la angosta gatera… pero, cuando llega a la gran sala de “As caldeiras do Inferno”, ve que debido a la tormenta, la gruta se está llenado de vapòres sofocantes… pero, tiene el hilo telefónico para orientarse…
NOTA: Las aventuras de Blake y Mortimer en “El enigma de la Atlántida”, continúan de forma fantástica y vertiginosa… y no es mi intención “reventar” su bonita y detallada narración, sino que invito al lector/a a hacerlo… Tan sólo, voy a relatar los instantes finales de su aventura:
“Desde abajo, la voz presurosa del príncipe Ícaro les devuelve bruscamente a la realidad: ¡Deprisa amigos, desembarcad! ¡El agua invade ya la central de mandos! … el sumergible se ha aproximado a la orilla. Nuestros amigos obedecen de inmediato…. Mientras, que indecisos, se quedan en la orilla, la voz del príncipe les llega por última vez: ¡Subid a las montañas vecinas y esperad!. Si a la novena hora no ha ocurrido nada… será que habremos fracasado en nuestro último intento… Y ahora, definitivamente… ¡Adiós!... los dos compañeros suben por el sendero escarpado que se abre ante ellos. Después de un duro ascenso Blake y Mortimer han llegado al lugar que el príncipe Ícaro ha dicho. Allí, agotados, se sientan en la hierba observando, mudos y graves, el misterioso lago que se extiende a sus pies. Con sordo fragor, el suelo se estremece bajo la acción de las fuerzas gigantes que trastornan las entrañas de la Tierra… el agua, amenazadora, ha empezado a hervir y, bruscamente, el lago entero, se levanta como un gigantesco geiser espumoso a una prodigiosa altura… se inmoviliza un segundo… y después, de golpe, cae en su lecho y, como aspirado, se vacía por el fondo con espantosos silbidos… ¡Dios mío! ¿Qué ocurre?... ¡La Atlántida acaba de hundirse! ¡¡Están perdidos!!. … Pero, en el mismo segundo, desde el fondo del cráter, surge un terrorífico rugido, y desde su escondite abisal, el primer ingenio espacial se alza hacia el cielo: ¡Es la astronave insignia que conduce el Basileus, quien parte a la cabeza de su pueblo!. … Después, a un ritmo enloquecido, siguen todas las unidades que componen esta fantástica escuadra y que saltan a su vez hacia la bóveda estrellada. Y mientras que viajando en sus prodigiosos aparatos, los atlantes se adentran en el insondable espacio hacia su nuevo destino… “.
Colofón
Charles de Bourbourg (1814 - 1874, sacerdote francés) recopila textos mesoamericanos y relaciona la civilización maya con una Atlántida real. Los escritos de Bourbourg inspiran a Augustus Le Plongeon (1825 - 1908), un arqueólogo británico - americano que intenta encontrar la Atlántida en Yucatán a finales del siglo XIX. Para Flint Dibble, arqueólogo e investigador Marie-Sklodowska Curie de la Universidad de Cardiff (Reino Unido) la búsqueda del continente perdido de La Atlántida “puede ser un entretenimiento para algunos, pero para otros es una puerta de entrada a teorías conspirativas aún más oscuras”. Los investigadores dicen que La Atlántida podría ser una isla del mar Mediterráneo o del océano Atlántico. En el Mediterráneo, se piensa que la Atlántida pudo estar en la isla italiana de Santorini, cuya civilización era muy avanzada y sabemos que desapareció con la erupción de un terrible volcán. Pero la mayoría de los investigadores piensan que se trata de un continente entero que debió hundirse más allá de las islas Canarias y las Azores. Pero también hay otra teoría que nos dice que, quizá, la Atlántida estuvo en el sur de España, concretamente en la provincia de Huelva y en contacto con una antigua civilización que allí habitó y que se conoce como Tartessos. Según el investigador norteamericano Richard Freund (arqueólogo de la Universidad de Hartford, Connecticut, EEUU) parte de la Atlántida podría ser el territorio del suroeste de España (que hoy ocupa la provincia el Coto de Doñana), anterior a la legendaria civilización de Tartessos, pero con muchas conexiones con ella y habría sido destruida por un tsunami… y los supervivientes del tsunami se habrían reestablecido en zonas más interiores, de lo que son hoy las provincias de Cádiz, Sevilla y Badajoz. En el año 2009, el diario británico “The Telegraph” publica una noticia de la que se hacen eco medios de todo el mundo: el ingeniero aeronáutico Bernie Bamford (de Chester) había encontrado, mientras utilizaba “Google Ocean” (herramienta geográfica marina integrada en Google Earth) los restos de lo que parecía una gigantesca ciudad, de más de 160 kilómetros de ancho y sumergida a unos 5 kilómetros de profundidad. Por su ubicación, entre las islas Canarias y la Dorsal Mesoatlántica, quizá podría tratarse de… La Atlántida…
3 Comentarios
Alain Valade
18/8/2025 07:59:03 pm
Estamos dando vueltas pourque el problema se esta abordando desde una perspectiva errònea ; Platòn es une mala referencia . Solo Solon es confiable , ya que es la fuente de la informacìon .
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16/12/2025 02:31:20 pm
Posiciòn geografica de Atlantis en mi opiniòn : 38,020/-26,405
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Alain Valade
6/1/2026 04:57:46 pm
Hacer : ``coordonnees de l`atlantide`` = Google Ocean a dit.......= 4 comentarios explosivos ! Gracìas
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AutorAntonio Gómez Romera, ése soy yo. Entradas
Agosto 2026
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