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Prólogo
“En la vida militar no existe el término sombrero para definir a la prenda que sobre la cabeza se lleva sino algo mucho más generalizado aplicable a casi cualquier cosa que se lleve sobre la testa: prenda de cabeza. Sombrero militar, ros, gorra de plato, gorra de montaña, gorro, gorrillo, chambergo, gorro Lepanto, tarbuch, teresiana, chapiri, boina, casco, tricornio, bicornio, gorro isabelino, gorro de montaña, gorro ruso o ushanka…, en fin diversidad de nombres y modelos que cualquiera de ellos encaja como prenda de cabeza (...) Como parte del uniforme militar la prenda de cabeza no surge hasta el siglo XVII cuando se impone en los ejércitos para diferenciarse entre ellos y del resto de ciudadanos”. Rafael Dávila Álvarez, General de División (R.), “La prenda de cabeza en los Ejércitos de España” (2018).
“Lepanto”, sombrero de la Marinería
Hace ya casi 43 años (enero de 1982) me incorporé a la Armada Española, para cumplir con el Servicio Militar (entonces obligatorio). Me desplacé desde mi pueblo, Salobreña (Granada) hasta la Comandancia Naval de Almería (Parque de Nicolás Salmerón, 4), lugar donde me habían oficialmente citado; y de allí, en autobús, junto a los demás reclutas de mi reemplazo (1/1982), volví a pasar frente al blanqueado casco urbano de mi pueblo, camino de San Fernando (Cádiz), para incorporarme al Cuartel de Instrucción de Marinería (CIM), con una capacidad para 1.500 personas en Instrucción y 435 de dotación permanente para su mantenimiento y custodia.
Nada más entrar en el cuartel, leí dos “Lemas” que me llamaron la atención y de los que tomé nota: "Tu porte y saludo son exponentes de tu espíritu militar" decía uno… y "Todo lo grande del mundo está hecho a la voz del deber" decía el otro… accedía a un nuevo mundo para mí, el “mundo militar”... Nota: El recluta pasa a ser marinero en el momento de la Jura de la Bandera, que en mi caso tuvo lugar el sábado, 20 de febrero de 1982.
Tras leernos las “Leyes Penales”... la ducha (con agua fría… en enero), el pelado (al cero) y el paso por la enfermería (para inyectarnos unas cuantas vacunas), pasamos a recoger el petate con todo el material (de ropa y calzado) que íbamos a necesitar durante los 18 meses siguientes… incluido el “Lepanto”...
… en la Armada española se conoce por el nombre de «Lepanto» al típico gorro que usan los marineros como prenda de cabeza en su uniformidad reglamentaria. Nota: «Lepanto» es el nombre popular en la jerga de la Marina, no una denominación oficial. El sombrero de la marinería se denomina en francés, “bonnet de matelot” o “bonnet de marin”; en italiano “berretto a marinaio”; en portugués, “chapéu de Marinha”; en rumano “caschetă” o “beret” (que también designa la boina); en inglés, “sailor cap”; en alemán, “Bordmütze” o “Matrosenmütze”; en ruso, “beskozyrka”...
Si bien se puede pensar que su origen se debe al recuerdo y memoria de la famosa Batalla de Lepanto: acaecida el 7 de octubre de 1571, en el golfo de Patras (Peloponeso, Grecia) y en la que la flota cristiana («Liga Santa») venció a la escuadra de los turcos otomanos, lo cierto es que no es esa la causa de su nombre…
… que, en realidad, se debe al “Lepanto”, un crucero protegido de la Clase Reina Regente que en la primera decena del siglo XX funcionó como “Escuela de Aplicación o práctica de Artillería, máquinas y torpedos” para marineros en la Base Naval de Cartagena (Real Decreto 18 mayo 1900).
En aquellos tiempos, se piensa en renovar algunos elementos de la uniformidad para la marinería, dándoles un aspecto más moderno, cómodo y funcional; entre ellos la prenda de cabeza. Se decide hacer un gorro más rígido, con más cuerpo, similar a la gorra de plato, pero sin visera, y se les da a probar a los marineros del «Barco - Escuela crucero Lepanto» (unos 300 a borco)... al Comandante Albacete y Fuster le parece ideal el nuevo modelo y en su informe (favorable) por escrito lo denomina «gorro tipo Lepanto».
A partir de entonces y con el paso del tiempo, la denominación «Lepanto» se populariza en toda España.
También se conoce así, a las famosas «cintas de Lepanto», aunque el origen de estas cintas que portan los nombres de los buques y dependencias de la Armada es mucho más antiguo, pues se remontan al año 1844: “una cinta de seda negra con el nombre del buque”, la cual “estará escrita en letras minúsculas de carácter inglés (mayúscula la inicial)…” y que será usada “con el sombrero y con el gorro” (literal del Reglamento de Uniformidad). Hoy en día se siguen utilizando para identificar la unidad a flote o en tierra de quien la porta en su “Lepanto”. La «cinta de Lepanto» que conservo es la de mi destino definitivo, la Base Naval de Rota (“B.N. Rota”), donde me incorporé el jueves 25 de febrero de 1982, prestando servicio en el Detall (Oficina) de la Base Naval, hasta mi licenciamiento (a finales de junio de 1983).
Nota Curiosa: La Corporación Municipal de San Fernando (Cádiz) emitió una queja (noviembre 1990) ante el AJEMA (Almirante Jefe de Estado Mayor de la Armada): que no admitía que la dotación del Cuartel de Instrucción de Marinería, si estaba en su localidad, llevara en sus gorros la inscripción “C.I.M. CADIZ”... La queja fue admitida (julio 1991) y se ordenó la desaparición de la citada cinta, a la vez que se dispuso que en lo sucesivo, la cinta de la marinería de esa dependencia debería llevar la leyenda “C.I.M. SAN FERNANDO”.
La marinería rusa es la primera en adoptar un gorro de plato similar (1811), aunque realmente su morfología actual proviene de la establecida por la “Royal Navy” británica (1857) para regular el uniforme de su marinería, imitando el gorro de plato que ya portan sus oficiales. Desde mediados del siglo XIX, prácticamente todas las Armadas del mundo «copian» el gorro marinero británico… y, desde entonces, se populariza su uso y se convierte en el elemento más emblemático de la uniformidad naval… Sin olvidar el gracioso hecho de que la nueva prenda reglamentaria, y con todos sus detalles, incluidas las cintas, se incorporó a la moda de vestir a los niños, para hacer la Primera Comunión, vestidos de marineros.
Manuel González de Canales Moyano, “Disertaciones sobre el uniforme de marinero” (Revista General de Marina, noviembre 2019): “Para buscar el origen del lepanto hay que remontarse a 1808, cuando las Ordenanzas de la Armada de Escaño señalan, como condición para la prenda de cabeza (Orden 4 septiembre 1808), «… que con los vientos no se vaya al agua». Posteriormente, en 1844, se adornó el sombrero «… con una cinta negra de más de pulgada de ancho, en que este escrito el nombre del buque con las letras amarillas». Llegados a 1865 hubo intentos de sustituir el sombrero por una gorra de plato de paño azul sin visera (Real Orden 18 enero y 8 agosto 1865). La nueva prenda parecía una evolución de la boina. Para verano la gorra de plato disponía de una funda blanca de lienzo. La cinta con el nombre del buque debía de ir por encima. Este es el origen del color blanco de nuestro lepanto actual. Para probar el nuevo modelo de gorro se les proporcionó a los alumnos de la Escuela de Artillería y Torpedistas, que por entonces estaba embarcada en el crucero protegido Lepanto. Posteriormente se instauró definitivamente para toda la Armada, popularizándose con el nombre del buque donde había sido probada. Avanzado 1885 se declaró de utilidad un nuevo modelo de gorro de paño, de un fabricante de Tolosa (Real Orden 17 abril 1885). Visualmente era parecido al que se llevaba, pero con la gran novedad de que interiormente se le introdujo un aro que armaba el ala. Mucho más cercano a nuestro lepanto es el instaurado en 1921, tipo inglés modelo Meso Green (Real Orden 18 octubre 1921) con su funda «... de pique de algodón blanco, tejido muy tupido y labrado en forma de rayadillos». Era muy similar al actual, aunque un poco más bajo y de mejor calidad. Me atrevo a insinuar que este lepanto fue el primero que se podría bailar. Luego la costumbre de hacer girar el lepanto sobre el índice puede tener casi un siglo. Imaginemos ahora a nuestro contramaestre de los de antes con su bigotón.
—¡Al que vea bailar el lepanto me lo crujo! Durante la Segunda República hubo un intento de establecer el gorro tipo plátano. Este llevaba como distintivo de la Marinería las tres trencillas en blanco, borlón del mismo color y la cinta del nombre del buque o unidad. Finalizada la guerra al lepanto se le dio más altura y se le redujo el plato. A partir de entonces hasta nuestros días el gorro ha mantenido su patrón, aunque ha ido empeorando su calidad en favor de una mayor resistencia. En 1973 culmina el deterioro progresivo de la calidad con la inclusión de los materiales sintéticos. Por entonces, ya es el pedazo de plástico que conocemos compuesto por (O. M. 405/73, de 18 de junio - Diario Oficial número 140): «… por una pieza de plástico inyectado —esparterí—, de distinto tamaño para cada talla a la cual se coserá el tejido blanco plastificado que constituye el plato. La cintura así mismo será de material sintético.» Actualmente, el lepanto sigue siendo el responsable de marcar la frente de cuarteleros. Es una prenda que ha perdido toda su funcionalidad y no protege del sol en verano ni abriga en invierno. En contraposición la prenda de cabeza del personal femenino todavía es un sombrero al uso”.
Colofón
Un par de semanas estuvimos recluidos dentro del perímetro del Cuartel de Instrucción de Marinería (CIM) de San Fernando, haciendo diariamente instrucción militar (en el gran patio… de cara al Desfile de la Jura de Bandera) y recibiendo formación teórica (en las aulas) y práctica (en los caños con los botes, en el barco “Eco” -de hormigón armado- y en el palo de maniobras)... dando tiempo a que el rapado pelo nos creciera… y ser autorizados a poder salir, por primera vez, calzados con las lustrosas y enceradas botas; vestidos con el abrigado uniforme de invierno (azul marino) y nuestro blanco e inmaculado “Lepanto”... a recorrer las calles del casco urbano de San Fernando… y comernos el primer “papelón” de pescaíto frito… quién pudiera volver atrás en el tiempo y sentir esa sensación de “libertad temporal”... aunque sólo fuera para notar que me volvía a crecer el flequillo…
2 Comentarios
Inma V. B.
15/12/2024 02:55:19 am
Una historia de un pasado reciente: el servicio militar..y un privilegio servir para la marina..Interesante la historia del lepanto...y por supuesto la película de Landa, en su tiempo famosa.....muy agradable de leer.
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Damián
23/7/2025 09:29:46 pm
Lo viví todo tal y como lo cuentas. Fui de Granada a Almería y de allí a San Fernando. 5°/79
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AutorAntonio Gómez Romera, ése soy yo. Entradas
Agosto 2026
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