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El Padul (Granada), del jueves, 30 de Mayo al domingo, 2 de Junio de 2024. Éste articulito se lo dedico a mi amigo y compañero de trabajo (en Caja Granada, “La General”), ALBERTO JIMÉNEZ COLLANTES, que me animó a escribirlo. Prólogo “Los Cristobicos” o “Los títeres de Cachiporra. Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita. Farsa guiñolesca en seis cuadros y una advertencia” (1922) del poeta y dramaturgo Federico García Lorca (1898 - 1936), comienzan, así: “¡Hombres y mujeres! Atención. Niño, cierra esa boquita, y tú, muchacha, siéntate con cien mil de a caballo. Callad, para que el silencio se quede más clarito, como si estuviese en su misma fuente. Callad, para que se asiente el barrillo de las últimas conversaciones (Tambor). Yo y mi compañía venimos del teatro de los burgueses, del teatro de los condeses y de los marqueses, un teatro de oro y cristales, donde los hombres van a dormirse y las señoras… a dormirse también. Yo y mi compañía estábamos encerrados. No os podéis imaginar qué pena teníamos. Pero un día ví por el agujerito de la puerta una estrella que temblaba como una fresca violeta de luz. Abrí mi ojo todo lo que pude -me lo quería cerrar el dedo del viento- y bajo la estrella, un ancho río sonreía surcado por lentas barcas. Entonces yo avisé a mis amigos, y huimos por esos campos en busca de la gente sencilla, para mostrarles las cosas, las cosillas y las cositillas del mundo; bajo la luna verde de las montañas, bajo la luna rosa de las playas. Ahora que sale la luna y las luciérnagas huyen lerntamiente a sus cuevecitas, va a dar comienzo la gran función titulada “Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita”... Preparaos a sufrir el genio del puñeterillo Cristóbal y a llorar las ternezas de la señá Rosita que, a más de mujer, es una avefría sobre la charca, una delicada pajarita de las nieves. ¡A empezar! (Hace mutis, pero vuelve corriendo). Y ahora… ¡viento!: abanica tanto rostro asombrado, llévate los suspiros por encima de aquella sierra y limpia las lágrimas nuevas en los ojos de las niñas sin novio”. Títeres de Cachiporra - Cristobicos Un títere (o una marioneta) es una figura o muñeco de trapo, madera o cualquier otro material, usado para representar obras de teatro. Dice el Diccionario de la Real Academia Española de la palabra “títere”: “De or. onomat. 1. m. Muñeco que se mueve por medio de hilos u otro procedimiento. 6. m. pl. Teatro representado con títeres. 7. m. pl. Espectáculo consistente en títeres, acrobacias y otros ejercicios de carácter circense, generalmente realizado por artistas ambulantes y al aire libre”. Títeres de cachiporra es el nombre popular que reciben en España los muñecos de guante del teatro de guiñol. El origen de este nombre viene de la porra o cachiporra que el protagonista de las historias utiliza para defenderse o atacar a sus contrincantes durante una representación teatral. Ya, el gran Miguel de Cervantes Saavedra (1547 - 1616), se refiere a esta forma teatral en dos ocasiones: en “El retablo de las maravillas”, entremés de 1615, y en los capítulos XXV y XXVI de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, publicada aquel mismo año. Así escribe el pasaje que discurre en el Retablo de títeres de Maese Pedro: "Y, diciendo y haciendo, desenvainó la espada y de un brinco se puso junto al retablo, y con acelerada y nunca vista furia comenzó a llover cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando a unos, descabezando a otros, estropeando a éste, destrozando a aquél, y, entre otros muchos, tiró un altibajo tal, que si maese Pedro no se abaja, se encoge y agazapa, le cercenara la cabeza con más facilidad que si fuera hecha de masa de mazapán”. Verano de 1921. Madrid. Federico habla con el compositor, crítico, musicólogo y periodista Adolfo Salazar y Roiz de Palacios (1890 - 1958) sobre la posibilidad de colaborar en el intento de resucitar la tradición popular de los títeres de cachiporra. En Asquerosa (anejo de Pinos Puente, Granada; hoy, Valderrubio), pregunta a los vecinos acerca de aquel teatro popular (de niño, en Fuente Vaqueros, había quedado fascinado, maravillado con esas representaciones). Gracias al recuerdo de los viejos del lugar, recupera personajes, como la figura de Cristóbal Polichinela, Cristobita o Cristobica… dándole valor literario a esa tradición titiritera. Este es el punto de partida de su “Tragicomedia…”. En ésta época, colabora con su amigo, el compositor Manuel de Falla Matheu (1876 - 1946), investigando en los géneros musicales populares y organizando el “Concurso de Cante Jondo”, que se va a celebrar durante las Fiestas del Corpus, del año siguiente: 13 y 14 de Junio de 1922. Comienza a escribir el texto de su “Tragicomedia…”, incorporando personajes típicos, canciones populares y diálogos ingeniosos (propios de los labradores de la Vega de Granada). Tiene proyectado, llevar un teatro de títeres por los pueblos de la Alpujarra con Falla. Nota: Finalmente, el proyecto de viajar a los pueblos de la Alpujarra con su teatro de títeres, no se lleva a cabo, porque Federico decide terminar su carrera de Derecho. Durante el Verano de 1922, Federico pasa las vacaciones con su familia en Asquerosa y el 5 de Agosto, termina el borrador de su “Farsa”. En el primer cuadro, Rosita borda y su padre se queja de su situación económica. Para solucionar el problema, le propone casarla y Rosita se alegra creyendo que el afortunado va a ser su novio Cocoliche. Pero el padre ha pactado el matrimonio con Cristobita (un viejo bruto, caracterizado con la tradicional porra), a cambio de saldar una deuda. Cuando Rosita se entera, se indigna, pero acaba aceptando la situación. En el segundo cuadro, se entera Cocoliche y se va a la taberna con unos mozos. Mientras, Cristobita y el padre cierran el trato, no sin sentir éste, dudas y remordimientos. En el tercer cuadro, se encuentran en la taberna a Currito (el del Puerto), un antiguo novio de Rosita (que la dejó para irse a ver mundo). En el cuarto, Mosquito describe cómo se siente Rosita. El joven, Currito, planea verla ocupando el lugar del zapatero (Cansa Almas) que va a probarle los zapatos de su boda. En el quinto, se prepara Cristobita para la boda… y en el cuadro sexto y último, Rosita se queja (“¡Todo se ha perdido! Todo! Voy al suplicio como fue Marianita Pineda. Ella tuvo una gargantilla de hierro en sus bodas con la muerte, y yo tendré un collar… un collar de don Cristobita. (Llora y canta.)”, cuando aparece Currito, a quien ella ya no quiere. Ante la llegada de Cristobita, encierra a Currito en un armario (con celosías claras en la parte superior). Cocoliche aparece por una ventana y acaba encerrado con Currito en el armario. Al final… se descubre a los dos jóvenes ocultos, Currito clava un puñal en el pecho a Cristobita y Rosita y Cocoliche son de nuevo libres para vivir su amor. Cocoliche: “Ahora siento mi pecho lleno de cascabeles, lleno de corazoncillos. Parezco un campo de flores”. Rosita: “Para ti serán mis lágrimas y mis besitos, ¡que eres un clavel!". Cocoliche y Rosita, quedan abrazados. Telón. Federico quiere hacer un regalo a su hermana pequeña Isabel (1909 - 2002), para el próximo Día de Reyes. Y propone a sus amigos, Falla y Hermenegildo Lanz González (1893 - 1949, catedrático de Dibujo en la Escuela Normal y artista polifacético), montar en su casa familiar, en el nº 31 de la Acera del Casino, la representación de su obra de Títeres de Cachiporra. Y ambos aceptan. Falla, va a seleccionar las piezas musicales y Hermenegildo hará de escenógrafo, escultor / tallador y titiritero… y, todos, se ponen, manos a la obra… Granada. Casa de la familia Lorca. Sábado, 6 de Enero de 1923. Día de los Reyes Magos. Ya está todo preparado: Federico ha elegido para representarse en el teatrico de títeres de cachiporra: “Los dos habladores” (entremés atribuido a Miguel de Cervantes), una adaptación suya del cuento popular “La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón” (en tres estampas y un cromo) y el Auto Sacramental “Misterio de los Reyes Magos”, pieza anónima de los siglos XII - XIII. Manuel ha seleccionado el programa musical (con obras de Isaac Albéniz, Claude Debussy, Maurice Ravel e Igor Stravinsky), realizado los arreglos (para clarinete, violín y piano) de algunas de la piezas escogidas (a modo de muestra, para el entremés de Cervantes, retoca dos piezas [Danza del Diablo y Vals] de la ‘Historia del soldado’ (1918) de Stravinsky… y para el “Auto de los Reyes Magos”, lo ha hecho con las Cantigas nº 60 y 65 de Alfonso X el Sabio, instrumentadas por el propio Falla para clarinete, violín, laúd y clavicémbalo) y va a participar en el espectáculo tocando el piano familiar de los Lorca (reconvertido por él, en clave) y contando con la colaboración de José Gómez (violín), Alfredo Baldrés (clarinete), y José Molina (laúd), y con las voces de las niñas Isabelita García Lorca y Laurita de los Ríos Giner. Y Hermenegildo, ha esculpido / tallado y pintado las cabezas de los títeres (protagonistas de la historia escrita por Federico) además de diseñar su vestuario; ha construido y montado el retablillo (con toda su escenografía y decorados); ha dibujado y recortado las (más de 100) figuras planas para el “Auto de los Reyes Magos” y va a manejar los títeres, en unión de Federico y su hermana Concha (1903 - 1962). Nota: Según dejó escrito Federico: “Falla, para dar algún eco de tonalidad antigua a los instrumentos, discurrió cubrir las cuerdas de nuestro piano de cola con papel de seda y, después de varias modificaciones, aquello sonaba algo a clavicémbalo, con el regocijo del maestro”. Vicenta Lorca Romero (1870 - 1959, madre de Federico) ha cortado y cosido los trajes de los títeres, diseñados por Hermenegildo. Se han impreso invitaciones a los asistentes a la pequeña fiesta privada familiar. A las 3 en punto de la tarde, se cierran las puertas de la sala y comienza la función… Colofón “Aunque muchos se empeñen aún en presentarla como una ingenua y doméstica fiesta infantil en casa de la familia García Lorca, aquella fue una obra de arte total, consciente y poderosa, tramada al detalle por sus tres protagonistas. Constituyó sin duda una aportación española a toda la oleada de vanguardia titiritera que acontecía por Europa en aquellos años, una chispa importante que impulsó el teatro de títeres entendido como arte y no solamente como atracción de feria popular. Esta vanguardia española, sin embargo, a diferencia de otras experiencias del centro del continente, no pretendía romper con lo pautado por la tradición, sino que renovaba la miraba sobre ésta y la reinterpretaba con nuevos aires. Se trató de una reivindicación culta de los Cristobicas populares desde los planos literario, musical y plástico” (Yanisbel Victoria Martínez, “Títeres de cachiporra en Granada” 2012). José Mora Guarnido (1894 - 1968) escribe en su crónica para “La Voz”, sobre la representación del Auto Sacramental: “Son ciento cincuenta figuras las que componen las diferentes escenas: los Reyes de Oriente y sus cortejos, la Corte de Herodes, la súplica de las madres desoladas por el decreto de degollación de los Inocentes… Todas ellas se mueven en un ambiente fantástico. O bajo un cielo azul intenso, en el cual brilla la estrella milagrosa del aviso, o un campo de quebradas perspectivas, árboles raros, cielo de oro y con una ciudad ideal al fondo, donde la caravana final de los Reyes se pierde, en tanto que se oyen villancicos lejanos”. Enrique Lanz San Román, nieto de Hermenegildo y director de la compañía Etcétera: “aquella función aparentemente ingenua tuvo una repercusión internacional poderosa (...) Fue la aportación española a las vanguardias dentro del movimiento titiritero que se estaba dando en otros países de Europa. Allí se utilizó por primera vez de forma escénica la técnica que ellos llamaron 'teatro planista' y que ahora se conoce como teatro de papel. Lo que era un juego de salón, ellos lo utilizaron como una nueva expresión escénica, y eso se extendió. Surgió aquí en Granada y no se le da ningún valor (...) Tenían una intención clara de utilizar el títere como herramienta para llevar al pueblo el arte con mayúsculas, los clásicos, la música contemporánea… “. Ana Arcas Espejo, “Los títeres y las marionetas en el contexto artístico de Manuel de Falla”: “El teatrito construido por Lanz mostraría en la parte frontal tres pavos reales de corte modernista, adornando los laterales dos jarrones que contienen la inscripción de “teatro de los niños”, de los que emergen flores esquematizadas que parecen libar dos libélulas. Este telón sería regalado por Lanz a Isabel García Lorca, algo que recordaría toda su vida”. Falla valora el estupendo trabajo de su amigo Hermenegildo y le encarga el diseño y tallado de los títeres y algunos escenarios de “El retablo de Maese Pedro”, para la representación en el palacio de su mecenas norteamericana, la princesa Edmond de Polignac (Winnaretta Singer, 1865 - 1943, hija y heredera del fundador de la Empresa fabricante de las máquinas de coser “Singer”), en la Avenida Henri Martin de París (Francia), el próximo lunes, 25 de Junio de 1923. Con motivo de la celebración del Centenario de la representación del teatrico de títeres de cachiporra, entre los meses de Abril de 2023 y Enero de 2024, el Centro Federico García Lorca ha acogido la exposición “Los títeres de Lorca, Lanz y Falla”, comisariada por Andrew A. Anderson. Nota Final Es curioso el aciago destino del espectacular triángulo artístico que formaron, en la Granada del primer tercio del siglo XX, Manuel de Falla Matheu, Federico García Lorca y Hermenegildo Lanz González. Los tres, unieron su genial imaginación para que la tradición del teatro de títeres de cachiporra diera el salto definitivo a lo culto y lo moderno. Y en ellos convergen, de manera atroz e inhumana, las tres formas que los vencedores de la Guerra Civil, impusieron a los vencidos: el exilio (Manuel), la muerte (Federico) y el silencio (Hermenegildo). Quede éste sencillo y humilde articulito en Memoria y Recuerdo de todos ellos.
2 Comentarios
Alberto Jiménez Collantes
4/6/2024 04:37:33 pm
Me ha gustado mucho este bonito y cariñoso artículo.
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Francisco Vaquero
4/6/2024 10:59:44 pm
Lo he leído con atención y me parece excelente. Aunque la primera vez que Federico ve un teatro de títeres de cachiporra es en la Plaza del pozo de Asquerosa. Tanto emociona a Federico la representación que al día siguiente hace que su madre vaya a Granada para comprarle al niño una marioneta y él poder manejarla a su libre albedrío. "Las cosas de las cosas", que diría Federico.
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AutorAntonio Gómez Romera, ése soy yo. Entradas
Agosto 2026
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