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Salobreña (Granada), del jueves 12 de septiembre, al sábado 12 de octubre de 2024. No se si la cabeza funciona así de rara o si, con la edad, las cosas se olvidan… o es algo peor y me está dando alguna extraña enfermedad mental… y se me están borrando mis primeros recuerdos, los de mi niñez… Hace ya un tiempo que lo voy notando… y me preocupa… por lo que… … Voy a hacer un agradable ejercicio, exprimir las neuronas y recordar la imagen de la gente de mi barrio: La Cañada (“La Cañá”) de Salobreña, donde me crié. Y, como lo escrito ahí queda… y es lo mejor para “refrescar” la Memoria… quiero traer a las páginas del Adarve los nombres de los niños/as y sus familias, de la década de 1.960, con los que yo convivía a diario, y, de antemano, pido perdón… por las lagunas y ausencias, achacables, sólo y exclusivamente a la “debilidad de mis neuronas del recuerdo”: Nota: Quedaría muy agradecido de la AYUDA de cualquier vecino/a de mi barrio, para ir “rellenando” esos “olvidos”... pues lo bueno que tiene la “virtualidad” del Adarve, es que lo puedo actualizar y modificar en cualquier momento y al instante… Mi dirección de correo electrónico es: [email protected]. Y doy de antemano las Gracias por cualquier cooperación y colaboración… para recuperar la “Memoria Colectiva” del barrio de “La Cañá”. Para ubicarnos en el espacio físico de “La Cañá”, tengo que decir que es una barriada extramuros de la Villa de Salobreña, situada en la ladera de la zona Este del promontorio rocoso donde se ubica la Villa. Desde cualquier punto de ella, se divisan primorosas y espectaculares vistas: De la Vega de Salobreña - Motril, de unos tonos verdes, exhuberantes. Amplia Vega de aluvión, creada por las aportaciones (a lo largo de centenares de años) del río Guadalfeo… se dice, que las mejores tierras de la Alpujarra… forman hoy, la Vega de Salobreña - Motril. Para leer sobre la Historia de mi pueblo y la formación de su Vega, pulsar aquí>>> Del espacio portuario de Motril. Para leer sobre su Historia, pulsar aquí>>> De las estribaciones de la Sierra de Lújar que descienden hacia la costa del mar Mediterráneo, con dos puntos que resaltan en su relieve: el Cerro del Conjuro, con las instalaciones del EVA 9 - MOTRIL (para leer mi articulito con motivo de su 53 aniversario, pulsar aquí>>>) y el Faro situado en los acantilados del Cerro del Chucho, en la Punta de Sacratif (municipio de Torrenueva Costa). El Faro viene prestando sus servicios marítimos desde hace 161 años (1863). Para leer sobre el Faro, pulsar aquí>>> De la clara luminosidad de su cielo y de las azuladas aguas de ésta preciosa zona del Mar Mediterráneo, conocida como Mar de Alborán… para leer sobre él, pulsar aquí>>> El barrio de “La Cañá” comenzó a construirse desordenadamente, sin plan, como se dice “a salto de mata”... en los inicios de la década de 1950. Dice el Diccionario de la Real Academia Española de la palabra “cañada”: “1. f. Espacio de tierra entre dos alturas poco distantes entre sí”, y así es, pues desde los 73 m.s.n.m. de altura del Castillo (Nazarí), “La Cañá” desciende hasta el pie de la peña, a unos 10 m.s.n.m. y comienza la Vega… donde, durante más de 1.000 años, se cultivó la caña de azúcar… la última zafra de la caña de azúcar, fue en el año 2005… y, por desgracia, he tenido que ver cómo ese cultivo milenario, parte de nuestra Cultura Local, ha desaparecido de estas tierras… “La Cañá” en sí, en su parte alta, forma un amplio semicírculo, por donde antiguamente se encontraban las murallas que defendían el casco urbano de la Villa: los barrios del Albayzín, del “pueblo” (zona central donde se encuentran la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario, nuestra Patrona, y la plaza del Ayuntamiento) y del Arrabal (donde aún quedan los restos de un antiguo torreón)... y ese semicírculo, conforme va descendiendo en altura, se va estrechando para converger todas sus aguas (que esporádicamente descargan las tormentas) en la calle del Rosario (oficialmente Nuestra Señora del Rosario). Desde el postigo que se abre en la bóveda, a los pies de la Iglesia Parroquial, el camino pedregoso descendía, zigzagueando por las laderas de “La Cañá”, hasta la explanada donde se encontraba el edificio del Mercado Municipal (que ya hoy, no existe). Junto al Mercado había un alto muro de contención, conocido popularmente, como “El Hoyo”, pues aún, no estaba relleno… y con el tiempo, se rellenó de tierra, se asfaltó y se utilizó como zona de aparcamiento para el Mercado. Tras ese muro de contención, se construyeron, ladera abajo, las casas sindicales de la calle del Rosario. Cuatro grupos de casas adosadas, dos inferiores y dos superiores, a cada lado de la calle… separados por la calle que pasaba junto a la fachada de mi casa y se dirigía hacia las casas de Juan XXIII, popularmente conocidas por las “casas del cura” (Don Fausto Rodríguez Liñán), que “haciendo una zeta”, subían hacia el antiguo Panteón y el barrio del Albayzín. En las Fiestas Patronales de Nuestra Señora la Virgen del Rosario, cada 7 de octubre, la Romería pasaba por la zona baja de mi barrio, camino de la playa... y, a la Fiesta... no faltaba nadie... NOTA: Los textos en color azul, son de mi hermana Lourdes. Y los de color rojo, de mi hermana Rosi. Gracias, hermanas, por vuestra ayuda… Voy a hacer una relación de personas, por orden de proximidad a mi casa: Durante un corto tiempo, vivieron en una parte del bajo de mi casa (que mis padres arreglaron como “casilla”), mi tía Socorro (hermana de mi madre, Magdalena Romera Cervilla) y su marido, mi tío Flores (Montilla González, con sus hijas: Socorrito y Patricia (después nacería Anabel, ya en Valencia). Durante algunos años estuvo viviendo en la parte baja de la casa, donde las mujeres se ponían a coser, la tita Trinidad, hermana de la abuela Filomena, que estaba chocheando la pobre, hacía bolas con sus propios excrementos y se los tiraba a la gente por la ventana, tenía una nariz muy ancha y siempre estaba riendo. En la casa de al lado, a la izquierda (saliendo por la puerta de mi casa) vivįan mi “tío” Lorenzo Rodríguez Pulido y mi “tía” Carmela Estévez González (parientes de mi padre). Y sus hijos: Lorenzo, Adriana, Pili y Juan. Lorenzo hijo (carpintero) se casó con Emilia (de La Caleta) y tuvieron 3 hijos: Lorencito, Mari Carmen y Juan. Adriana se casó con Manolo (el cocinero) y se fueron a vivir/trabajar en la Costa del Sol malagueña (no se cuantos hijos tuvieron, creo que dos niñas). Pili se casó con Fernando, el hijo de Fernandito Vinuesa (no sé el nombre de sus hijos, pero pueden ser Fernando y Pili). Juan estudió Magisterio y le gustaba nadar/bucear y coger pulpos; se casó con su novia (no recuerdo su nombre, Ana, puede ser). Al lado, vivían Periquito López López y Adorita Ramón, con sus cuatro hijos (2 niñas y 2 niños). María Isabel, la mayor, que estudió Medicina, y Pedro, el siguiente; después María Victoria (Doctora en Ciencias Químicas y Profesora en el Departamento de Química Inorgánica y Orgánica de la Facultad de Ciencias Experimentales de la Universidad de Jaén) y el más pequeño, Dani. Justo debajo de mi casa, al otro lado de la calle, vivían José el arriero (Ortega) y Emilia Martín. Tenían 3 hijos: José Luís (que era un poco menor que yo y estudió Magisterio), Manolo y Lourdes. En la época de la monda (zafra), José se ponía por las tardes, cuando regresaba del campo, tras una larga jornada laboral, delante de su casa y frente a la cuadra, y le picaba a los dos mulos que tenía, en el picador (un gran tronco de madera) y con la piqueta, los cabos de las cañas de azúcar que había cargado hasta casa, como comida para las bestias. En la parte lateral de mi casa, en dirección hacia la calle Juan XXIII, vivían Antonio Morea y Consuelo Alonso, con sus hijos: José Antonio, Maria Angustias e Ignacio. En el hoyo, antes de llegar a las casas de Juan XXIII, vivía el gitano Agustinico y su larga familia de churumbeles. Ya pegando a las casas de Juan XXIII, a la derecha, vivía Manolico el de la Niñera (Mira Cano), el encargado para las tierras de don Antonio Martín Ruíz. Su mujer creo que era del Barranco Enmedio (pero no recuerdo su nombre). Su hijo mayor se llama Juan (como su abuelo y su tío) y es abogado. Le seguía Manolo, que murió muy joven. NOTA: Mi amigo Miguel Martín Pulido, me ha recordado que la mujer de Manolico se llamaba Paulina y que tenían tres hijos más: Antonio, Carmen y Paulina. Otilia, la de la tienda… No recuerdo si tenía hijos… Lucía (“la de las vacas”) Collado, tenía una hija: Mari Carmen. Después, a la izquierda, estaba la casa de mi tía Carmelina, casada con mi tío Gabriel (parientes de mi madre). Tenían 2 hijas: Carmen (que se casó con el americano (José Antonio) que era futbolista y jugó en el Motril C.F. y se fueron a vivir a Palma de Mallorca y después a Barcelona) y Adela. También en la parte izquierda de la calle Juan XXIII, estaba el bar de Paco Palomares González y su mujer, Pepa Murcia. Su hija se llamaba Josefina, que de jovencita tuvo, creo recordar, un accidente con aceite en la cocina, del que le quedó como secuela, unas feas cicatrices en las piernas. Paco estaba en el mostrador del bar, sirviendo bebidas a los “clientes-parroquianos” y su mujer estaba dentro, en una habitación aparte, preparando las tapas. Los domingos, papá me llevaba con él al bar, a tomarse unos vasillos de vino mosto y a jugar unas partidas de cartas o al dominó; y yo me tomaba una botella de Mirinda (gaseosa con gas y sabor a naranja) y bajo la chapa del tapón traía un ¿”aislante muy elástico “? que se quitaba del tapón con un palillo de dientes o la punta de un cuchillo o navaja...y traía, a modo de publicidad, fotos de la cabeza de jugadores de fútbol de la época… y otros venían con la palabra “Regalo”: y nos regalaban un disco de vinilo de 45 r.p.m. con 1 canción en cada cara… también había “discos-regalo” del coñac Fundador (“Estás como nunca...Estás como nunca...Estás como nunca… Fundador…”). En la casa teníamos muchos de esos discos con canciones de cantantes del momento, como Carmen Sevilla, los Tres Sudamericanos, Gelu, Raphael, etc. En la parte derecha de la calle Juan XXIII vivía Carmen “la ropona”, que era modista y también ponía las inyecciones. Y creo recordar que tenía 2 hijas; la mayor, de nombre Carmen, era muy guapa y tenía un novio que estaba haciendo la mili en la Marina (recuerdo verlo vestido de marinero, viniendo de permiso, calle arriba, cargando con el petate); de la hermana menor no recuerdo su nombre, pero era muy morena y “puro nervio”. Y un poco más allá vivía José el municipal (González Martín) y su mujer (no recuerdo el nombre, pero podría ser Carmen) que tenía un hijo mayor, José, que era Policía Nacional, las niñas Mari Carmen y Tere (oficialmente Rosario) y el hijo pequeño Miguel (que trabajó de mayor en la Gestoría de Paco Martín). En la parte alta de la calle Juan XXIII vivía mi tía Lola (parienta de mi madre), con su marido Paco Guirado y sus hijos Paco, Gabriel, Victoria, Loli y Chari. Y enfrente de ella vivía Manolo el Cartero (Montilla García) padre de mi tío Flores, de Antonio, Serafín, Enrique y la única niña, la Coral. Ya en la calle del Rosario, vivían, de arriba hacia abajo, empezando por la parte superior de la calle, pegando a las escaleras del mercado: Paco Rodríguez Pulido y Elena Vinuesa y sus 2 hijos: Elenita (la niña más guapa del barrio… al menos eso me parecía a mí) y su hermano menor, Lorenzo. Después vivían Cecilio Castaño Tovar y Dolores Pulido Rivera, con sus hijos Cecilio, Emilio, Alberto y Sergio. Un par de casas por debajo vivía mi amigo Jorge (no recuerdo sus apellidos), que se fue, siendo muy joven, con toda su familia a Mataró. Más de una vez le ayudé a partir almendras, golpeándolas con una pequeña barra de hierro sobre una piedra plana. Enfrente vivían Esteban Ortega (que perdió el pelo completamente siendo un niño) y su hermana Victorina, con sus padres (que también se llamaban Esteban y Victorina). Tenían un pedazo de tierra en la playa, y alguna vez, fui con Esteban a ayudarle a coger tomates y meterlos en cajas, “encarados” (los de la hilera de arriba de la caja), para que se vieran que eran muy buenos tomates y los pagaran mejor en el almacén… Después vivían los hermanos José Antonio y David (que estuvieron conmigo en la Banda de Música y José Antonio es músico de banda profesional). Hijos de José Antonio Rodríguez Alonso y Dolores Villaescusa Ortega. Al final del tramo superior de la calle vivía Manolico el Jefe (Manuel Villaescusa Villaescusa, Jefe de la Policía Local de Salobreña), con su mujer, Encarnita Arnedo Arnedo y sus 2 hijos: Víctor (un poco mayor que yo… y me peló “al cero”) y su hermana pequeña, Socorro. Casi enfrente, vivían Paulino Navas Bascuñana y sus 2 hermanas: Aurora y Tere (la pequeña, se casó con “Joselín”, José Antonio Rojas Delgado, el hijo de Pepe Rojas, que estuvo en Guinea con su mujer, Mariana). Ya en la parte inferior de la calle del Rosario, vivían, a la derecha, bajando… sólo recuerdo a José Aneas (el mayor), a Fermín y a Miguel…pero eran muchos hermanos… Por debajo, vivía Gonzalo Rodríguez Pulido, “el pintor” (hermano del tito Lorenzo) y su mujer, Rosario Fernández (casi siempre enferma y en la cama). Sus hijos: el mayor, Lorenzo (el mejor portero del Salobreña C.F.), después, Rosarito (que murió siendo una muchacha muy joven y muy guapa. Recuerdo el duelo en su casa: fue impresionante y muy fuerte para todo el barrio. La casa estaba llena por completo de flores…,). Le seguía Gonzalo (se casó con Vicki, hermana de Miguel Rivas, que sus padres tenían una tienda de ferretería en la Subida Pontanilla), Santiago (mi mejor amigo, que fue novio de mi cuñada Manoli, se casó con Encarni, se fueron a Palma, se separaron y se fue vivir a Inglaterra) y Berta, la menor. Enfrente estaba el Estanco, donde vivían Pepe, Estrella y la hermana mayor, Elvira (Pretel Fernández). El Estanco de Tabacos creo que les fue concedido a raíz de un desgraciado accidente: se derrumbó el techo de un corral cercano y una vigueta le cortó las piernas a Elvira. Fue operada y tuvo que moverse con piernas ortopédicas y muletas o con silla de ruedas. Más abajo vivían la familia de Antonio Molina Lozano, con sus hijos José, Emilio (de mi edad y que trabajaba en el hotel y se casó en La Caleta) y Jorge (el menor). Por debajo de los Molina, vivía la familia de “Cantinflas” (le decían eso al padre, porque le gustaba mucho el cómico mejicano y lo imitaba). Sus hijos: Antonio (de mi edad +-), Raúl (guardia municipal y casado con la hermana menor de Miguel Rivas) y algunos más… Elíseo, creo que se llamaba uno de los pequeños… Al final, a la derecha de la calle estaba la panadería de Jesusico Ojea López y Antonia Arnedo Arnedo. Que vivían en la calle Real y tenían varios hijos: el mayor José Luís Jesús Agustín; después, Juan Carlos y el menor, Diego. Y las niñas… me acuerdo de María Jesús. Al final, a la izquierda, estaba la tienda de Andresico Vidoy. Su mujer Carmelina Benavides. Sus hijos: el mayor, Andrés, el mediano Miguel (era policía nacional), y el menor: Jorge (mi amigo, saxofón en la banda de música, se casó con Encarni, hija de Juan Aneas, que vivía en la plaza del Viento). Y enfrente vivia mi amiga Angeles… hija de José (el Letras) Rodríguez Jiménez y de Paquita Pulido Rivera. Y sus hermanos: José, Emilio y Graciela. Y al final de la calle, ya carretera de la playa, estaban los bares del “Penca” (Antonio Pérez y Concha Martín y sus hijos Antonio, José y Conchi) y del “Pérez” (Paco Pérez Bueno y Teresa de la O Merino, y sus 3 hijos: Paco, Manolo y Tere). Y cuando se es niño, el barrio es todo el pueblo y después de la escuela daba tiempo a recorrerlo todo de punta a punta. A mi me gustaba el barrio de lo alto del pueblo.. Tenía amiguillas por todos lados: en la Plaza del Ayuntamiento estaban las dos hermanas de la botica: Quica y Suni Valenzuela, que en realidad se llamaba Magdalena. Su prima Maleni, que vivía en la misma plaza. La casa de la botica era muy grande, silenciosa, con muchos recovecos y olía a medicinas. El cuartillo de las inyecciones, justo detras de la botica, era muy estrecho y tenía un taburete de hierro blanco que era el taburete de tortura, el practicante se llamaba…?... Subiendo por las escaleras de la buganvilla, estaba Don Agapito, el médico, muy viejo y con malas pulgas, que echaba puntos a dolor y con mala leche. Una noche se llevaron corriendo, en brazos, a mi hermano Antonio “aca” don Agapito, porque se había cortado con vidrios en un balate y le había dado tétanos. Los domingos, cuando subíamos “al pueblo”, a escuchar misa, mamá nos daba 1 peseta y yo la gastaba rápidamente… yendo, después de misa, a la tienda de Pilar, que estaba entre la casa del cura, la casa de Joseíco “el zapatero” (pariente de papá) y el postigo de la calle Antequera. Por mi peseta, me daban un indio o un pistolero (de plástico) o 10 caramelillos… Bueno, hasta aquí, mis recuerdos (y los de mis hermanas)... pero, como la mente no para… ni durmiendo… si recuerdo algo nuevo… lo añadiré a éste articulito un tanto especial para mí…
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AutorAntonio Gómez Romera, ése soy yo. Entradas
Agosto 2026
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