|
El Padul (Granada), del domingo 1, al martes 3 de septiembre de 2024 Hoy traigo a las páginas virtuales del Adarve a un artista granadino y universal, pionero transversal entre las Artes, la Tecnología y la Moda. Comisario vitalicio de la Bienal de Venecia (desde 1.922). Miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid (desde 1.948). Conocido entre sus contemporáneos como “El Mago de Venecia”. Calificado por el novelista y crítico francés Marcel Proust (1871 - 1922) como “el Da Vinci español del siglo XX” (Pintor, grabador, fotógrafo, diseñador textil, diseñador de moda y escenógrafo). Hablo del genial, único e irrepetible, Mariano Fortuny y Madrazo. Nota: Es bastante abundante la bibliografía publicada sobre Mariano. Personalmente, recomiendo la lectura de cualquiera de las obras del escritor, investigador, historiador de arte y galerista Guillermo de Osma Wakonigg (Bilbao, 1953). Yo, en éste artículito, que he titulado “Mariano Fortuny Madrazo: inicio y final”, me voy a centrar en su nacimiento en Granada y su fallecimiento en Venecia. INICIO Granada, jueves, 11 de mayo de 1871. 8 y media de la tarde. Fonda de los Siete Suelos, situada frente a una de las 4 puertas de La Alhambra, en el flanco Sur de la muralla. Aquí nace Marianito, heredero de dos de las grandes e influyentes dinastías de artistas españoles del siglo XIX, los Fortuny y los Madrazo. Nota: Aunque aquella Fonda (“de gran tramoya en la historia del turismo granadino”, según el pintor, crítico de arte, escritor y académico granadino Marino Antequera García, 1897 - 1994) hace décadas que desapareció (demolida para dar vista a la Puerta de Siete Suelos), hay una placa de piedra de Sierra Elvira, colocada en el lugar donde estuvo la Fonda (en un muro sobre un pilarillo) que le recuerda, frente al Real Hotel Washington Irving… inaugurada con motivo del 150 aniversario (2021) de su nacimiento. Su padre es el gran pintor Mariano Fortuny Marsal (1838 - 1874) y su madre, Cecilia de Madrazo Garreta (1846 - 1932). Tiene una hermana mayor, María Luisa (1868 - 1936). Iglesia de Santa María de la Alhambra. 9 días después (sábado, 20 de mayo) la familia celebra su bautizo. Mariano es apadrinado por el financiero catalán Buenaventura Palau Gatala (íntimo amigo y protector de su padre) y por su tía materna Isabel. La celebración tiene lugar en los palacios de La Alhambra. Antecedentes Su padre, artista (pintor, acuarelista, grabador, ceramista y coleccionista) de reconocido prestigio internacional, aconsejado por su amigo, el pintor francés Henri Regnault (1843 - 1871), a quien conoció en Roma (1869), quiere visitar Granada, buscando un retiro donde encontrar nuevas inspiraciones para sus obras y esa “luz prodigiosa” de la que le han hablado.. Nota: Gran parte de la información recabada, la he tomado de la obra de María del Mar Nicolás Martínez, Catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Almería: “La estancia en Granada de la familia Fortuny - Madrazo (1870 - 1872)”. La familia Fortuny Madrazo llega a Granada, procedente de Córdoba, el sábado 9 de julio de 1870, acompañados del hermano de Cecilia, Ricardo (1852 - 1917, acuarelista y retratista), y se hospedan en la Fonda de los Siete Suelos. “Si vieras donde estamos, que bien se está. Estamos en la Alhambra, es decir dentro de las murallas que la rodean, mi ventana da a la famosa Torre de los Siete Suelos por donde salió Boabdil (el chico) cuando la Toma de Granada. Cómo te gustaría este sitio, está lleno de arboledas magníficas (...) no parece que estemos en España" (carta de Ricardo a su padre, 24 julio 1870). Y, lo que en un principio se piensa que va a ser una estancia relativamente corta, se va a prolongar durante un período de algo más de 2 años. Rafael Conteras Muñoz (1826 - 1890), “Arquitecto Adornista” de La Alhambra, les cede algunas habitaciones y dependencias de La Alhambra, que utilizan como estudio y almacén para los cuadros… aunque, tanto Ricardo como Mariano, no tienen muy buena opinión sobre Contreras; así en la correspondencia de Ricardo con su padre, se queja de su incapacidad profesional y de su falta de sensibilidad artística ante el problema de la restauración y conservación de La Alhambra. Y, a modo de ejemplo, éste fragmento de una carta fechada el 29 de Septiembre de 1872: "Ayer subimos a la Alhambra y toda ella nos hizo una impresión tan fría porque como estamos acostumbrados al patio de casa donde hay tantas plantas y los patios del palacio se han quedado tan árido. Como se ve que Contreras es poco artista, él lo que quiere es sacar todo el jugo que pueda, pero que el palacio se caiga, no le importa”. La familia deja su alojamiento en la Pensión de los Siete Suelos y se traslada una casa con jardín, en el popular barrio del Realejo. El padre de Cecilia y Ricardo, don Federico Madrazo Kunz (1815 - 1894) llega de visita a Granada en el verano de 1871, poco después del nacimiento de su nieto Mariano. Y, por los textos de su correspondencia, la estancia le fue muy grata. La tranquilidad familiar se ve alterada en algunas ocasiones a causa de Raimundo (1841 - 1920), el hermano de Cecilia y Ricardo. Éste, instalado en París, se niega a abandonar la ciudad durante la guerra franco - prusiana (1870 - 1871). Ricardo y Cecilia reclaman continuamente a su padre noticias sobre la situación en París, ya que "aquí se saben pocas noticias, pero cuando pierden los franceses, en seguida lo publican, porque se acuerdan todavía del 2 de mayo y se alegran del mal que pueda sucederles". Finalmente Raimundo regresa a España y visita a sus hermanos en Granada en el verano de 1872. La familia recibe también la visita de amigos y parientes. Así, en mayo de 1871, lo hace el Embajador de Inglaterra, que manda iluminar la Alhambra para agasajar a sus invitados: "Ya están aquí los embajadores de Inglaterra son realmente muy simpáticos. La otra noche fuimos a la Alhambra a verla iluminada con luz de bengalas, lo cual fue precioso, no te puedes figurar el bonito efecto que hacía" (carta de Ricardo a su padre). Con los amigos que les visitan, hacen excursiones a numerosos lugares, como la que tiene lugar en mayo de 1872, a la zona de la Hoya de Guadix. Disfrutan de fiestas y saraos, acuden a procesiones como la del Corpus y la de la Virgen de las Angustias, visitan y conocen los lugares más importante de la ciudad... A mediados de 1872, una serie de sucesos aconsejan a la familia Fortuny Madrazo su traslado a Roma. Aunque, la idea de Fortuny padre es fijar definitivamente su residencia en España: "Piensa comprar una casa con jardín aquí, me parece que Mariano al fin va a acabar por establecerse en España, pero no en Madrid, más bien en Sevilla o aquí" (carta de Ricardo a su padre). A finales del mes de septiembre, ya finalizado el verano, inician los preparativos para la marcha. Ricardo cuenta que al jarrón comprado al marqués de Salar, le hacen un cajón especial con muelles, para que no sufriera ningún daño en el traslado... El sábado 12 de octubre, Ricardo escribe la última carta a su padre, desde Granada: dentro de unos días abandonarán la casa del Realejo y se van a alojar en una fonda hasta el momento de la partida, que él piensa, será entre el 20 y el 30 de ese mismo mes. La familia Fortuny Madrazo marcha de Granada con el convencimiento de que van a volver muy pronto a éste lugar, donde han sido tan felices. Nota: Los acontecimientos posteriores van a impedir que se cumpla este deseo. Tan sólo 17 meses vive Marianito en Granada. En Roma se va a criar, rodeado de un ambiente refinado y erudito, que va a fomentar el desarrollo de sus tempranas inquietudes artísticas… pero, la inesperada y prematura muerte de su padre, acaecida en Roma el sábado, 21 de noviembre de 1874, cuando Marianito tiene sólo 3 años de edad… hace que su madre cambie la residencia familiar a París. Cecilia cuenta para ello con el apoyo incondicional de su padre y de sus hermanos, Raimundo y Ricardo, ambos nombrados tutores legales de su sobrino Marianito. En París va a permanecer su familia hasta 1.888. Ese año la familia se traslada a vivir a Venecia, acomodándose en el palacio Martinengo, vecino a la iglesia de San Gregorio, hogar definitivo de Cecilia de Madrazo y de su hija María Luisa. La escritora granadina y reportera de Canal Sur Televisión, Brígida Gallego Coín, en una entrevista a Guillermo de Osma Wakonigg, publicada en “Granada Hoy” el 6 de noviembre de 2016, le pregunta: -”¿Cuál fue la influencia de Granada en Mariano Fortuny Madrazo?”, y éste le responde: - “Enorme, aunque se marcha de la ciudad cuando tiene año y medio. Granada es la puerta al mundo orientalista. Fortuny padre viajó desde Granada a Marruecos. A Fortuny hijo le queda para siempre la nostalgia propia del lugar donde se ha nacido”. Brígida Gallego Coín - Guillermo de Osma Wakonigg FINAL ABC . Miércoles 4 de mayo de 1949 . Edición de la mañana . Página 16 NECROLÓGICA “Venecia, 3. El pintor español Mariano Fortuny Madrazo ha fallecido a la edad de 78 años (de un cáncer de estómago). Vivía en Venecia desde hace 50 años y era vicecónsul honorario de España”. Efe. Nota de la R.- El pintor fallecido era granadino e hijo del ilustre D. Mariano. Vivía en Italia desde hace muchos años y había expuesto sus obras en los principales salones de Europa. Dedicó también sus actividades a la luminotecnia escénica y era el inventor de la cúpula Fortuny, instalada en los principales teatros. El María Guerrero, de Madrid, tiene la cúpula Fortuny. Nota: El periodista y escritor César González-Ruano (1903 - 1965), nos dejó su preciosa crónica “Muerte en Venecia”, sobre el fallecimiento de Mariano Fortuny Madrazo. Voy a transcribir parte de su texto para cerrar este articulito en su Memoria y Recuerdo: “Sin mucho más que las cuatro o cinco líneas que ocupa el telegrama de Venecia transmitido a través de las agencias, ha pasado sin un comentario la muerte de un raro español que unía en su persona dos apellidos ilustres, demasiado comprometedores para su personalidad de pintor: Mariano Fortuny Madrazo, de quien se tenía en España escasa noticia. En mi segundo viaje (a Venecia), días antes de que Italia entrara en guerra, le conocí de manera bastante inesperada. Venía yo de Alemania, donde estaba como corresponsal de guerra. La nostalgia de la tierra italiana en la que había vivido cuatro años me hizo buscar un breve tiempo de ocio en mis trabajos para pasar una semana de descanso. Con poco más de una semana libre, me decidí por Venecia y llegado a la estación marítima, una góndola me llevó a través de la noche fantasmal hasta el pequeño embarcadero del “Danielli”, uno de los más bellos y cordiales hoteles de Italia. Cansado de seguir a las tropas alemanas, de trabajar incómodamente, de mal dormir en pueblos recién ocupados y de escribir a destajo y casi a la aventura, para mi, bastaba el hecho físico de saberme en Venecia y vivir unos días tranquilo, durmiendo en una buena cama, Pero el segundo día me esperaba un sobresalto, que en aquella época era una contrariedad bastante seria: perdí mi pasaporte… y bastante angustiado… pregunté si había en Venecia alguna representación consular española. En el mismo hotel me indicaron las señas de un vicecónsul honorario de España y allá me fui con la esperanza de arreglar mis papeles. La idea que un español puede tener de una oficina consular honoraria en Venecia no es naturalmente gran cosa. Cuando la góndola me paró delante de un viejo palacio creí que nos habíamos equivocado. Entré en un mundo extraño, entredormido, un poco en tinieblas en pleno día con tapices valiosos, con estatuas antiguas, con cuadros y enormes espejos, hasta llegar a un salón bien puesto pero con el mismo aire de todo palacio: algo así como si allí hace muchos años que no viviera nadie, como si el tiempo más que el uso hubiese desgastado los brocados de las sillerías, desflecado los tapices que cubrían los suelos, llenado de telas de araña las bocas de los animales cuyas pieles se extendían en blanda y suntuaria insistencia sobre las alfombras ricas, pero encanecidas en una especie de moho de abandono. Al poco rato volvió el criado y me llevó a través de otros salones a un estudio enorme cuyas ventanas daban sobre uno de los infinitos canales –no me acuerdo cuál- y en el que se concentraba más una decoración muy fin de siglo de grandes panóplas, ídolos oceánicos, camas turcas cubiertas por pieles y tapices, viejos santos de talla policromada… Y allí me recibió el vicecónsul honorario de España, todo un raro caballero granadino que había llegado con veintitantos años a Venecia y llevaba en Venecia casi medio siglo. Era todo un tipo don Mariano Fortuny Madrazo. Pintaba por tradición familiar y había expuesto en los principales salones de Europa, pero en realidad vivía allí una vida mágica y retirada en la que no parecía contar el tiempo ni a la que llegaban las cosas que preocupan a la mayoría de los hombres. Se dedicaba también -lo que resultaba bastante extraño en él- a la luminotecnia escénica y era el inventor de una cúpula que habían instalado muchos grandes teatros. Nos hicimos rápidamente amigos. Amaba Venecia, como un personaje de novela nórdica, mejor que como un granadino. Sentía el encanto, la fascinación, el veneno antiguo y eterno de la gran ciudad misteriosa y morbosa y daba la impresión de un gran señor de la Edad Media en quien esas cosas de la luminotecnia fueran aspectos de la búsqueda de la piedra filosofal. Hoy al leer su muerte que poco o nada dice a los españoles yo pienso con melancolía en aquel raro enamorado de Venecia que ha muerto en su viejo palacio sobre la misma geografía que eligió para vivir casi enclaustrado como un personaje de Huysmans. Es una última vida impresionante que se va. Una última vida de la vieja Europa que se nos va muriendo delante de los ojos como esa Venecia condenada a sumergirse en el mar que venció un día geométricamente….” Notas Finales Coincidiendo con una de sus numerosas y frecuentes estancias en París, posiblemente en el año 1897, conoce a Adele Henriette Negrin (1.877 - 1.965), una mujer bella, refinada y elegante, de piel diáfana, mirada intensa y suave cabello rubio cobrizo, que a partir de entonces se convierte en su mejor colaboradora y con la que contrae matrimonio (París, viernes 29 de febrero de 1924). Mariano ubica definitivamente en Venecia su taller de diseño, pintura, escultura y fotografía… nada menos que en el Palacio Pesaro degli Orfei, un precioso edificio gótico del siglo XV comprado por su padre en 1889. Fue él, uno de los fundadores en 1895 de la Primera Exposición Internacional de Arte de Venecia, lo que luego sería la Bienal. Año 1899. Mariano, a punto de cumplir 30 años, decide abandonar el palacio Martinengo –donde ha residido con su madre y su hermana– e irse a vivir al palacio de Orfei, al lado de Henriette, la que será su mujer. En 1925 viaja a España y Marruecos, visitando, entre otras ciudades, Granada y Madrid, donde sus lámparas iluminan una Exposición de Trajes Regionales. También muestra sus vestidos y tejidos estampados en la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales de París, donde es premiado con un Diploma de Gran Premio. En 1933 edita un hermoso libro sobre su padre, “Fortuny 1838 - 1874”, encuadernado con sus propias telas estampadas y dedicado a su madre, que ha fallecido el año anterior. En 1948, recopila sus inventos y descubrimientos en una serie de trabajos e inicia gestiones para ceder el Palacio Pesaro OrfeI, un bellísimo recinto repleto de pinturas, tapices, muebles y valiosas obras de arte, situado a las espaldas del Gran Canal de Venecia al Gobierno Español a cambio de su mantenimiento, pero su oferta es rechazada: sl ministro de Exteriores de entonces, Alberto Martín - Artajo Álvarez (1905 - 1979), rehúsa hacerse cargo de la valiosa herencia. En diciembre de ese mismo año, es nombrado Académico correspondiente de Bellas Artes de San Fernando. Elena Sorolla luciendo un vestido Delphos de Fortuny (1909) - Modelo egipcio creado por Mariano Fortuny al dedicarse al mundo de la Moda, se centra en la Antigua Grecia y diseña y confecciona el chal «Knossos» (1907, de seda, con forma rectangular y diseños geométricos asimétricos) y el vestido «Delphos» (1909, que en su día, fue toda una revolución, y hoy, sigue siendo moderno); crea un sistema para hacer plisados con seda y terciopelo con máquinas, y desarrolla tintes. Sus preciosos diseños son venerados por la actriz y vampiresa del cine mudo, Lillian Gish (1893 - 1993), la diva del teatro Eleonora Duse (1858 - 1924), la coleccionista de arte y mecenas Peggy Guggenheim (1898 - 1979) y la inventora del ballet moderno Isadora Duncan (1877 -. 1927). El director Orson Welles (1915 - 1985) viste sus trajes en “Otelo” (1951). El actor, humorista, compositor, productor, guionista, director, escritor y editor británico Charles Chaplin (1889 - 1977) le compra más de 30 vestidos. El «Delphos» lo visten las actrices Lauren Bacall (1924 - 2014) cuando recoge el Premio Oscar en 1979 y Barbra Streisand (1942) en su película ‘Funny Girl’ (1968). Barbra Streisand en ‘Funny Girl’ (1968) con un ‘Delphos’ original (Izq) Lauren Bacall con un vestido "Delphos" en los Oscar de 1979 (Der) Mariano Fortuny Madrazo está enterrado en el cementerio de verano de Roma, junto a sus padres (Mariano Fortuny Marsal y Cecilia de Madrazo Garreta) y su hermana Mª Luisa. Su viuda, haciendo suyos los deseos de su esposo, hace numerosas donaciones de obras de arte a diversas instituciones culturales españolas, por lo que se le concede la Encomienda de Alfonso X el Sabio y el Lazo de Isabel la Católica. Henriette de Fortuny fallece en Venecia en 1966, pasando la propiedad del palacio Orfei al “Comune” veneciano, y actualmente alberga el Museo Fortuny. «Es una de las figuras más importantes del arte del pasado siglo, un humanista en el extenso sentido de la palabra cuya obra sigue alumbrada por la heterodoxia y la modernidad (...) Hay diseñadores magníficos de su época como Chanel y sin embargo, ninguna pieza de ellos ha mantenido la vigencia, y eso es lo que todo el mundo le reconoce a Fortuny: es un personaje que crea una obra de arte y poseerlo es como el que tener una joya» (María del Mar Villafranca Jiménez, Granada, 1961). “Fue capaz de crear un universo original, complejo y paradójico, pero completamente suyo. Un mundo construido de fantasía y realidad, de ciencia y magia, de arte y de vida (...) Fue un caso excepcional en la historia del arte, del diseño y de la tecnología. Su capacidad de crear y de dejar su impronta en campos tan diferentes como la pintura, la moda o la tecnología nos invita a buscar un antecedente, no en sus contemporáneos sino en el pasado. Conecta con los artistas del Renacimiento instruidos y experimentados en las diversas artes. Tenía un arraigado sentido de la tradición y un profundo conocimiento del pasado. Muchas de sus ideas y motivos tenían en el pasado su germen, pero él era capaz de combinarlos con las tecnologías más modernas, a menudo de su propia invención” (Guillermo de Osma Wakonigg). El Museo del Traje (CIPE - Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico, creado por el Real Decreto 120/2004, de 23 de enero; situado en el nº 2 de la madrileña avenida Juan de Herrera) tiene una sección o área dedicada a Mariano Fortuny Madrazo. Para ver el documental “El universo en una caja, Mariano Fortuny Madrazo”, pulsar aquí>>>
0 Comentarios
Dejar una respuesta. |
AutorAntonio Gómez Romera, ése soy yo. Entradas
Agosto 2026
Categorías |