|
Salvo Montalbano. En una cálida noche siciliana, tras nadar un buen rato en las tranquilas aguas que se remansan a escasos metros de la terraza de su casa a orillas del mar, emerge de la oscuridad con las ideas más claras: la solución del caso está cerca, así que sólo es cuestión de paciencia y método… y, para eso, nada mejor que relajarse antes con algún manjar preparado por Adelina, su ama de llaves y fiel asistente.
Salvo tiene 45 años, una novia en Génova y es comisario de policía de Vigàta, un imaginario pequeño pueblo de Sicilia, que si bien no se encuentra en ningún mapa de este mundo, es tan real como la vida misma. Fiel amigo de sus amigos, amante de la buena mesa y sabedor de que la tierra ha girado y girará (muchas veces) alrededor del sol, es el compendio vivo de las antiquísimas culturas mediterráneas.
Andrea Camilleri (Porto Empedocle, 1925 - Roma, 2019). La calidad humana, unida a la infalible perspicacia de Montalbano, han hecho de su creador, uno de los autores más leídos de Europa. El mundo del detective Salvo Montalbano es el de la infancia de Camilleri.
Un elemento que singulariza a Andrea es su tardía llegada a la novela, ya traspasada la cincuentena, lo que implica mucha modestia por su parte, pues nunca pensó que a esas alturas de su vida fuera a tener éxito en una empresa creativa hasta entonces inexplorada…, pero, para su sorpresa absoluta, el éxito llegó (aunque él pensara que sólo lo leerían 4 gatos) y lo gestiona con relatividad y humor. Andrea, en torno a la veintena, comienza publicando relatos y poesías: “Comencé escribiendo poesía y a los 20 años Giuseppe Ungaretti me incluyó en una antología de jóvenes poetas. También escribí muchos relatos breves, de folio y medio. Pero un día interrumpí lo de escribir y me puse a hacer teatro. Luego televisión. Luego guiones”. El teatro es su primera gran pasión: cursa estudios de Dirección en la Academia de Arte Dramático “Silvio d'Amico” de Roma, y durante 4 décadas, compagina la dirección de montajes teatrales con la escritura de guiones, la dirección y la producción de series televisivas.
La influencia de todas estas disciplinas artísticas sobre su faceta novelística es muy destacada. En su saga de Montalbano se advierte la claridad expositiva, la ordenada composición de las escenas y el peso de los diálogos. También, los préstamos del inolvidable comisario Jules Maigret surgido de la imaginación de Georges Simenon (1903 - 1989) empezando por su humanidad, perspicacia y deseo de disfrutar de los placeres sencillos, son detectables por cualquier aficionado al género negro.
El salto de Andrea a la novela se produce en 1978, cuando ya tiene 53 años, con la publicación por “Sellerio Editore”, de “El curso de las cosas” (“Il corso delle cose”, escrita en Roma de abril de 1967 a diciembre de 1968). “En 1967 recuperé las ganas de escribir. Lo extraño fue que me vino a la cabeza una novela, algo que nunca me había sentido capaz de hacer. Las circunstancias eran dramáticas. Mi padre estaba muriendo. Pasaba las noches con él, charlábamos y le conté poco a poco, en nuestro dialecto medio siciliano, la historia que tenía en mente. Me hizo prometer que la llevaría al papel y al año siguiente, en 1968, lo hice. Era “El curso de las cosas”, redactada en la mezcla de italiano y siciliano que a veces sigo utilizando. Durante una década, la novela fue rechazada por todos los editores. Tras convertirla en guión televisivo, logré publicarla, gratis. Cuando tuve el tomo en las manos sentí algo mágico”. se emitió en tres episodios por televisión bajo el título "La mano sugli occhi" ("La mano en los ojos").
Su segunda novela se publica 2 años después (1980): “Un hilo de humo” (“Un Filo di Fumo” - Editorial Garzanti): un retrato inteligente y costumbrista de la vida cotidiana de Vigàta y de sus habitantes que oscilan siempre entre lo grotesco y lo tragicómico. “Y escribí un segundo libro, “Un hilo de humo”. Se publicó inmediatamente. Luego saqué “La strage dimenticata”, una novela histórica. Siguieron ocho años de silencio, durante los cuales di una especie de largo adiós al teatro. Y recomencé a escribir con “La estación de caza”.
El éxito le llega cumplidos los 67 años con “La forma del agua” la primera obra de la serie protagonizada por Montalbano, el comisario responsable de que su autor haya sido traducido a más de 36 idiomas y se haya convertido en el escritor más leído, amado y admirado en Italia, dónde lleva vendidos más de 25 millones de ejemplares.
Andrea recuerda sobre Manuel Vázquez Montalbán (1939 - 2003): “En alguna entrevista, antes de conocerlo personalmente, había reconocido que tenía una “deuda” con él o, mejor dicho, que había conseguido resolver los problemas de estructura de “Il birraio di Preston” (“El cervecero de Preston”, 1995) a partir de la lectura de su “El pianista” y que, por eso, como prueba de gratitud, había bautizado a mi personaje, que llegaría a ser el más conocido, con su mismo apellido, Montalbano, que, por otra parte, es muy común en Sicilia”.
Montalbano es un agente culto, aficionado a la lectura, con un gran sentido del humor, lleno de vitalidad, vulnerable a las tentaciones y siempre detrás de la verdad. A él lo que le mueve no es cerrar un caso sino descubrir lo qué ocurrió en la realidad, al margen de lo que le exijan sus jefes, con los que suele llevarse mal. Y de eso se entera en la calle, hablando con la gente, fijándose atentamente en la mirada del interlocutor y prestando atención a lo qué cuenta y en cómo lo cuenta. ”Al crear el personaje me propuse que no fuera un policía americano, porque no hubiera funcionado; que no fuera un policía privado, porque hubiera estado limitado en sus funciones; escogí un comisario institucional, es decir, de la seguridad pública. El modelo inmediato es el inspector Maigret, de Georges Simenon. Creé un personaje que no fuera inquietante, al que pudieras invitar a comer o cenar y estar tranquilo charlando con él; un personaje leal que respeta la palabra dada y que se rebela a las órdenes cuando son absurdas. Los lectores han encontrado estos datos positivos y por eso gusta Montalbano”.
Camilleri, que confiesa no conocer la fórmula del éxito ni el secreto del interés que despiertan sus obras, afirma escribir "bajo la imperiosa necesidad de contar una historia que tengo armada e imaginada en mi cabeza. Sólo cuando experimento esa sensación empiezo una novela. Y la historia arranca siempre a partir de una frase real, que he leído o escuchado en alguna parte. Sé que Montalbano conecta con la gente, lo supe desde el principio. Y es así porque parece alguien real, al que podrías conocer, al que invitarías a comer o con el que te irías a tomar una cerveza para charlar un rato. Tiene connotaciones positivas, es amigable, le gusta la gente, no se deja mandar cuando las órdenes son absurdas e irracionales, rechaza el poder y defiende la justicia y la verdad”.
El humor y la ironía, siempre presentes en sus obras, responden a algo tan íntimo como la simple circunstancia de ser siciliano. “En mis novelas describo ambientes sórdidos, es cierto, pero lo hago desde la ironía y el humor porque, como decía Leonardo Sciascia, esa es la perspectiva indispensable para afrontar circunstancias difíciles. Y los sicilianos tenemos esa lección bien aprendida, porque en nuestra historia a menudo nos hemos topado con situaciones adversas”.
Reconoce ser disciplinado y riguroso en su oficio de escritor, porque se considera "un empleado de la palabra y la escritura", por eso se sienta cada mañana, sobre las siete, frente al ordenador después de haberse duchado, afeitado y vestido correctamente. "Siempre lo he hecho así, por respeto a mí mismo y a mis lectores. No sabría escribir en pijama y zapatillas. Tengo la costumbre de leer en voz alta la página que doy por terminada. Sólo así soy capaz de reconocer si la prosa tiene buen ritmo y se lee con facilidad. Y cuando no tengo una novela entre manos escribo de todos modos. Es la única forma que conozco de mantenerse en forma y lograr una escritura fácil y fluida. En ocasiones he llegado a escribir hasta cartas a personajes que no conozco, por el mero hecho de estar entrenado. El otro día, sin ir más lejos, le escribí una larga misiva a un señor al que acababa de ver en el kiosco y al que jamás había visto antes. Naturalmente luego eliminé el texto, pero al menos ya estuve entrenando un buen rato”.
Andrea articula sus novelas de Montalbano sobre la idea de que el ser humano puede ser monstruoso, pero también previsible, ridículo y entrañable. Si hubiera que limitar a una sola razón la popularidad de la saga de Montalbano quizá estribe en su agudeza y sensibilidad a la hora de retratarnos, de mostrar toda la escala de grises que define nuestra especie, capaz de los actos más abyectos y los más desprendidos.
En palabras de Antonio Manzini (Roma, 7 de agosto de 1964), actor, guionista, director y escritor: “estamos frente a una serie entrañable que confirió nobleza a un género considerado menor hasta entonces en su país de origen, al tiempo que con su humanidad y sentido del humor supo traspasar fronteras y conectar con un público masivo que vio reflejado sus cuitas y defectos, miserias y emociones, en un modesto rincón de Sicilia”.
Pese a ser un soltero irredento, mantiene un largo y tortuoso noviazgo con Livia, una genovesa con la que discute con frecuencia (por lo general vía telefónica, los problemas derivados de las relaciones a distancia…) pero que es un pilar fundamental en su vida. “Montalbano es perfectamente consciente de que si tuviese que vivir con Livia su relación no iría bien. La distancia de verse de vez en cuando hace que su relación se mantenga viva. Montalbano es sustancialmente un solitario que ha encontrado en la comunicación con esta mujer una relación en que es todo: es amante, es marido, es hijo. Livia tiene este poder”. Andrea dice sobre la idea inicial de sus novelas: “Las novelas de Montalbano surgen de noticias de sucesos. Un día me llamó el hijo de Simenon porque deseaba conocerme. Pasó una tarde entera aquí donde estamos. Me contó que su padre solía decir lo mismo que digo yo, que no tenía imaginación. Me cuesta escribir a partir de nada. Necesito un punto de partida. Déme eso y ya me arreglo”.
Y sobre la idiosincrasia política de Montalbano, ha declarado: “A Montalbano, en una de las primeras novelas de la serie, lo acusan de comunista. No lo es. Pero tiene sentido común. Frente a ciertos absurdos de la sociedad contemporánea, como las diferencias crecientes entre ricos y pobres, no se puede permanecer indiferente. Si me dicen que los recortes impuestos a Grecia por la troika han hecho aumentar la mortalidad infantil, ¿puedo callarme? Si eso significa ser comunista, soy comunista. Estos personajes buscan una cierta verdad y no pueden quedarse impasibles ante las grandes verdades de la realidad. Por eso parecen de izquierdas”.
Andrea se considera un hombre hogareño: “Siempre he viajado por trabajo. No se me ocurre viajar por placer o hacer turismo. Si iba a Barcelona, era por el Instituto del Teatro o porque me invitaba Vázquez Montalbán. Si iba a Madrid, era para trabajar en Radio Nacional. Cuando me tomo vacaciones es para ir a mi pueblo, a Porto Empedocle, y ver mi mar”.
En una entrevista periodística, le preguntan a Andrea si en las novelas de Montalbano, hay algunos datos autobiográficos y ésta es su respuesta: “Yo no me parezco a Montalbano. A mí no me afecta como a él si llueve o hace sol. En realidad, Montalbano no tiene nada de mí. Es un simple personaje. Entiendo que un autor que comienza introduzca material autobiográfico. Pero creo que para crear y para narrar, cuanto menos te identifiques con tus personajes, mejor”.
Y, sobre su necesidad vital de escribir, Andrea dice: “Si no siento placer, prefiero no escribir. Mejor dicho, escribo otra cosa. ¿No estoy inspirado para seguir con la novela? Pues escribo lo primero que me pasa por la cabeza. Una cancioncilla para mis nietos, una carta a un desconocido que he visto un momento en el quiosco... Cada día escribo al menos tres folios. Es como el ensayo para un pianista o el ejercicio para un deportista. Hay que mantener en forma el cerebro”.
Sus novelas siempre tienen una pequeña introducción, a veces un sueño, a veces una ensoñación, o una escena absurda... “Introduje este recurso a partir de la tercera novela. La serie ha tomado forma a medida que la iba escribiendo. Por ejemplo, en la primera escena de la primera novela, ‘La forma del agua’, no está Montalbano. A partir del segundo siempre está presente. Y en el 99% de los casos he acabado haciendo que fuese en forma de un sueño que, aunque sea de forma muy lejana, tuviese que ver con el desarrollo de la novela, como sueños premonitorios imposibles de descifrar pero que después el lector, en el transcurso de la lectura, acabará por relacionar”.
En la octava entrega de la serie, “La paciencia de la araña”, Salvo Montalbano se describe de ésta manera: "Era sólo un hombre que tenía un criterio personal sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal. Y viceversa. Y por eso se preguntaba si era mejor obrar de acuerdo con la justicia, la que figuraba escrita en los libros, o con la propia conciencia".
Las narrativas policiacas de Camilleri y de Vázquez Montalbán se inscriben dentro de lo que la Crítica Literaria ha denominado “novela negra mediterránea” (ó “novela negra de la Europa del Sur”), y ambos autores están considerados como los principales exponentes de ella, junto con el francés Jean-Claude Izzo (1945 - 2000) y su personaje Fabio Montale y el griego Petros Márkaris (1937), creador del policía Kostas Jaritos.
Su asistente y colaboradora, Valentina Alferj (Pescara, 1971), recuerda: “Estaban Izzo, Montalbán y Camilleri, creo que en una feria del libro en París, y se ponen a hablar: «A tu personaje, ¿cómo lo harías morir?», se dicen. Porque estaban ya hartos de la serialidad, cada año tenían que entregar una nueva novela. Izzo dijo su manera de matar al personaje, Montalbán dijo la suya, «¿Y tú, Andrea, cómo lo harías?». Justo en ese momento, un camarero aparece y le indica que alguien lo llama al teléfono. Se levanta, responde, y cuando regresa, ya había terminado la conversación y estaban en otra cosa. Entonces, cuando Andrea supo que Izzo había muerto (2000) sin cerrar a su personaje, cuando supo que Montalbán había muerto (2003) sin cerrar a su personaje, dijo: «Espera un momento, Montalbano no puede sobrevivirme». Y a los ochenta años, en un verano sofocante, en Santa Fiora, en la Toscana, escribe la novela sobre Riccardino, bellísima, y dijo: «Ya sé cómo acaba. En efecto, no va a sobrevivirme»”.
El 30 de agosto de 2005, Andrea Camilleri pone punto y final a la última investigación policial de Salvo Montalbano y la guarda en un cajón. “La última aventura de Montalbano está ya escrita. La novela que concluye la serie se escribió hace unos diez años, cuando yo tenía 80. Se me ocurrió una idea sobre cómo cerrar la serie y la escribí rápidamente, porque temía la llegada del alzheimer. Ese libro lleva una década yaciendo en un cajón del editor. Cuando ya no me sienta con fuerzas, daré instrucciones para que se publique”.
Esa última aventura, titulada “Riccardino” es publicada póstumamente en 2020: es el broche de oro a la trayectoria de un escritor que amaba tanto su oficio que no dudó en dictar sus últimos libros a su asistente (Valentina Alferj) cuando la ceguera lo atacó al final de sus días y un hombre tan honesto que siempre fue fiel a una misma casa editorial (Sellerio en Italia, Salamandra en España).
La escritora y periodista Bel Carrasco (Valencia, 1952), nos dice en su artículo “Mi querido Montalbano” (Zenda): “Comparto con Salvo el amor al mar, a los paseos, a los baños salados. ¡Quién no quisiera vivir en Marinella! El talante del comisario me enamora. Su forma de tratar a sus subordinados, más propias de un padre o de un hermano mayor que de un mando. Los abronca y se pone de los nervios cuando el eficaz Fazio se adelanta a sus peticiones («ya está hecho»), los marea con sus especulaciones sobre el crimen de turno, pero sin abusar de su autoridad. Su indulgente paciencia con los portazos y frecuentes lapsus lingüísticos de Catarella es digna de un santo. En contraste, torea con astucia a sus jefazos, especialmente a Bonetti-Alderighi, y aplica sutil mano izquierda con la mafia, tanto con el capo Balduccio Sinagra como con los Cuffaro. Los puyazos que le lanza el dottore Pasquano —«me encantaría hacerte la autopsia, Montalbano», ponen a prueba su aguante estoico”.
Andrea, ciudadano ilustre de Porto Empédocle ha logrado lo imposible, que en pleno siglo XXI una ciudad cambiase de nombre. Vigata no existía y las referencias literarias de Andrea siempre tenían una correspondencia con Porto Empédocle. De igual manera, la ficticia provincia de Montelusa se corresponde con la provincia de Agrigento. En el año 2003 el Ayuntamiento de Porto Empédocle cambió su nombre oficial a Porto Empédocle Vigata.
“Uno de los aspectos que más me gustan de Salvo es su trato con las mujeres, en el que no se percibe ni un ápice de machismo o misoginia. Cuando se le presenta la ocasión de ligar con una belleza de largas piernas, se muestra tímido, y si se pone a ver pelis porno para resolver un caso, se duerme como un tronco de puro aburrimiento. La lengua afilada de su mujer, Livia, le pone en más de un aprieto durante sus trifulcas telefónicas. Esa actitud del comisario refleja la de su padre, Camilleri, que vivió rodeado de mujeres: madre (Carmelina), esposa (Rosetta), suegra, asistenta (Valentina), tres hijas ( Andreina, Elisabetta y Mariolina) y tres nietas. Que forjó su capacidad narrativa gracias al influjo de su imaginativa abuela” (Bel Carrasco, obra citada).
Carta de Andrea a su nieta: “Matilda, querida mía: Te escribo esta larga carta a pocos días de cumplir noventa y dos años, cuando tú tienes casi cuatro y todavía no sabes lo que es el alfabeto. Espero que puedas leerla en la plenitud de tu juventud. Te escribo a ciegas, tanto en sentido literal como figurado. En sentido literal, porque en los últimos años la vista me ha ido abandonando poco a poco. Ahora ya no puedo ni leer ni escribir, sólo dictar. En sentido figurado, porque no consigo imaginarme cómo será el mundo dentro de veinte años, ese mundo en que te tocará vivir…”.
PARA LEER, VER, ESCUCHAR MI ARTICULITO "COMISARIO MONTALBANO - SERIE TV", PULSAR AQUÍ>>>
0 Comentarios
Dejar una respuesta. |
AutorAntonio Gómez Romera, ése soy yo. Entradas
Agosto 2026
Categorías |