Hoy, jueves, 29 de agosto de 2.024, se cumplen 100 años del nacimiento de María Dolores Pradera (María Dolores Fernández Pradera, Madrid, 29 de agosto de 1924 - 28 de mayo de 2018).
Primera actriz del Teatro Español, del María Guerrero y del Eslava, reclamada por el cine y cantante con un repertorio de más de 1.000 canciones, la primera española invitada a cantar en el “Royal Albert Hall” de Londres y en el “Madison Square Garden” de Nueva York, y honrada con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, el Premio Ondas a toda una carrera y el Grammy Latino.
Y, en su Recuerdo y Memoria, me voy a permitir transcribir parte de la entrevista (que hace mucho tiempo leí y me gustó) le hizo el periodista Juan Cruz Ruiz (Puerto de la Cruz, Tenerife, 1948) a María Dolores, de quien decía: “se merecía todos los tópicos que florecieron a su alrededor. Era, en efecto, la flor de la canela, era también la voz de terciopelo, y era de todas las nacionalidades de donde vinieron su inspiración y sus canciones. Y era también canaria, gracias a Los Sabandeños, que, como Rosa León y otros tantos, la mantuvieron en pie, cantando casi hasta el último suspiro de su vida. Y era enérgica y generosa, como una amiga que no exigía de otros nada más que atención… para sus canciones”. Juan Cruz tituló su entrevista “María Dolores Pradera: “Me cuento chistes para mantenerme alegre” y fue publicada en el Diario El País en junio de 2011:
¿Cómo conservas la energía? La de la voz, la del intelecto. Y la energía que irradia tu mirada, ¿de dónde viene?.
Creo que en mis ojos hay algo heredado de mi madre, el colorido y la viveza. Procuro estar alegre. Si no lo estoy, me lo impongo, me cuento chistes de cuando era pequeña y me río muchísimo, eran unos chistes muy divertidos. Ayer, por ejemplo, me acordé de un chiste: Es un barquito donde va un misionero y otras gentes. Hace aguas y desgraciadamente cae en una isla de antropófagos. Agarran al misionero, lo meten en una olla y lo ponen a cocer: “¡Por favor, por favor! ¡No, no es bueno que me coman!”, gritaba. La olla está rodeada de negritos pequeños y les sigue gritando: “¡No es bueno porque soy diabético, tengo azúcar en la sangre!”. Y todos los niños: “¡Para postre! ¡Para postre!” ¿A qué es genial? Debía de tener cinco o seis años cuando me lo contaron.
¿Todavía te acuerdas?
Me acuerdo y me mondo.
¿Cómo eran tus padres?
A mi padre lo traté muy poco. Tenía sus negocios en Chile. De todas maneras íbamos todos los años. ¡Imagínate, en aquellos años 30, en barco, tardábamos en llegar veintitantos días, casi treinta! El año que no íbamos, muy pocos, venía él. Era muy inteligente y se marchó buscando mejor vida. Cuando se quedó huérfano, muy jovencito, se fue a hacer las Américas y a los dieciocho años ya era patroncito. Un hombre muy listo que hizo de todo, se cultivó, aprendió idiomas, leyó cosas que necesitaba leer y se formó muy bien.
¿Y tu madre?
Mi madre era inteligente, muy alegre y divertida. Sus padres habían tenido catorce hijos y perdieron a los catorce. Ella nace cuando mi abuela tiene 52 años. Fue un genio. Murió con 87 años, con la cabeza perfecta y con una gracia enorme. Murió porque se cayó y se le rompió la cadera. La operaron y no lo superó. Estaba mal y ya no quería estar aquí. No quería dar molestias. Fantástica.
¿A lo largo de la vida has hecho algún régimen especial para que ahora, cuando ya tienes algo más de ochenta, sigas teniendo esa vitalidad?
No, no he hecho nada. Jamás un bisturí, ¡qué miedo! Como normal. Nada, no me cuido, no vivo pendiente de mis pestañas, ni de si tengo una arruga o no, que la debo tener. Ha sido suerte y que tengo buen carácter.
¿Y que te rodeas de alegría?
Claro, de alegría y de gente joven. Eso lo aprendí de mi madre. Todas las amistades de mi madre eran gente joven. Ella decía: “Es puro egoísmo mío, porque todos me van a echar una mano. Si son de mi edad, nada, no pueden echar manos”. Mi madre podía ayudar mucho, tenía mucha juventud.
¿Nunca has pensado en retirarte?
Nunca lo he pensado porque la gente, los managers, los empresarios siempre han contado conmigo y yo les correspondo cantando. O en mis épocas de actriz, cuando era muy joven.
¿La voz tampoco la cuidas?
Fui fumadora pero dejé de fumar justo a los 60 años, no porque me hiciera daño el tabaco sino porque fumaba muy feo y mis nietos me hacían burla. Me imitaban con unos lapiceros de madera, que todavía existen, mordían los cigarros y hacían como que los prendía uno detrás de otro, como yo. No me afectaba, no me hacía daño a la garganta. Dejé de fumar porque los niños al salir del colegio traían a amigos para que vieran cómo fumaba su abuela.
Dices que te rodeas de gente alegre.
Gente alegre, sí. Y de gente triste también. Le dedico tiempo a gente triste y les cuento el chiste del misionero y los que sean. Procuro hacer reír a la gente.
Pero tú también eres muy generosa. Decías al principio: “Aquí hay mucha vida mía”. Eres una mujer familiar, tienes nietos, ¿y sigues cantando canciones de amor?
Sí, es como cuando era actriz. Interpreté a Santa Teresa y no he sido nunca Santa Teresa, no sé si me habría gustado serlo, la verdad. Pero es cuestión de sentirlo. Cuento unas historias que a lo mejor ni las he vivido, y las cuento.
¿A ésta edad pesa la biografía?
A veces sí, pero a mí me ha pesado la biografía a los 18 años también.
¿Por qué?
Por la vida. Fui niña de la guerra.
¿Cómo fue ese tiempo?
Tres años tremendos en Madrid. Un poco antes murió mi padre en Chile, cuando ya se venía a España definitivamente a vivir con su mujer y sus hijos. Aquí tenía algún negocio. Se deshizo de los negocios de Chile porque Chile empezó a ir mal y su ilusión era estar en España con nosotros. Murió muy joven, antes de cumplir los 49 años, una cosa muy absurda. No disfrutó de nosotros. Sólo cuando íbamos a verlo cada año.
¿Cómo vivió tu madre ese tiempo?
Mal, muy triste, pero enseguida se remontó.
¿Se casó otra vez?
No, nunca. Era guapísima, pero no, no olvidó a su Juan. Mi padre se llamaba Juan Antonio pero todo el mundo le llamaba Juan o Juanito.
Juan Pradera.
Juan Antonio Fernández, la Pradera es mi madre. Me puse el apellido de mi madre en su honor por que fue también nuestro padre.
O sea que eres Fernández Pradera.
Fernández Pradera y Fernández.
Te casaste con un Fernández.
Sí, mis hijos se llaman Fernández Fernández, Pradera y Fuster que es mi cuarto apellido. Mi madre se llamaba Pradera Fuster.
¿ Cómo te veías de joven ?
Yo creo que no era muy guapa, era una chica especial, rubia, con aspecto nórdico; entonces había muy pocas rubias y yo, claro, quería ser morena y con ojos negros, como la mujer del billete de Julio Romero de Torres.
Decías que te pesaba mucho la biografía y que había tiempos alegres y tiempos tristes, ¿qué huella te han dejado los tiempos tristes?
Tengo memoria selectiva. Es puro egoísmo, me he dado cuenta. Un cierto egoísmo que tengo para olvidar lo malo. Y consigo superarlo y olvidarlo, se me borra. Se me borra lo malo.
Te rodeas de gente más joven que tú.
Sí. Es que, claro, de mi quinta hay muy poca gente, aunque también los hay maduritos. Tengo gente, amigos maduros (no tanto como yo) y algunos un poco menos. La gente me importa mucho.
¿Cómo has vivido esa relación con los jóvenes? ¿Qué sientes con ellos?
Me buscan ellos. Soy una especie de madre de todos mis amigos. De Rosa León, a la que adoro, de Víctor Manuel, de Ana Belén. Me has traído ahora noticias de Joan Manuel Serrat, que no pudo venir a este festejo, y sé que hubiera venido. Nos queremos mucho.
¿Cómo has vivido las sucesivas desapariciones que en la vida se producen? Los amigos que se van.
Muy mal. He vivido muy mal la ausencia de mis tres hermanos. Se me han ido en tres años.
¿Recientemente?
Ninguno llegó a los setenta, sólo mi hermana.
¿Eras la mayor?
La más chica. Me han dejado sola. Aún les insulto de vez en cuando, porque, además, estábamos muy unidos. Mis hermanos y yo hemos sido una piña.
¿Cómo se supera eso?
Es muy dura la ausencia de la gente que quieres, a la que estás acostumbrada a ver casi todos los días. Cuesta mucho. Tengo que agradecerle mucho a Rosa León, que siempre se preocupa especialmente de mí. Conoció a mis hermanos, sobre todo a mi hermano Gregorio, un tío divertidísimo, con el que tuvo una amistad extrañamente amorosa. Siempre que nos vemos hablamos de mi hermano porque era un tipo fantástico. Creí que no se moriría nunca. Cultivo a mis amigos, llamo por teléfono, oigo a alguien que no me ha olvidado y me voy recuperando.
¿Y la música es la esperanza?
La música es algo soñador. No podría vivir sin música. La música en el ser humano es muy necesaria para vivir, sean profesionales o no.
La música, ¿cómo ayuda a esa energía que tienes? Gracias a tu energía sigues en la música, pero la música a su vez te alimenta.
Sí, desde pequeñita. Había un piano viejito en casa y todos cantábamos. Fuimos una familia musical, un hermano tocaba la guitarra, no muy bien, pero la tocaba. Y yo hacía imitaciones de gente que escuchaba en la radio. Tenía una voz un poco grave para una niña tan chica, siempre fui muy menudita y ya se veía que iba a tener una voz amable. Otra temporada fui actriz y me llenó mucho la vida, tuve la suerte de hacer un teatro estupendo, no por mí, sino por los autores, por la gente que me dirigió y los compañeros actores. Trabajé con todos los grandes, Rodero, Lemos, Bódalo….
Con Fernando Fernán Gómez. Nota: además de su marido, actor, dramaturgo, novelista, cineasta, académico de la lengua, premiado dos veces en la Berlinale, en Donosti, ganador de siete Goyas y del Príncipe de Asturias.
Con Fernando muy poco, no tuve esa suerte, ya estábamos distanciados. Él no era partidario de trabajar con la familia. Siempre decía:“La familia, en Nicaragua”.
Su encuentro debió de ser explosivo…
Pues la verdad es que no, porque yo era muy calladita. Fernando tenía tal personalidad que me apabullaba. Eran todo monólogos… Pero, era fantástico, inteligentísimo. Conmigo nunca tuvo mal carácter, bueno, conmigo es que nadie tenía mal carácter.
¿El distanciamiento duró siempre?
Sí, duró siempre.
¿Te produce melancolía?
No. Éramos muy auténticos los dos, nos casamos muy jóvenes y quizá nos precipitamos al distanciarnos. Siempre pensé que envejeceríamos juntos, pero no fue así.
¿Qué es envejecer para ti?
No arreglarse.
No tener curiosidad.
No tener curiosidad, no interesarte por las cosas. A mí me interesa todo.
¿Qué te interesa?
Me interesa la gente, lo que ocurre, lo que pasa en nuestro país y en los demás.
Envejecer debe ser dejar de discutir.
La indiferencia. Y que la fatalidad te enferme, que la vejez traiga la enfermedad, van de la mano, desgraciadamente.
¿Cuántos nietos tienes?
Dos, enormes, grandísimos. Tengo una nieta que es filóloga y profesora de español en la Universidad de Filadelfia. Va a cumplir 26 años. Bellísima y estupenda. Mi nieto es una especie de decorador de cine… De bebitos si los he disfrutado y los he saboreado mucho, me he aprovechado de ellos. Les he apapachao.
¿A tu hijo si le ves mucho?
A Fernando sí, además ahora vivimos muy cerca. Ellos vivían fuera de Madrid y ahora viven en el piso que heredó de su padre, lo ha dejado muy especial.
La primera persona en la que pensé para hacer el reportaje fuiste tú. Llena de energía y dispuesta, ¿nunca has pensado en decir: Ya no voy a actuar? ¿Nunca has suspendido por cansancio?
No, nunca. He estado un poquito enferma y tuve que suspender. Pero es que no tengo enfermedades, me doy golpetazos, me caigo.
¿Te da mucha rabia? Porque además tienes mucha autoestima.
Sí, me curo enseguida, me esfuerzo. He salido a cantar con un dolor de pierna tremendo y al cuarto de hora ya no me dolía. Algunas personas que lo sabían me decía: “Es que es psicológico”. ¡Con un bulto terrible en el pie!
¿Eres una persona feliz?
Dentro de lo que cabe, sí.
¿ Tus amores ?
Siete han sido mis grandes amores: mi madre, mis dos hijos, mis tres hermanos y mi tata Matilde.
No se pueden tener falsas amistades. Las falsas amistades son amistades peligrosas. Sobre todo si no tienen alegría.
Los amigos te suelen dar alegría.
Hay un verso de Victoriano Cremer, el poeta leonés que murió hace poco con más de cien años, que decía:“¡Dios qué vida, da rabia beber sin alegría!”.
Sí, es verdad. A mí me gusta tomar una copita de vino tinto, pero con un amigo, con alguien. Yo sola, imposible.
¿Te gusta salir?
Salgo poco, pero he salido bastante. Todavía salgo de vez en cuando a cenar con amigos.
¿Tienes algún sitio para recomendarme?
No sé, no están mal, son sitios sencillos, pero te puedo recomendar “La huerta de Madrid”. El nombre ya tiene mucha gracia, se come muy bien. Tienen una especialidad, la degustación de bacalao con diferentes guisos. Si te gusta el bacalao.
Sí, mucho. Comes de todo, no haces ningún régimen.
No, nada. No soy muy comilona.
¿No eres de médicos tampoco?
No.
O sea, que la energía la tienes como…
Pero tengo que estar muy agradecida a mis médicos. He tenido temporada de médicos, aunque siempre me hago la loca para no ir, pero tengo dos excelentes, sobre todo uno, Enrique Galindo, es un traumatólogo fabuloso. Yo misma me digo: este hombre creo que me pega los huesos con, cómo se llama eso ¿glub?
Super glue.
Y marcho otra temporada.
Otra temporada entrenada para la vida.
Fabuloso sí.
Naciste con…
Con mucha energía.
Y guiñando un ojo ¿no?
Con un ojo guiñado. Creo que el médico dijo: “Esta niña va a ser titiritera”.
Colofón
No le faltó razón. Además de su voz, grave y contundente, y de su gesto, elegante y contenido, perfeccionó su propio sonido, personal e intransferible, el sonido María Dolores Pradera… con su perfecta afinación, su expresiva dicción, su talento interpretativo y sus chales, de diversos colores… y tuvo una habilidad, que pocos intérpretes poseen, la de encontrar el repertorio de canciones más hermoso y que mejor va a su timbre de voz tan particular. La voz de María Dolores Pradera era única, aterciopelada, dulcemente pegajosa. Nadie habría podido cantar“La flor de la canela” con el acento cálido y confidente con que lo hacía esta mujer inigualable. Ella misma sabía que su voz tenía perfiles que no eran corrientes, por eso contó que un día iba en un taxi camino de su casa cuando el taxista se dirigió a ella diciéndole:
―Señora, ¿es usted María Dolores Pradera? Se lo pregunto porque me ha parecido reconocerla por su voz. Y quiero decirle que mis dos hijas son forofas incondicionales de usted. Tienen todos sus discos y no se pierden ninguna actuación suya, pero ¿qué quiere que le diga? A mi su voz me parece un tanto basta.
¡Libertad de expresión! Lo que no impedía que la gran artista contara la anécdota con humildad y con la sencillez que es propia de las personas excepcionales. Es verdad que su voz era grave lo que no le impedía tener un acento de dulzura que engrandeció canciones tan singularmente suyas como “Limeña” o “El rosario de mi madre”, canciones que la hicieron mundialmente famosa.
Ella, que veía a Rocío Jurado (1944 - 2006) y Rocío Dúrcal (1944 - 2006) como sus sucesoras… en el escenario, se desmelenaba, pero nunca se despeinaba y, parafraseando a Lorca, cantaba para que la quisieran. "A mí me da igual que me admiren, que te quieran es mucho más bonito"...
Frases Dedicadas
«Ejemplo de mujer y cantante, patrimonio de la música»(Luz Casal) - «¡Eterna, María Dolores!»(Rozalén) - «Gran amiga, con un sentido del humor maravilloso»(Raphael) - «Grande entre las grandes»(Luis Eduardo Aute) - «Un ejemplo a seguir, grandísima artista y persona»(Pablo Alborán) - «Hace que lo popular sea élite»(Luis Antonio de Villena) - «Una clase y una elegancia únicas» (Manu Tenorio) - «No debe haber nadie a quien le guste tanto como a mí»(Albert Pla) - «Una de las personas más bonitas que he conocido» (Rosana) - «Tenía más rock and roll y más experiencia que la que yo voy a tener jamás» (Enrique Urquijo) - «Que ese bolero que nos cantó siga sonando por siempre»(Alejandro Sanz) - «Inteligente y sabia, con un humor ácido, destructivo y tremendo» (Massiel) - «Una figura a la que todos debemos mucho» (Pasión Vega) - «Pura bondad, ternura, humildad, una delicia escucharla» (Miguel Poveda) - «Gran señora, fino humor, moderna desde el principio, delicada cantante»(Maruja Torres) - «Acercarse a acompañarla, a reírse junto a ella, era una escuela permanente» (Ana Belén) - «Una de las artistas más importantes en la historia reciente de la música en España; talentosa, polifacética e inspiradora como pocas»(ABC) - «La más refinada de nuestras cantantes. Una de las artistas más elegantes, una mezcla entre Grace Kelly y Katharine Hepburn»(El Mundo) - «Nunca ha sido una artista al uso. A fuerza de ser la misma ha logrado resultar siempre distinta»(El País).
Nota Final
El pasado 25 de abril, Felipe Cabrerizo Pérez (San Sebastián, 1973) y Santiago Aguilar Alvear (Madrid, 1959), han publicado el libro“María Dolores Pradera: Déjame que te cuente (La apasionante vida de una artista carismática, valiente y libre)” - Roca Editorial - 352 páginas. La primera Biografía en el Centenario del Mito de la Canción: (fragmento del inicio)“... Vive con su madre en un piso alquilado de la calle General Oraá esquina con Hermanos Bécquer, linde del barrio de Salamanca y paseo de la Castellana; zona acomodada de la capital. La familia ha podido asentarse allí gracias a los negocios del padre, Antonio Fernández Cuervo, figura ausente en la vida cotidiana de sus hijos por haber emigrado a América años atrás… “.
Quiero finalizar mi articulito en Recuerdo y Memoria de María Dolores Pradera, con la canciòn que le dedicó nuestro Carlos Cano (1946 - 2000):
“Con esa delicadeza propia de una golondrina, ahí viene la flor más fina, la rosa más perfumada, del jardín de la ilusión donde la cultiva el alma entre cantos de habanera, cuecas, milongas y sambas, que tiene en el corazón una espinita clavada.
Profunda y negra la voz, dulce de azúcar moreno, pa cantar bonitas coplas a la luz de las estrellas, al compás de una guitarra con el alma guerrillera, los ojos de ella, las manos, el estilo y la manera de cantar siendo española a toda América entera.
Praderita de las flores, María Dolores, María Dolores.
En tus ojos mal de amores y en tu boca una canción.
Cántala María Dolores, cántala María Dolores, una canción llena de flores.
Con tu poncho de colores, cántala María Dolores, llena de luz tu corazón.
Por qué tanto padecer, para qué tanto quebranto si acabaremos en flor, Dios mío si somos nardo. Parte somos del cariño de animalitos del campo, de pajaritos del cielo, nubes,sueños, desencanto. Por qué tanto padecer, para qué tanto quebranto.
Volando se fue el amor con su fuerza misteriosa, por eso dura tan poco, es lo mismo que una rosa, esa flor para el olvido que se muere si la tocas. Por culpa de los suspiros anda con el alma rota. Volando se fue el amor con su cabecita loca”.