El Padul (Granada), “Corpus Christi”, jueves 4 de junio de 2026.
Granada. 1595. El Cerro de Valparaíso se convierte en un importante centro de peregrinación, impulsado por el “descubrimiento” de los restos de San Cecilio, primer obispo de la ciudad, y de otros santos mártires.
Para leer el artículo del historiador e investigador Gabriel Pozo Felguera (Villamanrique, 1959), “San Cecilio, patrón de Granada inventado por los moriscos” (El Independiente de Granada, jueves, 1 de febrero de 2018), pulsar aquí>>>
“En una de las tantas cuevas que horadan la colina, se encontraron a finales del siglo XVI las reliquias de unos santos que habían sido martirizados en una de esas mismas cuevas, junto con unos escritos en árabe sobre placas de plomo, los denominados Libros Plúmbeos. En ellos, además de la leyenda de San Cecilio, San Tesifón y San Hisicio, se recogía un supuesto quinto testamento, el de María la madre de Jesús, que unía en una sola las dos grandes religiones monoteístas de la Península, el Islam y el Cristianismo, a través de todos sus puntos en común. Después de años de estudio, el Vaticano determinó que sólo la parte referida a los Santos era cierta, mientras que la parte de testamento mariano, no era más que un intento de unos nobles moriscos granadinos para evitar su expulsión y la de los suyos” (Cicerone Granada).
Comentario de la IA
Viacrucis Sacromontano: Historia y Devoción del Santo Sepulcro.
“Este texto detalla la historia y el origen devocional del Vía Crucis del Sacromonte en Granada, surgido tras el hallazgo de reliquias y los polémicos Libros Plúmbeos en el siglo XVI. La narrativa describe cómo la Orden Tercera de San Francisco institucionalizó esta ruta sacra en 1633, conectando la ciudad con el monte a través de estaciones de penitencia. Se destaca la Ermita del Santo Sepulcro como el punto culminante del recorrido, un espacio arquitectónico que simboliza el final del camino doloroso y la conexión con el primer obispo, San Cecilio. Además de los aspectos históricos y litúrgicos, la fuente menciona la participación de diversos gremios y la evolución de estas tradiciones hasta las celebraciones actuales de la comunidad gitana. Finalmente, se informa sobre el deterioro actual de la ermita, que ha obligado al traslado de sus tesoros artísticos para asegurar su preservación”.
Un desatado fervor popular puebla el Camino del Monte de cruces pétreas y de madera, ofrendadas por personas particulares (como el primer Abad electo del Sacromonte don Pedro de Ávila, el Canónigo don Francisco Barahona o el Marqués de Estepa, entre otros), instituciones y corporaciones profesionales o gremiales (ganapanes o palanquines de la plaza de Bibarrambla, hortelanos, mercaderes del hierro, etc.), a las que se van sumando oratorios y capillas que finalizan en la Ermita del Santo Sepulcro.
El “Vía Crucis" (“Camino de la Cruz”) es una ruta devocional jalonada de 14 Estaciones, en las que se reflexiona sobre distintos pasajes de la Pasión y Muerte de Jesús de Nazaret.
Nota: En cada una de las Estaciones se obtenían 30 indulgencias plenarias y se sacaban 2 ánimas del purgatorio, si se cumplía con unos ciertos requisitos.
En la Edad Moderna, se instauran y consolidan en Granada 6 vías sacras que se adaptan a la particular topografía de la ciudad, a la que Francisco Bermúdez de Pedraza (1576 - 1655, canónigo de la catedral de Granada, tratadista cortesano, jurista e historiador), en su “Historia Eclesiástica de Granada” (1608), se refiere con las siguientes palabras:“De la forma y planta de Granada dicen los cosmógrafos que es la más parecida a la ciudad de Jerusalén que hay en todo el orbe”.
El “vía crucissacromontano" es instituido por la “Venerable Hermandad de Penitencia de la Orden Tercera de San Francisco”, sita en el convento de San Francisco Casa Grande en 1633, que da inicio a esta práctica devocional.
“Las hermandades de las órdenes terceras eran abundantes en Granada, pues prácticamente se fundaron en la mayor parte de los conventos masculinos de la ciudad. Estas hermandades de orden tercera las tenían los franciscanos observantes del convento de San Francisco de la Alhambra y los de la misma orden de observantes, quizás la más antigua de las de la ciudad, del Convento de San Francisco "Casa Grande". (Antonio Padial Bailón, investigador y divulgador de la Historia de las Hermandades Granadinas, Premio “Domingo Sánchez Mesa” a la trayectoria cofrade).
El “Vía Crucis Sacramontano” tenía lugar todos los viernes del año y los miércoles de Cuaresma: Tras las oraciones en la iglesia de San Pedro, comenzaban la vía sacra en las casas del Chapiz, desde donde se desplazaban por la “calle de la Amargura” a las 14 Estaciones que les conducían a la Ermita del Santo Sepulcro. De allí subían al cerro de Valparaíso, a visitar los hornos y la iglesia de la Abadía del Sacromonte (fundada en 1610). El regreso lo hacían por el mismo camino con nuevas oraciones de los misterios gozosos de la Virgen hasta llegar al punto de partida en las casas del Chapiz.
El cronista granadino Francisco Henríquez de Jorquera (1594 - / ) da cuenta de este recorrido (c. 1640) y describe con precisión algunas de sus cruces más significativas: “Tenga el primer lugar en cuanto cruces el Sacro Monte Ilipulitano y la Sacra Vía de los Terceros de la gran casa de nuestro seráfico San Francisco, que comienzan desde las principales casas del Chapiz y acaba en el monte Calvario y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, que están fundados al principio y subida de la cuesta del dicho Sacro Monte Ilipulitano, obra de grande admiración e igual costa hecha por la devoción y limosna de los hermanos terceros que frecuentaban esta vía sacra todos los viernes del año por la noche. Son muchas cruces de piedra repartidas a corta distancia donde se meditan los pasos de la pasión”.
El capellán real, sacerdote, escritor y humanista del Siglo de Oro, Lorenzo Van der Hamen (1589 - 1664), en su obra “Vía Sacra, su origen, forma y disposición de lo que se debe meditar en ella…” (Granada: Francisco Sánchez, 1656), nos proporciona todos los detalles de la esencia del ejercicio del vía crucis y de su ceremonial: Los hermanos cofrades y la gente que se sumaba al vía crucis comenzaban el recorrido previo desde su sede en el convento de San Francisco Casa Grande (lugar en el que guardarían los enseres que portaban en la procesión) para dirigirse a la iglesia de San Pedro y San Pablo, donde tras un acto de arrepentimiento y el rezo de la primeras oraciones continuaban el itinerario por las tres estaciones previas que realizaban antes de llegar a las casas del Chapiz, donde había “una imagen de Nuestra Señora”, y donde daba comienzo la vía dolorosa: “Sale la Orden Tercera de mi seráfico padre con gran aprovechamiento suyo y de otros muchos que la acompañan a la hora de la oración de la iglesia parroquial de San Pedro y San Pablo, en procesión, con cruz alta y un crucifijo en ella y dos faroles que les alumbran, sin otros tres grandes que sirven de luz al camino. Así se da principio a esta santa devoción”.
Terminado el recorrido en la ermita del Santo Sepulcro, ya en el Sacromonte, subían hasta la Colegiata, donde continuaban con distintos rezos durante la visita a los hornos en los que habían recibido martirio San Cecilio y sus compañeros y a la iglesia de la Abadía. En la Iglesia, uno de los canónigos de la Abadía daba una plática a los cofrades. Durante el regreso a la ciudad, “se viene diciendo la corona de Nuestra Señora para que así como a la ida se hizo conmemoración de la sagrada pasión de Christo, señor nuestro, a la venida se haga de los gozos de su purísima madre”. A lo largo del camino se iban recitando otras oraciones marianas correspondientes a los siete misterios gozosos y se obtenían nuevas indulgencias. Llegados a las casas del Chapiz, postrados ante la imagen de la Virgen, decían una última oración con la que concluía el vía crucis. Finalmente, volvían a pasar por la iglesia de San Pedro: “donde con la bendición del cura o de otro sacerdote se van a sus casas, casi a la media noche y esto es todo el año, aunque llueva”.
De este antiguo Vía Crucis sólo se conservan algunos vestigios. Se mantiene el pequeño altarcillo con el rostro del “Ecce Homo” que hay en la curva de puente Quebrada, en el que permanentemente lucen mariposas de aceite y una pequeña cruz, que era la penúltima de las Estaciones.
El Vía Crucis de los Gitanos: Organizado por la Cofradía del Santísimo Cristo del Consuelo, se celebra tradicionalmente los Miércoles de Cuaresma. Parte desde la Abadía, recorriendo puntos emblemáticos como el Carril de los Coches, Puente Mariano, Camino del Sacromonte, Santo Sepulcro y Siete Cuestas… en un ambiente único iluminado por hogueras.
La Ermita del Santo Sepulcro (1636) atribuida al escultor Alonso de Mena (Granada, 1587 - 1646), es construida como final del Vía Crucis surgido al hilo del fervor popular que despierta la aparición de los restos martiriales de San Cecilio, primer obispo de España y patrón de Granada, y sus discípulos.
Ermita del Santo Sepulcro
A la Ermita se accede mediante una rampa escalonada. La portada tiene un arco de medio punto con pilastras y un frontón curvo partido que alberga el escudo heráldico de los monjes franciscanos terciarios. La planta es de cruz latina con tres naves y tiene una bóveda semiesférica en el crucero.
Este lugar representa el final del recorrido de la procesión del Vía Crucis que se celebra en la ciudad de Granada durante los siglos XVII y XVIII, cuyo recorrido parte desde Plaza Nueva.
Una cartela, datada en 1673, da testimonio de que a lo largo de esos siglos, el sacristán que cuidaba la ermita, ofrecía «agua milagrosa de la samaritana». Los vecinos de Granada, peregrinaban hasta aquí para beber el agua de su pozo.
Pozo, escalinata, cruz y ermita del Santo Sepulcro
La cruz barroca, con un crucificado de tres clavos, coronado de espinas, con semblante sereno, tiene rebajes en sus aristas, cartela INRI y bolas lisas de coronamiento en sus extremos, está erigida sobre una imponente peana de piedra caliza en forma de fuente gallonada rematada por molduras enrolladas.
Colofón
Por el mal estado de la cubierta y tejado de la Ermita del Santo Sepulcro, ésta se encuentra actualmente cerrada. Las pinturas e imágenes que cubrían sus paredes y altares, han sido trasladadas y depositadas en el almacén de la Abadía del Sacromonte.