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Hace cuatro años (2022) mi amigo y compañero de trabajo, Pepe Landa Gordillo, con motivo de la celebración del 40 Aniversario de la creación de la “Asociación de Jubilados de los Empleados de la Caja General de Ahorros y Monte de Piedad de Granada” (1982, hoy “AJUVECA”), me pidió que escribiera sobre la Historia de la Asociación. A dicha petición, dí mi consentimiento inmediatamente. Y, Pepe, para poder documentarme y recopilar información, puso a mi disposición, además de los Libros de Actas de la Asociación, su colección personal de revistas editadas por la “Asociación Sagrada Familia” (“Veleta” y “Nueva Veleta”). Me llevó bastantes días leer y tomar notas de toda la documentación facilitada… y después escribir mis 40 Notas (una por cada año transcurrido) sobre la Historia de la Asociación. Nota: Para acceder al documento que escribí sobre la Historia de “AJUVECA”, pulsar aquí>>> Revisando el nº 6 (Julio 1992), de la Revista “Nueva Veleta” encontré (sin nombre acreditativo… por lo que lo atribuyo al equipo editorial de la Revista), ésta “Breve crónica a pie de escalerilla de uno que no viajó en el Concorde”, que me gustó y cuyo texto dice así: “Cuando no me ví en las listas de agraciados, no me desanimé, nunca he destacado por mi suerte en las cosas del azar y no iba a ser ahora la excepción, debo reconocer que por si acaso, había encargado a un familiar que me trajera un escapulario discreto, que durante siete días, desde que anunciaron que se iba a sortear, hasta que se supo el resultado del sorteo, llevé pegado al pecho. Nuestra Caja, en un alarde supersónico, había traído a Granada al avión comercial más rápido, que volaba más alto y que tenía el aire más “collejo” del mundo. Un grupo de privilegiados, con azar o sin él, han podido subir al avión, elevarse del suelo, ir a las Azores (famosas islas propietarias de un anticiclón), tomar una merendilla y champagne, mucho champagne, que no cava, han bebido más de lo que pensaban, pero menos de lo que querían y volver, bajar y contárnoslo, por supuesto exagerando. Yo, que ya desde hacía siete días, sabía que no iba a volar, sí quería verlo, sabía lo que tenía que hacer, salir a las tres, puntual ante todo, bocadillo en el Bocanegra, darle caña al Ibiza, llegar al aeropuerto a eso de las cuatro y empujar, pedir prestados unos “lentes”, y esperar a que despegara con los privilegiados. Un centenario es una cosa muy especial. No todos los días se cumplen años, y cien son muchos, así me lo dijo, mientras esperaba que el gran pájaro blanco volviera, una señora que, cargada con dos nietos, un marido y cuatro bocadillos de tortilla (francesa por supuesto), estaba haciendo hora, como yo. Mientras el marido se llevó a uno de los nietos con mucha urgencia a los servicios, la buena señora inició la conversación, hablándome de aeronáutica, de las excelencias del avión, confundiendo las Azores con Córcega, la barrera del sonido con la velocidad de la luz. Al principio, con la mejor de mis sonrisas, intenté explicarle que el avión iba en otro sentido, que si el ruido, que si el sonido, que si la velocidad, pero me dí cuenta que la señora, con la emoción, ni me entendía ni le importaban mucho mis aclaraciones, La conversación, como todas las conversaciones del mundo actual, se desvió hacia el tema del dinero, del coste de traer el avión a Granada, de lo cara que está la vida, de lo caros que están los préstamos, de que son muchos los beneficios que gana la Caja, de los buenos sueldos que debemos de tener, de las innumerables pagas extraordinarias que recibimos y de lo contentos que debemos estar por pertenecer a una Empresa que les monta Cruces, les pone Caseta del Corpus, y que cada cien años invita a sus empleados a volar y beber champagne como cosacos. La buena señora tenía un desconocimiento de nuestra Caja más grande que el que tenía de geografía, pero tampoco le importaba. Yo, ya sin sonrisa, oteaba el horizonte, buscando a su marido y a su nieto enurético que serían mis salvadores, pero el abuelo y el nieto estaban lejos, junto a las cristaleras. Buen dilema se me presentó. Por un lado estaban unos valores leales que me inculcaron hace muchos años, que me impedían decirle a la señora cuatro verdades acerca de las cuatro mentiras que ella conocía como ciertas, y por otro lado, no veía yo bien que la señora se fuera a su casa y otro día en el lugar más inoportuno, certificara, que un empleado de la Caja había dado por buenas, sin rechistar, sus afirmaciones, lo que le daría cierta licencia para ampliar el número de pagas y obsequios que recibimos. Me salvó el avión, apareció en el cielo en el mismo momento en que yo empezaba a decirle que no era oro todo lo que relucía, que los empleados con motivo del Centenario, sólo habíamos recibido dos insignias, un facsímil de los Estatutos y cartas, muchas cartas de agradecimiento, que nos habíamos quedado esperando una paga para el Centenario, que también “voló”, no a la altura del Concorde pero poco le había faltado, que nuestro Presidente, Director y Órganos Gestores, en todos los discursos, en todas las reuniones y en todos los medios de difusión, repetían sin cesar la cantinela del agradecimiento y que sin nosotros no hubiera sido posible, pero que recibir lo que es recibir, nada, y que además sólo diez empleados de la plantilla, mediante sorteo había podido volar y tomar champagne. El ruido ensordecedor acabó nuestra conversación. La mujer permanecía con una sombra de duda sobre mis palabras. No daba crédito; prefería no creérselo; recogió a sus nietos y se despidió con una sonrisa como diciendo “me querías engañar, pillín, yo sé la verdad”, y entre la gente desaparecieron. El Concorde es impresionante. No lleva a Alain Delón de piloto, como yo lo ví en una película. La iniciativa de la Caja ha sido estupenda. En esta semana, en la próxima posiblemente recibiremos una foto del avión, con el logotipo de la Caja bien visible, donde un alto cargo de nuestra Empresa, proclame a los cuatro vientos los logros que han/hemos obtenido. Estoy pensando volver a ponerme el escapulario”. NOTA: Ésta, es la segunda parte de mi Trilogía sobre esa maravilla de la aeronáutica que fue el "CORCORDE"... Para leer / ver la primera parte: NOTAS SOBRE EL "SUEÑO SUPERSÓNICO" pulsar aquí>>>
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AutorAntonio Gómez Romera, ése soy yo. Entradas
Agosto 2026
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